2002. Diálogo con Ignacio Izaguirre sobre la tarea de

profesor

 

 

 

Ignacio: ¿Cuánto hace que das clases de filosofía?

Alejandro: No sé, habrá sido en el ´85 que empecé a dar clases de filosofía en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en el Ciclo Básico. Por esa época Tomás Abraham me ofreció integrar su cátedra de "Problemas Filosóficos" del C.B.C. y yo le dije que no porque sentía que no sabía tanta filosofía como para eso. Al cuatrimestre siguiente lo llamé y acepté su oferta, porque en el interín me había dado cuenta de que no era que yo no supiera la suficiente filosofía sino que la abordaba de otra manera. Tal vez yo no podía explicar los sistemas filosóficos con estilo académico, o no los conocía suficientemente, pero no es que yo no hiciera una actividad filosófica. Es más, me parecía que era más valiosa la actividad que yo hacía que la que había sentido que no sabía encarnar. Entonces comencé a dar clases, pero en lugar de respetar el programa de la cátedra traté de hacer algunos experimentos por mi lado. O sea, me apropié del espacio. Daba un poquito del programa y después hacia lo que quería, hacía escribir a los alumnos, buscaba los problemas de su pensamiento más que plantearles los de la tradición. Trataba de plantear una experiencia de pensamiento en la que ellos fueran protagonistas en lugar de ponerlos en el lugar de quien debe estudiar el pensamiento de otro.

I: ¿Eso con el aval de Abraham? ¿O lo hiciste clandestinamente?

A: En principio no pedí ningún aval, no sentía que necesitara que nadie me diera permiso, estaba demasiado seguro de que lo que intentaba era lo más interesante de hacer. Pero en cuanto terminé el primer cuatrimestre hice una exposición interna en la cátedra contando lo que había hecho, justificándolo y llamando a hacer ese tipo de trabajo en lugar de hacer lo que era el trabajo habitual. No tuve mucho éxito pero Tomás, Edgardo Chibán, Leonardo Sacco y algún otro de los miembros sé que se sentían afines, no era que ellos iban a hacer eso pero respaldaban y respetaban mi intento. Para mí era una especie de lucha, de todas formas, de combate por la producción de un pensamiento interesante. No me gustaba que muchos despreciaran la primitivez del alumnado -lo que por supuesto no era una invención- ni que adoraran por sobre todas las cosas los nombres de los autores y no pudieran pensar sin hacer citas o referencias.

I: ¿Y después? ¿Cómo empezaron los cursos independientes?

A: Empecé con un grupo de amigos, en esa situación medio difícil en la que como son amigos no podés cobrar, pero en la que de todas formas algo hay que pagar, aunque sea simbólico, y lo simbólico como sos pobre te resulta significativo, e igual ese algo muchas veces no se paga... Hacíamos lectura de textos. Empezamos con mucha inseguridad de mi parte, pero después el grupo fue madurando hasta que llegó a trabajar bastante bien, a pagar no tan bien pero a trabajar bastante bien. Pasaron un montón de amigos míos y gente que se hizo amiga.

I: Si te pregunto por qué das cursos ahora, ¿podés contestar? Digo, sin hacer un libro sobre eso.

A: Si, puedo contestar, es muy sencillo. Porque es trabajo y gano plata, ese es un motivo. Y el otro es que me forma mucho, me obliga a decir y a pensar un montón de cosas que si no no diría ni llegaría a pensar. Busco temas que actúen como desafío para mi. Osho y Tom Peters, por ejemplo, ¿qué vas a decir? Y termino diciendo algo, termino pudiendo pensar gracias a que estoy comprometido a dar ese curso. Leo, organizo algunos textos, busco algunas ideas y después se despliegan en el momento de dar el curso. Me costó bastante llegar a esta confianza y esta capacidad, porque yo pensaba que tenía que conocer mucho un tema para poder hablar de él. Ahora me doy cuenta de que no, en realidad lo importante es que yo logre funcionar como una máquina de pensar y de asociar y de plantear cosas interesantes. El pensamiento entrenado es como una cámara, podes tomar distintas cosas como objeto, distintos textos, o problemas, y siempre ves algo. Es una capacidad de ver.

I: Los temas entonces los elegís sobre la base de lo que te interesa.

A: De lo que me interesa en ese momento y lo que pienso que le puede interesar a alguien.

I: ¿También fijándote en los temas del momento? Por ejemplo: "este es el año del centenario de la muerte de Nietzsche"...

