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1. De presentarte como filósofo y escritor, pasaste a
presentarte como
"comprendedor". ¿Qué diferencia a un "comprendedor"
de un intelectual?
No es una categoría para tomar tan en serio y clasificarla
de esa forma. Me dije comprensor (no comprendedor) porque sentí
que mi oficio era comprender, que el objetivo del pensamiento es
tratar de ordenar la experiencia de la vida en formas asimilables
y que permitan sobre todo el paso superior de la acción.
De todas maneras si hay que aludir a la categoría de intelectual
puedo decir que me siento un intelectual y que me gusta serlo. Creo
que ser un intelectual puede ser algo muy vital y que desde ese
rol se pueden aportar cosas valiosas al pensamiento de la comunidad,
que la figura del intelectual no está definida de una vez
y para siempre sino que es posible dar nuevas versiones.
2.
Decís en tu libro que para un filósofo no es fácil
conseguir "público" (eran otros tiempos, aquellos
en los que Aristóteles caminaba rodeado de discípulos).
Por eso necesita creárselo. ¿Cuál ha sido tu
estrategia? (más allá de los medios que elegiste para
comunicarte)
No tenemos que idealizar imaginariamente el mundo de la filosofía
griega. La sociedad griega era infinitamente más pobre y
menos refinada e inteligente que la nuestra. Para un intelectual
hoy en día, con la cantidad y la calidad de la producción
cultural que hay, es un desafío, como para cualquier otro
trabajador, conseguir destinatarios interesados en su producción.
Mi estrategia surge de la concepción espontánea que
tengo del rol del pensamiento: debe estar al servicio de las experiencias
de vida. A partir de allí busqué trabajar en los medios
y desde ellos hacer circular ideas que resultaran interesantes a
personas que no pertenecen necesariamente al ámbito de la
cultura pero que tienen un pensamiento ávido. Encuentro interlocutores
interesantes en todas partes, y me dirijo a ellos.
3. A nivel supervivencia, ¿se puede vivir en Argentina
de la "producción de ideas"?
Creo que sí, si uno acepta el desafío de ser útil,
de producir algo valioso, algo que sin traicionar lo que uno considera
de calidad logre al mismo tiempo conectarse con la necesidad de
otras personas dispuestas a pagar por ello. No es fácil,
pero la vida no es fácil en ninguna parte del mundo ni en
ninguna época de la historia. Trabajo con empresas, con Secretarías
de Cultura, doy clases que organizo con ayuda de una asistente,
trabajo en los medios, publico libros. Estoy todo el tiempo tratando
de buscarle la vuelta al hecho de tener que vivir de mi trabajo
de pensador.
4. Recorrés 41 ideas que están encarnadas
en la opinión pública como verdades; y argumentás
para probar su falsedad. Más allá de las lecturas
citadas o intertextualizadas ¿el punto de partida es tu experiencia
personal?
Por supuesto, lo que expreso surge del debate interno por el cual
yo mismo pienso qué ideas son verdaderas y cuáles
no, qué ideas sirven para vivir o cuales representan el peso
de un pasado y de un fracaso en el que creo que debemos dejar de
militar. Nuestro pensamiento es el sistema personal por el cual
uno adhiere a una forma de vida. Pensar de cierta forma lleva a
la infelicidad, o es expresión de una búsqueda de
infelicidad, pensar de cierta otra en cambio lleva o expresa una
vida más plena.
5. ¿Puede decirse que en el trasfondo está
la intención de "ayudar" al lector?
Sí, puede decirse. El primer lector al que quiero ayudar
es a mí mismo, y creo que por eso el texto conecta con otros
lectores potenciales. La ayuda que pretendo es la de construir un
pensamiento que sea capaz de afirmar y querer la vida, que no esté
lamentándose de las exigencias de la vida real sino que sea
capaz de inventar en ella y dentro de lo posible lo que uno quiere
inventar.
