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Este curso prolonga el trabajo iniciado durante el curso anterior, abordando en este caso algunos textos de otro de sus libros principales: "El crepúsculo de los ídolos", que lleva como subtítulo "Cómo se filosofa con el martillo".
Se trata en ambos casos de libros escritos en el último año de vida útil del filósofo, 1888, año en el que también escribe "El anticristo" y "Nietzsche contra Wagner". Este estallido de productividad, y la prosa nerviosa, exultante, divertida, que lo caracteriza, es el momento culmine de la conciencia de Nietzsche. Los 11 años de vida que le restan (Nietzsche murió en el año 1900) los pasará en un extraño estado de mutismo, enfermo, siendo apenas la sombra de un hombre.
"El crepúsculo de los ídolos" (a veces traducido como "El ocaso de los dioses") es un conjunto de ensayos breves alternados con series de aforismos o parágrafos sobre diversos temas. Este libro es tal vez el más indicado para quien desee introducirse en el complejo y poderoso pensamiento de Nietzsche.
El trabajo de acercamiento a un conjunto de ideas tan extrañas y cuestionadoras no puede hacerse de manera extremadamente sistemática o académica. La filosofía de Nietzsche pide ser vivida, experimentada: el lector debe establecer un diálogo con el autor que lo llevará por caminos personales. El trabajo de esa intimidad problematizada por la influencia de estas ideas nuevas y perturbadoras es el camino inevitable de la elaboración que requiere la filosofía nietzscheana.
Algunas ideas tomadas de "El crepúsculo de los ídolos":
"Nosotros los hombres modernos, muy delicados, muy vulnerables, que damos y recibimos cien consideraciones, nos imaginamos de hecho que esa delicada humanidad que nosotros representamos, que esa unanimidad alcanzada en la indulgencia, en la disposición a ayudar, en la confianza mutua, es un progreso positivo, y que con ello estamos muy por encima de los hombres del Renacimiento. Lo cierto es que nosotros no nos colocaríamos de hecho, y ni siquiera con el pensamiento, en situaciones renacentistas; nuestros nervios, para no hablar de nuestros músculos, no soportarían esa realidad".
"Una moral altruista, una moral en la que el egoísmo se atrofia, no deja de ser, en cualquier circunstancia, un mal indicio. Faltan las cosas mejores cuando comienza a faltar el egoísmo".
"El egoísmo vale lo que valga fisiológicamente quien lo tiene: puede ser muy valioso, puede carecer de valor y ser despreciable".
"Solo el cristianismo, que se basa en el resentimiento contra la vida, ha hecho de la sexualidad algo impuro: ha arrojado basura sobre el comienzo, sobre el presupuesto de nuestra vida…".
"El hombre libre es un guerrero".
"¿Para qué un más allá, si no fuera un medio para ensuciar el más acá?…"
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