A: No, en absoluto. No me interesa la discusión intelectual, ni esos temas de la época. Me parece muy artificial pensar con los términos de la escena del pensamiento, no me interesan las categorías tipo "el postmodernismo". Me interesa un pensamiento más activo, por decirlo así. No observo la escena del pensamiento o de la filosofía a ver qué se está pensando, qué piensan los filósofos hoy. Pero hay sí muchísimos temas que me interesan, muchísimos que me interesa pensar desde todo punto de vista.

I: ¿Se podría hacer algo como pensar qué piensa la gente hoy en lugar de pensar qué piensan los filósofos hoy? Pensando que en cada época la gente tiene una forma de pensar propia...

A: Pero la entrada a esas cosas es uno mismo. La gente es uno, ¿no? La pregunta real es: ¿qué me interesa? Lo que creo que hay que dejar de lado es esa consideración histórica del pensamiento, "en esta época..." Como no podés escapar de la época entonces no importa que te la representes constantemente, la época la sos. No tenés que ir a buscarla, a la historia, recuperarla por vía de una intención y una dedicación consciente, la historia está. ¿Qué se te ocurre pensar? Bueno, ahí está el momento histórico, pensá lo que te interese. Más bien pienso que esta búsqueda externa de la historia tiene que ver con no poder hacer pie en los problemas que realmente estás atravesando, en tu propia experiencia. Ya dejaste todo de lado si te planteás "A ver qué temas hoy en día la gente...". El pensamiento tiene una instancia dramática fundamental, emocional, y no se puede pensar sin tenerla en cuenta. Siempre estás pensando lo que te preocupa, tu experiencia emocional te va planteando un tono de pensamiento, unos temas, te lleva para dónde tenés que ir.

I: Muchas veces pensé que la filosofía debería ser una actividad secundaria de otras profesiones. Ser físico y dedicarme también a poner algunos problemas en palabras...

A: Si, la filosofía podría ser una especialización de todas las disciplinas. Se podría ser físico filósofo, matemático filósofo, diseñador filósofo, serían siempre los más volados, estarían todo el día preguntándose pelotudeces, pero unas que sirven para mirar de manera extraña las cosas sabidas.

I: Pero a partir del conocimiento de algo, porque si no...

A: Si, claro, el problema es ese: ¿cuál es el objeto de la filosofía? ¿el ser? ¿la nada? No existe. Por eso son más interesantes siempre las disciplinas donde hay objeto, la psicología, la antropología, para mencionar las humanidades. Si te interesa el hombre creo que para respetar ese interés harías mejor en estudiar antropología o sociología, pero bueno, si estudiás filosofía y la llevás bien, es decir, con creatividad y osadía, podés buscarte objetos, moverte libremente por donde seas capaz de moverte.

I: Volviendo a los cursos. Cuando empezás un curso ¿te planteás un objetivo?

A: Si, llegar al final. No, no me planteo un objetivo explícito conciente. Tendría que hacerlo, voy a empezar a hacerlo la próxima vez.

I: ¿Te parece en serio que tendrías que hacerlo?

A: No sé, es una pregunta interesante. El objetivo suele expresarse de manera más inmediata: que sea divertido, interesante, que nadie se quede muy perdido, que sea vital, que atrape el pensamiento de los asistentes, que los envuelva y los lleve. Una clase es como una especie de show, un show de pensamiento en el que el profesor actúa y con su emoción pensante va llevando al publico a hacer un camino. Me gusta divertirme dando clases y me parece que son divertidas para los asistentes. Es importante dejar correr el humor normal de la vida en esas circunstancias, si es que uno tiene humor en la vida, ¿no? Yo no tuve profesores de filosofía divertidos y me parece (tal vez no eran divertidos ellos) algo que debería ser un ingrediente normal de toda clase.

I: ¿Tenés alguna técnica para lograrlo?

A: No, hago lo que me divierte a mi. En realidad el que se está divirtiendo ahí soy yo, con la gente. El asunto es llegar al punto en que estás divertido, que estás ocurrente, que fluís y podés volcar todo lo que se te ocurre en la clase.

I: O sea que una clase para vos es sentirte en una reunión de gente que se puso a charlar.

A: Si, pero en una en la que el que habla soy básicamente yo.

I: Claro, todos los demás escuchan. Es eso lo que querés, amigos que te escuchen.