6. En esas 41 ideas falsas hay algo parecido a un eje vertebral:
todos son supuestos que nos han condenado de una manera u otra a
la inmovilidad, a la pasividad, a la debilidad... ¿a ser
corderitos? (como decía Nietzsche, si no recuerdo mal...
¡Quedaron tan lejos aquellas lecturas universitarias!)
Es cierto que hay un acuerdo social, en nuestro país, que
valora más la quietud y la queja que el atrevimiento y las
ganas de vivir. Es cierto que la moral social, y sobre todo la que
aparece como progresista, es profundamente resentida y conservadora.
También es cierto que existen sectores sociales y sobre todo
individuos, que están intentando vivir de acuerdo a su deseo.
El eje vertebral tiene que ver con esa valoración del deseo
por sobre la mediocridad de creer en el fracaso como experiencia
inevitable para la vida argentina.
7. Si nuestro sentido común está tan "programado",
¿qué tiene de común?
Que sea común quiere decir que es compartido. Yo no digo
que esté “programado”, no uso ese término
en mi pensamiento ni creo que sea correcto denunciar una presión
del sistema que lo hace a uno ser de una determinada manera. Según
mi visión cada uno es responsable de sus visiones y de sus
opciones vitales: somos libres y nos escudamos en la denuncia a
las “determinaciones”. Considero que esa es una forma
de optar por el refugio del fracaso.
El sentido común es la manera habitual de ver las cosas,
ese acuerdo social en el que logramos una visión de conjunto
que da una versión de la vida en la que todos podemos estar
de acuerdo. Es una visión muy abarcativa y por ello también
muy limitada. Creo que avanzar en el pensamiento y en la comprensión
del mundo supone necesariamente superar las posiciones poco sutiles
y poco vigorosas del sentido común.
8. Si la clave está en reformular nuestra manera
de concebir o percibir el mundo... ¿Deberíamos recurrir
todos a un psicólogo... o con los filósofos alcanza?
(nótese el tono de chanza, claro).
El trabajo de los filósofos es un trabajo consciente. Tiene
utilidad, si está bien hecho, en un cierto nivel. Para la
tarea de reformular la estructura subjetiva, cosa que se hace necesaria
en depresiones definidas o en otro tipo de problemas personales,
creo que es mucho más útil el psicoanálisis
o el trabajo planteado por otras escuelas psicológicas que
la reflexión de la filosofía.
9. ¿Conocés el norte del país? ¿Algunos
de sus artistas o escritores?
Estuve cuando tenía 15 años en Jujuy, hice el viaje
hasta la Quiaca con dos amigos en carpa y quedé trastornado
por la fuerza y la nostalgia de ese paisaje. Desde entonces quedó
en mí como una presencia sobrenatural y me gustaría
volver alguna vez. El papá de mi mujer y su señora
suelen ir a Salta y siempre vuelven encantados queriendo llevarnos.
Lamentablemente no conozco a sus artistas o escritores.
10. Por acá existe una idea muy enquistada (sobre
todo entre la gente de la cultura y el arte); ¿te animás
a analizar para nosotros, brevemente, si es o no falsa? Es ésta:
"Para triunfar, primero hay que conquistar Buenos Aires".
Depende de cómo concibamos el éxito. Si uno es ambicioso
y quiere conquistar un gran público, lo cual es por supuesto
legítimo y muy interesante, creo que es lógico que
quiera conquistar la gran capital cultural de la argentina y probablemente
de Latinoamérica. No me parece mal, aunque hay que saber
que es difícil hacerlo. Hay que terminar de aceptar que los
grandes logros son siempre difíciles y no estar reprochando
a la vida el que lo sean. Pero si uno es un artista (y entiendo
que el filósofo es un artista de las ideas) bien puede dedicarse
a desarrollar su obra en el medio en el que vive y poner su atención
y su esmero (su amor) en tratar de lograr la mayor calidad posible.
Para el que hace este trabajo se abren necesariamente muchas puertas.
No creo en el mito de la obra maestra no publicada, un texto de
mucha calidad se impone.
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