REPORTAJE EN INFOBAE SOBRE LA FILOSOFÍA EN LAS EMPRESAS

 

 

 

1. ¿De qué manera se articula el pensamiento filosófico con la actividad ejecutiva?

De ninguna manera específica. El pensamiento filosófico es un pensamiento especialmente poderoso y libre, cuyo servicio no es directo y claro sino ocasional y variable. A los individuos y a las empresas puede servirles abrir su campo de comprensión, pero depende de los casos que esto sea aprovechable con fines de utilidad comercial.

2. ¿Cuáles son los contenidos que se ofrecen en las charlas? ¿Difieren de empresa en empresa?

Difieren. Desde análisis de la situación política y moral del país hasta trabajo de textos de autores que propongo por considerarlos interesantes. Suelo hacer propuestas a medida de lo que la empresa necesite en ese momento, trabajo en conjunto con quienes me llaman para ofrecer algo que les resulte útil. Creo que el pensamiento es un bien que debe estar sometido a las mismas exigencias que los demás bienes: debe resultar claramente útil, aportar algo. Es responsabilidad del pensador ofrecer ideas que sean relevantes para su audiencia, el truco de decir que la gente no entiende porque es idiota es un truco intelectual miserable. Una charla es siempre un diálogo, y hay que lograr la comunicación. El conferenciante está a cargo y debe saber dar con su audiencia, ese es su arte.

3. ¿Cuáles son los temas con que más se engancha ese tipo de público?

Doy charlas que exponen la visión que tengo de las cosas. En general tienen que ver con ayudar a comprender el mundo actual y a pasar en limpio lo que suele describirse en la cháchara crítica como una situación de encierro. Expongo una mirada vital y atenta a las posibilidades siempre presentes en la riqueza de las realidad. Valoro la ambición, las ganas de hacer y de crecer, trato de construir una moral para gente que quiere vivir y de desarrollar argumentaciones que hagan posible esta vía. No me dirijo a la empresa ni planteo temas clásicos de la filosofía, que no me parecen especialmente vigentes ni interesantes. Filosófico no es el pensamiento que repite los sistemas sino el que se atreve con los problemas más básicos del sentido.

Se enganchan en el trabajo de aplicar pensamiento a las situaciones que viven y frente a las que desean actuar de la mejor manera posible. Son empresarios, pero son personas que tienen tantos temas pendientes como cualquiera. Esos temas pueden tratarse de manera de que dejen libre el camino.

4. ¿Se dan casos de personas que después de las charlas se anoten en cursos individuales?

Sí, se dan. Doy cursos que organizo con una asistente en los que convive mi público de la Rock and Pop con mis lectores de La Nación o de los libros, gente de 16 a 72 años, en convivencia reflexiva abierta y divertida. Cuando se habla con claridad y se plantean ideas interesantes la mayor parte de la gente se engancha. Lo que hace que mucha gente no se acerque al trabajo del pensamiento incentivado es que no hay mucha oferta de trabajos intelectuales actualizados y de calidad.

5. ¿Desde cuándo tenés registro de que se den este tipo de conferencias en empresas privadas? ¿Cómo evolucionó esta actividad en los últimos tiempos?

No tengo la menor idea porque no soy consciente de la actividad en general, yo hago mi trabajo.

6. Por último, preciso un precio estimativo de las charlas.

El precio es tan variable que no tiene sentido decirlo aquí. Cobro según el tiempo que me tome la preparación y según la cantidad de gente. Cuando viajo al interior el precio lógicamente sube.

 

 

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