A: En mi vida amistosa es muy difícil que ocupe el lugar preponderante en una reunión, más bien me tiro para atrás, me da fiaca, dejo que hablen los demás, pregunto. Donde hablo yo, o de mí, es en análisis o en estas circunstancias un poco artificiales donde vos me hacés preguntas y entonces yo hablo.

I: ¿Qué fiaca te da? La fiaca de "si charlo no me entienden, voy a tener que explicar todo eso..."

A: No, es una sensación completamente física de "ahora tengo que hablar, tengo que decir". A veces me encuentro con gente amiga que me pregunta qué estoy haciendo y me da una fiaca tremenda entrar en detalles, siento que me tomo demasiado en serio y me da vergüenza. De ese tipo de cosas me estoy curando por ejemplo al aceptar la ayuda de Maxi Galin y lograr hacer este site: www.bienvenidosami.com.ar. De lo que te hablo es en realidad de una tara que quiero superar, de la dificultad de mostrarse, de entregarse, y de allí de la dificultad de lograr intimidad. Prefiero preguntar porque es también una manera de escudarse, de que el otro haga el gasto. Te metés en la vida del otro, lo ayudás a pensar algo, le preguntás y vos quedás al margen.

I: Pero cuando empezaron los cursos vos decís que fue entre amigos, algo habrán visto en vos...

A: Si, aparte de saber que estudié filosofía, que leía, que daba clases en otro lado. No es que no exista en mis intercambios amistosos esta dimensión del pensamiento, por supuesto que sí. Me sirvió leérselo una vez a Borges, él dice que una buena conversación es una investigación. Es una investigación, un trabajo entre varios; ir pensando algo, ir descubriendo algo, eso es lo más divertido de una conversación amistosa. Pero ahora me acuerdo que había un grupo de amigos donde sentía que yo no era del todo yo, donde yo no era capaz de decir mucho. Es evidente que el problema es de uno no del grupo.

I: ¿Cuando tenés amigos en las clases, pasa algo raro? ¿Te sentís igual?

A: No, no. Es lo mismo. Me resulta a veces divertido saber de qué recursos dispongo en ese amigo para que diga algo, tomarlo como interlocutor, saber por donde va para usarlo para la clase.

I: ¿Recordás algún curso en el que hayas pensado "esto es un desastre, no pasa nada, no me responde nadie"? O más lindo, que esperaras que fuera malo y anduvo.

A: Hace algunos años que no me pasa más eso de pensar "estoy dando una clase de mierda, qué carajo estoy diciendo, esto es una porquería". Ahora me parecen buenas y siempre me divierto. Porque se trata de algo sencillo en realidad, no hay que tener un gran desempeño, es pensar, trabajar un poco con el pensamiento. Aparte estoy contento en general con mi vida, así que es más fácil. Al principio me resultaba difícil, era víctima de esa voz con la que yo mismo me objetaba y me decía que no tenía sentido, que no tenía con qué hacerlo, que yo no tenía valor, que había otros que podían hacerlo mucho mejor que yo. Ese tipo de cosas tenían mucha fuerza.

I: ¿Pensás qué querés que le quede a los alumnos? ¿Qué querés que salgan diciendo?

A: Que salgan diciendo que la clase fue extraordinaria, que se divirtieron mucho y pensaron cosas que no habían pensado antes y que le sirven mucho para su vida.

I: ¿Alguna vez te dijeron algo los alumnos que te haya hecho pensar "soy bueno"?

A: Si, creo que cuando me cuentan de una especie de paso a la positividad. Gente que viene con el habitual modelo de inteligencia crítica, desencantada, escéptica, que sienten que están oprimidos por ese modelo y yo les ayudo a hacer el pase a primera división, que es ya no estar quejándose, ya no estar pensando en contra, poder pensar a favor, poder ver por fin cómo son las cosas y no estar cegados siempre pensando en cómo deberían ser.

I: ¿Ese pensás que es el máximo elogio que te pueden hacer?

A: Eso es bárbaro, no se si es el máximo elogio pero está bueno.

I: Pero también eso puede llevar a alguien a enojarse, a querer irse y mandarte al carajo.

A: Si, hace poco me pasó que uno se enojó, me mandó un mail diciéndome que él se dedicaba a la creatividad y le parecía muy poco serio el uso que yo hacía de la palabra creatividad, porque yo no había estudiado creatividad como había que estudiarla, y me pedía que dejara de usar esa palabra y usara otra. Me causó gracia, ¿quién se cree que es? ¿el dueño de la palabra?

