2002. Revista Gente. "Hemos vivido endiosando el fracaso"

 

 


Por Alejandro Seselovsky

¿Es concebible una categoría como la identidad nacional?

Hablar de la identidad nacional resulta demasiado metafísico. Sería suponer que existe una categoría en la que todos podriamos reconocernos, y no estoy seguro de que eso sea posible. Pero no quiere decir que no podamos hablar sobre nosotros mismos.

¿Para decir qué?

Para decir que esta crisis es una producción nacional.

¿Qué significa eso exactamente?

Los países producen distintas cosas. Los argentinos producimos soja, producimos carne, producimos crisis. Es decir, la crisis que tenemos es algo para lo cual estuvimos trabajando intencionalmente, lo que no quiere decir que la hayamos buscado consecientemente.

Como si no fuéramos las víctimas de este momento sino sus arquitectos...

Es que a la crisis la buscamos, y de alguna extraña manera, nos satisface.

¿Cómo puede suceder eso?

Porque hemos vivido endiosando el fracaso. Filosóficamente, yo te diría que la vida nos condena a la intensidad:, si estás vivo vas a tener intensidad. Hay distintas maneras de canalizarla esa intensidad, y los argentinos lo hacemos negativamente, nos gusta lograr un gran fracaso. Una persona meritoria, para nosotros, es la que ha fracasado, la que ha caído. De ése todos nos podemos compadecer y sentir que es un ser valioso. En cambio, el tipo feliz nos resulta una figura un poco más difícil de tragar. Del mismo modo somos en todo. Los amores que no se han logrado nos parecen los amores más importantes, en cambio los que terminaron en convivencia o casamiento parecen ser menores. "¡Ah, si aquella mina me hubiera dado bola! ¡Eso sí hubiera sido la felicidad!" Sarcasmos aparte, así es nuestro espíritu nacional.

¿De dónde viene ese estigma?

Rastrear los orígenes de las cosas siempre nos encierra en una interpretación del pasado. No creo que la pregunta fundamental sea la que busca el origen de esto, porque es otra manera deno salir del sistema que estoy describiendo. Lo que hay que hacer es ver qué país queremos tener y cómo vamos a hacer para lograrlo. Así de sencillo. Ponernos a pensar cómo llegamos a esta situación miserable nos lleva a relamernos en los detalles y hay que cortar con eso.

Es cierto que el fracaso es siempre más fascinante que el éxito, pero eso es sólo desde el punto de vista literario, o de la creación artística. La vida es otra cosa.

Es cierto, la literatura argentina frecuentemente ha intentado producir un efecto de miseria, la mayor miseria posible. Hace poco pensaba un poco en chiste en cual sería una narración lograda para el criterio de ese efecto: sería la historia de un chico pobre que perdió a la mamá y el papá lo llevó a una estación de tren para que junte los papeles metálicos de las cajas de cigarrillos tiradas. El papá es alcohólico y le pega. Y una noche, cuando el chico va a levantar un papel que está entre las vías, lo pisa un tren. Ese es un cuento perfecto para la sensibilidad argentina.

Permitame insistir, eso es literatura, apenas literatura...

No es sólo literatura, la literatura nunca es sólo literatura, estamos hablando de sensibilidades. Los argentinos encontramos placer en la producción de miseria imaginaria, y eso se expresa tanto en la producción de arte como en la de vida concreta. No creo que sean producciones desconectadas, para nada.

¿Qué ganamos sufriendo?

Verificar que la vida no vale nada, instalarnos en un lugar de temor y depresión desde donde producimos realidad. Esto se expresa también en la falta de criterio responsable: nunca identificamos los resultados que conseguimos como sociedad como consecuencua de nuestros propios actos. Los políticos son una raza de miserables que vienen de otro planeta, y el mundo externo está conformado por un montón de países que quieren someternos... es demasiada inmadurez.

Entonces deberíamos madurar

Sí, deberíamos darnos cuenta de que las cosas no se producen por mero reclamo, que la insatisfacción no es prueba de superioridad, que la indignación es un gesto narcisista inútil que colabora con lo que cree denunciar y que lo más necesario es desear cosas y ponerse en juego para lograrlas. Somos nuestro propio enemigo. Todo lo que nos pasa es producción directa de nosotros mismos.

¿Y qué deberíamos hacer para dejar de serlo?

Una carta de triunfo es poner más verdad sobre la mesa. Los políticos, los no políticos, todos, deberíamos construir sentido desde la verdad. Claro que siempre la verdad es lo más difícil de ver. Quiere decir, por ejemplo, darse cuenta de que un día nos vamos a morir y que no hay reencarnación ni hay vida en el más allá. Pero si sos capaz de aceptar lo verdadero, vas a construir una sociedad más sólida.

En términos sociales yo diría que la verdad es la ley

La ley representa la verdad, la verdad de que hay un límite para el deseo. Tu mamá no es para vos, es para tu papá o para el que ella elija como su hombre: eso es la ley, el límite. Y sólo si reconocemos ese límite vamos a poder vivir mejor, sólo si aceptamos que un día nos vamos a morir vamos a disfrutar mejor de los momentos de la vida.

¿Los argentinos nos autoboicoteamos?

Yo diría que tenemos el hábito de la queja, de la crítica, del escepticismo y del resentimiento. Todos estos son componentes que van trabajando para que las iniciativas no tengan éxito y aborten, dándonos o no cuenta, todo lo que hacemos para estar mejor.

La propia culpa...

Yo no hablaría de culpa sino de responsabilidad. Culpa es rastrear lo que pasó, responsabilidad es decidir, como dije antes, qué país vamos a construir y de qué manera vamos a hacerlo. Hoy lo que necesitamos es responsabilidad. ¿Por qué habría que ponerle un límite al "nosotros"? Porque "nosotros" así expresado, no señala un fenómeno real, no hay un nosotros sustancial, no hacemos comunidad, no tenemos un fuerte sentido de nacionalidad, y no queremos, como otros países, nuestras cosas. Cada vez que alguien habla de patria suena reaccionario o conservador. ¿Por qué no podemos hablar de la Patria o la Nación sin parecer militares?

Bueno, también hay una izquierda nacionalista

Sí, es cierto. Pero creo que sería interesante decir que esta división entre izquierda y derecha ya venció, como vence la leche después de unos días. Han dejado de ser polos significativos para pensar o hacer el país.

¿Quiénes hemos sido hasta hoy?, ¿quiénes podemos ser a partir de ahora?

Hemos sido y aún somos un pueblo que ha endiosado la depresión. De hecho, no es que la Argentina está deprimida por la crisis, sino que esta crisis es el producto de tantos años de depresión. Hemos sido y aún somos gente que cree en la inevitabilidad de lo peor, y en que eso es valioso y meritorio. Con respecto a lo que seremos, dependerá de qué tan capaces seamos de trabajar sobre nosotros mismos.

 

 

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