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Por Alejandro Seselovsky
¿Es concebible una categoría como la identidad nacional?
Hablar de la identidad nacional resulta demasiado metafísico. Sería
suponer que existe una categoría en la que todos podriamos reconocernos,
y no estoy seguro de que eso sea posible. Pero no quiere decir que
no podamos hablar sobre nosotros mismos.
¿Para decir qué?
Para decir que esta crisis es una producción nacional.
¿Qué significa eso exactamente?
Los países producen distintas cosas. Los argentinos producimos
soja, producimos carne, producimos crisis. Es decir, la crisis que
tenemos es algo para lo cual estuvimos trabajando intencionalmente,
lo que no quiere decir que la hayamos buscado consecientemente.
Como si no fuéramos las víctimas de este momento sino sus arquitectos...
Es que a la crisis la buscamos, y de alguna extraña manera, nos
satisface.
¿Cómo puede suceder eso?
Porque hemos vivido endiosando el fracaso. Filosóficamente, yo
te diría que la vida nos condena a la intensidad:, si estás vivo
vas a tener intensidad. Hay distintas maneras de canalizarla esa
intensidad, y los argentinos lo hacemos negativamente, nos gusta
lograr un gran fracaso. Una persona meritoria, para nosotros, es
la que ha fracasado, la que ha caído. De ése todos nos podemos compadecer
y sentir que es un ser valioso. En cambio, el tipo feliz nos resulta
una figura un poco más difícil de tragar. Del mismo modo somos en
todo. Los amores que no se han logrado nos parecen los amores más
importantes, en cambio los que terminaron en convivencia o casamiento
parecen ser menores. "¡Ah, si aquella mina me hubiera dado bola!
¡Eso sí hubiera sido la felicidad!" Sarcasmos aparte, así es nuestro
espíritu nacional.
¿De dónde viene ese estigma?
Rastrear los orígenes de las cosas siempre nos encierra en una
interpretación del pasado. No creo que la pregunta fundamental sea
la que busca el origen de esto, porque es otra manera deno salir
del sistema que estoy describiendo. Lo que hay que hacer es ver
qué país queremos tener y cómo vamos a hacer para lograrlo. Así
de sencillo. Ponernos a pensar cómo llegamos a esta situación miserable
nos lleva a relamernos en los detalles y hay que cortar con eso.
Es cierto que el fracaso es siempre más fascinante que el éxito,
pero eso es sólo desde el punto de vista literario, o de la creación
artística. La vida es otra cosa.
Es cierto, la literatura argentina frecuentemente ha intentado
producir un efecto de miseria, la mayor miseria posible. Hace poco
pensaba un poco en chiste en cual sería una narración lograda para
el criterio de ese efecto: sería la historia de un chico pobre que
perdió a la mamá y el papá lo llevó a una estación de tren para
que junte los papeles metálicos de las cajas de cigarrillos tiradas.
El papá es alcohólico y le pega. Y una noche, cuando el chico va
a levantar un papel que está entre las vías, lo pisa un tren. Ese
es un cuento perfecto para la sensibilidad argentina.
Permitame insistir, eso es literatura, apenas literatura...
No es sólo literatura, la literatura nunca es sólo literatura,
estamos hablando de sensibilidades. Los argentinos encontramos placer
en la producción de miseria imaginaria, y eso se expresa tanto en
la producción de arte como en la de vida concreta. No creo que sean
producciones desconectadas, para nada.
¿Qué ganamos sufriendo?
Verificar que la vida no vale nada, instalarnos en un lugar de
temor y depresión desde donde producimos realidad. Esto se expresa
también en la falta de criterio responsable: nunca identificamos
los resultados que conseguimos como sociedad como consecuencua de
nuestros propios actos. Los políticos son una raza de miserables
que vienen de otro planeta, y el mundo externo está conformado por
un montón de países que quieren someternos... es demasiada inmadurez.
Entonces deberíamos madurar
Sí, deberíamos darnos cuenta de que las cosas no se producen por
mero reclamo, que la insatisfacción no es prueba de superioridad,
que la indignación es un gesto narcisista inútil que colabora con
lo que cree denunciar y que lo más necesario es desear cosas y ponerse
en juego para lograrlas. Somos nuestro propio enemigo. Todo lo que
nos pasa es producción directa de nosotros mismos.
¿Y qué deberíamos hacer para dejar de serlo?
Una carta de triunfo es poner más verdad sobre la mesa. Los políticos,
los no políticos, todos, deberíamos construir sentido desde la verdad.
Claro que siempre la verdad es lo más difícil de ver. Quiere decir,
por ejemplo, darse cuenta de que un día nos vamos a morir y que
no hay reencarnación ni hay vida en el más allá. Pero si sos capaz
de aceptar lo verdadero, vas a construir una sociedad más sólida.
En términos sociales yo diría que la verdad es la ley
La ley representa la verdad, la verdad de que hay un límite para
el deseo. Tu mamá no es para vos, es para tu papá o para el que
ella elija como su hombre: eso es la ley, el límite. Y sólo si reconocemos
ese límite vamos a poder vivir mejor, sólo si aceptamos que un día
nos vamos a morir vamos a disfrutar mejor de los momentos de la
vida.
¿Los argentinos nos autoboicoteamos?
Yo diría que tenemos el hábito de la queja, de la crítica, del
escepticismo y del resentimiento. Todos estos son componentes que
van trabajando para que las iniciativas no tengan éxito y aborten,
dándonos o no cuenta, todo lo que hacemos para estar mejor.
La propia culpa...
Yo no hablaría de culpa sino de responsabilidad. Culpa es rastrear
lo que pasó, responsabilidad es decidir, como dije antes, qué país
vamos a construir y de qué manera vamos a hacerlo. Hoy lo que necesitamos
es responsabilidad. ¿Por qué habría que ponerle un límite al "nosotros"?
Porque "nosotros" así expresado, no señala un fenómeno real, no
hay un nosotros sustancial, no hacemos comunidad, no tenemos un
fuerte sentido de nacionalidad, y no queremos, como otros países,
nuestras cosas. Cada vez que alguien habla de patria suena reaccionario
o conservador. ¿Por qué no podemos hablar de la Patria o la Nación
sin parecer militares?
Bueno, también hay una izquierda nacionalista
Sí, es cierto. Pero creo que sería interesante decir que esta división
entre izquierda y derecha ya venció, como vence la leche después
de unos días. Han dejado de ser polos significativos para pensar
o hacer el país.
¿Quiénes hemos sido hasta hoy?, ¿quiénes podemos ser a partir de
ahora?
Hemos sido y aún somos un pueblo que ha endiosado la depresión.
De hecho, no es que la Argentina está deprimida por la crisis, sino
que esta crisis es el producto de tantos años de depresión. Hemos
sido y aún somos gente que cree en la inevitabilidad de lo peor,
y en que eso es valioso y meritorio. Con respecto a lo que seremos,
dependerá de qué tan capaces seamos de trabajar sobre nosotros mismos.
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