I: A mí me quedó la curiosidad sobre si pensás que hay alguna crítica que te lastimaría.

A: No concibo una crítica que me destruiría, pienso más bien en las cosas que yo me critico, que podría mejorar, y que fui mejorando con el paso del tiempo. Por ejemplo ahora tiendo a no pelearme, logré zafar de la tentación. Tengo un estilo virulento que tiene una clave graciosa, es una virulencia utilizada como recurso para pensar, disfrutada. Antes me podía llegar a enganchar en alguna pelea, si alguien se ponía a discutirme algo. Pero la gente me discute menos ahora también, tal vez es porque yo no siembro la semilla de la discordia, tal vez antes la sembraba sin darme cuenta. Lo que se juega en esas discusiones típicas de las clases no es tanto el pensamiento sobre un tema sino una especie de trasfondo de poder en la clase.

I: Yo las veo más como que se está pensando mientras se juega a la pelea.

A: Si, es cierto, así está muy bien dicho. Entonces puedo intentar destruirlos al mismo tiempo que me divierto y les hago chistes y puedo hasta aportar ideas en contra de mi propia posición. Está bien, es cierto eso, a veces hay necesidad de pelearse para pensar algunas cosas.

I: ¿Qué pensás que buscan los alumnos cuando van? Si pensás en eso.

A: La verdad es que no tengo idea. La sensación que tengo es que la gente me escucha hablar en la radio o en la tele, o han leído algún artículo o algún libro y sienten que es interesante, muchas veces son cosas que ellos ya piensan y las encuentran bien dichas o cosas que le hicieron dar alguna vuelta más a alguna idea, entonces vienen buscando más de ese placer, de ese disfrute de un pensamiento que sienten agradable, liberador en cierto sentido. Básicamente es como una música, uno siente un factor emotivo, sensible; te gusta y vas a escuchar más de esa música.

I: Cuando están comprometidos los sentimientos en algo se siente y eso es algo que estimula mucho.

A: Es que yo creo que en las clases de filosofía, si prescindiéramos del tema concreto sobre el que se está hablando, de lo se trata es de oír a una persona pensando de una manera interesante, ligada emocionalmente a sus palabras, entusiasmado y que ese pensamiento describa o dé lugar a una realidad rica. El pensamiento crítico no da una realidad rica, empobrece todo el tiempo el mundo; en cambio este pensamiento emocional y creativamente implicado, como un pensamiento sano y poderoso -como tiene que ser el pensamiento-, más bien te genera siempre una apertura a realidades llenas de riqueza o a la riqueza de la realidad. Una clase de filosofía tiene que enseñarte a hacer eso, a estar con calma pero llevando las ideas ligadas con cierta pasión. Es una acción, un acto, por eso podemos decir que es como tocar un instrumento o andar en bicicleta o hacer algo con el cuerpo; pensar es hacer algo con el cuerpo también.

I: ¿Cuál es la participación que esperás de los alumnos?

A: La participación que espero es breve y precisa, que sean como toques.

I: Y que no tengan razón.

A: No, no, claro que pueden tener razón. Muchas veces escucho cosas inteligentes y me encanta. Hay aportes interesantes.

I: ¿Te estimula más para contestar algo inteligente o alguna pavada por lo fácil de rebatir?

A: Por supuesto que algo inteligente es más lindo de oír, porque me hizo pensar algo nuevo y puedo continuarlo. Estamos tratando de entender, no de ganarle al otro. Pero me gustan las intervenciones breves. No me gusta la gente que participa muy largo porque enfría todo. El hilo lo lleva el profesor, hay que aportar brevemente, aunque la pregunta sea "¿qué es el ser?". Las preguntas pueden ser muy amplias o incisivas pero tienen que ser un toque, para no perder aceleración.

I: Esperás participación, eso seguro...

A: Más o menos, sí, cuando la quiero la pido, si no la tengo concretamente digo: "¿y vos, que pensás?" Si hay alguien callado incluso lo puedo interpelar.

I: Eso venía un poco por el lado de las técnicas, la técnica es simplemente preguntárselo.

A: Si, lo que tengo que hacer es armar la fiesta, es ser el animador de la fiesta del pensamiento.

I: ¿Y los alumnos contestatarios? No te gustan nada.

