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Exposición como participante de una mesa redonda sobre el tema de la identidad.
Hay un párrafo que quiero tomar como punto de partida de mi exposición, la que no va a ser otra cosa que una serie de ideas a medio cocinar que propongo para el diálogo. El párrafo se lo mandé a uno de los organizadores de este evento, cuando trabajábamos en el armado de esta mesa. Es el siguiente:
Cómo veo el tema de la identidad: como un tema generalmente planteado al revés. La identidad no es otra cosa que la autenticidad del deseo. No el plan de acomodarse a una imagen que sería supuestamente propia sino la experiencia de avanzar con el querer sobre el mundo. El crecimiento está implícito: sólo hay identidad si hay crecimiento. El crecimiento es desplegar al ser propio basándose en el querer y en la ambición de ese querer.
Intentando desenrollar estas ideas, me aparecen, en una letanía repetitiva pero que aclara con cada círculo que recorre, con cada nueva vuelta que da (pido tolerancia y ayuda, y además voy a leer para que no se me escape el asunto), este tipo de formulaciones:
Como la identidad es un problema en ausencia, hay que hacer lo que se hace en análisis: eludir la confrontación directa. Se soluciona cuando uno se olvida del problema, y ese olvido es también el método que permite dar una respuesta.
Hay una frase de Deleuze: Estilo es esa forma que uno tiene de no tener estilo. Me parece oportuna: Mi identidad es esa forma mía de no tener identidad. Es una paradoja, pero es el camino, o el sistema para que algo así como una identidad pueda surgir.
Identidad no es relación con una verdad que me trasciende, ni es una simulación utilitaria, es un resultado de los actos. En el mejor de los casos esos actos son el resultado de un camino de expresión de deseo avanzando sobre el mundo.
La identidad se logra a través de la ambición. Ahí está el deseo, no es tampoco una forma “buena”, es un querer que tiende hacia algo a través del atrevimiento.
El amor es favorecedor de la identidad porque el amor, como dice Osho, es conexión y uno se realiza en los intercambios. La identidad se fortalece al derramarse uno en el mundo, no tiene que ver con preservarse del contagio de culturas y estilos sino con una actitud de alimentarse libremente de todas las cosas, porque la unidad viene dada por el sustento integrador de una personalidad que fluye.
No estamos buscando una forma estática, podemos decir también, sino una instancia dinámica, en movimiento. No hay identidad quieta, a no ser que sea una simulación. La identidad no se mantiene con esfuerzo, se da con la soltura de movimientos.
Quien se plantea el problema de la identidad en un estado de angustia, buscando para donde agarrar, es porque no encontró aun el piolín que podría guiarlo. Para encontrarlo, esa ambición o ese deseo, es necesario dejar de pensar en sí.
Otro nivel de la misma paradoja. Uno se realiza como persona no cuando aclara una imagen de sí mismo, sino cuando disuelve la autoconciencia en movimientos de avance y querer.
El amor propio: sí existe no es en la autoconsideración de sí mismo como un ser querido sino porque al quererse uno legitima su nervio central, su eje y motor, el querer.
A la pregunta ¿quién soy? Se responde quiero eso. El que quiere eso. Y avanzo, no me quedo tallando mi forma. La forma aparece cuando me muevo.
A la pregunta ¿cuál es mi identidad? Se responde la que resulta de ir hacia allá, la que se enhebra en mi al trazar el movimiento de mi deseo en mis circunstancias, en la realidad de la que surjo, la realidad que soy plenamente cuando crezco.
A la pregunta, ¿cuál es mi identidad? Sólo se responde a posteriori, esto fui, porque lo que soy y voy a ser está en veremos, es objeto de disputa, no está escrito, se escribe en la osadía de mi avance.
¿Cómo se promociona la identidad, como se la favorece? Con estos valores: autenticidad, acción, osadía, querer, deseo, movimiento, diferencia, crecimiento, despliegue, amor, afirmación.
Y desactivando una serie de valores que paradógicamente suelen creerse importantes para su búsqueda: imagen, autoconciencia, historia, tradición, sociedad, raíces, origen.
La identidad no se encuentra pensando de dónde vengo sino adónde voy. No se encuentra tratando de hacer el esfuerzo de acercarse a un pasado que no siento mío pero sí pienso mío, fingiendo un valor para unas raíces que no me sigfinican nada.
La identidad es más un acto de rebeldía y creación que uno de inhibida contención responsable. Si hay responsabilidad es con la autenticidad de mi deseo y no con una imagen dada por otros, por más meritorios que hayan sido esos otros y por más muertos que estén.
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