A: No, los que van a romper las pelotas porque quieren defender una idea muy contraria no. Antes me enganchaba en esa lucha que te decía, en cambio ahora si me parece que vienen a joder -porque hay un perfil de persona al que le encanta discutir y poner en falta al profesor- si no lo aplasto rápidamente lo dejo aparte. Hay algo que me gusta siempre decir y me parece clave: el profesor es responsable de la clase. Si alguien habla mucho y los otros se empiezan a aburrir el profesor es responsable de haber dejado que ese hablara mucho, el profesor tiene que saber cortarlo, por respeto a ese tipo no podés arruinar la clase. Eso pasa mucho en las clases y en las conferencias, el profesor se engancha con uno que es medio plomo, al que no le puede decir "bueno, después lo vemos" y descuida al grupo, y eso está muy mal hecho, el tipo tiene que cuidar al grupo, si tiene que reprimir a uno, dejarlo de lado, lo tiene que hacer.

I: Eso para el profesor en general.

A: Si, todo profesor de todo tipo de materia.

I: ¿Pensás que es posible de dar en la Universidad este tipo de cursos?

A: ¿Qué otro tipo de cursos tendría que haber?

I: Y bueno, los que hay.

A: ¿Cómo podríamos decir la diferencia?

I: Donde hay más una búsqueda de transmisión de ideas de otros que de estimulación del propio pensamiento.

A: ¿Ponerte a estudiar un autor? Yo creo que siempre el hilo conductor tiene que ser el pensamiento de los protagonistas. Los protagonistas de la experiencia del pensamiento son el profesor y los alumnos en una clase, no el autor. El autor es un objeto del cual se alimenta la experiencia del pensamiento que tiene esta gente en ese momento. Pero me parece que siempre que funciona es así aunque el objeto sea el centro de la mayor parte de las referencias.

I: ¿Pero harías esto de desviarte del tema y seguir la discusión por donde vaya?

A: A mi no me gustan mucho los desvíos del tema, me parece que hay que meter lo que uno quiere ahí, en Platón o en donde sea.

I: ¿Y cómo serían los exámenes de estos cursos en la Universidad?

A: Los exámenes serían trabajos de desarrollo de ideas personales, el tema lo tendría que plantear cada uno en función de lo que está pensando, lo que le interesa, lo que tiene ganas de desarrollar. Sería un trabajo de elaboración de ideas sobre ese carril.

I: ¿Cómo se calificaría?

A: No sé, pero seguro se podría diseñar algún tipo de estructura de trabajo interesante para incentivar la producción personal del que alumno, para que encuentre su punto en medio de esa experiencia compartida. Habría que crear una especie de sistema, de pasos, de técnica. Donde se dé primero la identificación del tema y después se llegue a una especie de estructura que se vaya completando y que te permita producir ideas. Bueno, para los chicos inventé un sistema para que hicieran teorías, con imágenes y textos que está explicado en el libro "La Filosofía para chicos".

I:¿Vos considerás que todos tus cursos son de filosofía aunque se lleven otros títulos e incluyan por ejemplo la idea de creatividad?

A: A mi la filosofía no me importa especialmente como definición, pero si yo tuviera que publicar publicidad de mis clases en Segunda Mano ¿dónde voy a publicar? ¿en el rubro pediatría? No ¿En el rubro pastelero? No, tengo que publicar en el rubro filosofía, que como es lógico no existe, pero al que aludo como ejemplo. Es como las bateas de las disquerías, más o menos caes en alguna. Yo estudié filosofía, a esto se le llama filosofía: pensar, pensar cosas intelectuales, cosas raras. Por eso mi introducción a la filosofía se llamó "Ideas Raras, una introducción a la filosofía"

I: ¿Qué quiere decir la filosofía no te importa?

A: Quiere decir que no siento que sea demasiado importante ubicarme en el campo de la filosofía ni respetar estilos o parámetros de la filosofía. Uso la palabra filosofía a mi favor como argumento de algunas ideas o para decir algunas cosas porque entiendo que socialmente me corresponde esa ubicación y porque hay dos o tres descripciones o características de lo que se describe como el trabajo de la filosofía que me parecen interesantes. Pero no me preocupa dar a mi pensamiento un aire de seriedad filosófica, o que por momentos parezca algo muy poco serio o muy poco ligado a la filosofía. Es decir, privilegio que sea una experiencia de pensamiento real a que parezca filosofía. Por eso Osho, Peters, marketing, San Martín, Rilke, Los Beatles, Jorge Manrique, Francoise Dolto, Donald Winnicott, sigo mi pensamiento no una idea de la filosofía.

 

 

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