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Ignacio: ¿Cuánto hace
que das clases de filosofía?
Alejandro: No sé, habrá
sido en el ´85 que empecé a dar clases de filosofía en la Escuela
Nacional de Bellas Artes y en el Ciclo Básico. Por esa época Tomás
Abraham me ofreció integrar su cátedra de "Problemas Filosóficos"
del C.B.C. y yo le dije que no porque sentía que no sabía tanta
filosofía como para eso. Al cuatrimestre siguiente lo llamé y acepté
su oferta, porque en el interín me había dado cuenta de que no era
que yo no supiera la suficiente filosofía sino que la abordaba de
otra manera. Tal vez yo no podía explicar los sistemas filosóficos
con estilo académico, o no los conocía suficientemente, pero no
es que yo no hiciera una actividad filosófica. Es más, me parecía
que era más valiosa la actividad que yo hacía que la que había sentido
que no sabía encarnar. Entonces comencé a dar clases, pero en lugar
de respetar el programa de la cátedra traté de hacer algunos experimentos
por mi lado. O sea, me apropié del espacio. Daba un poquito del
programa y después hacia lo que quería, hacía escribir a los alumnos,
buscaba los problemas de su pensamiento más que plantearles los
de la tradición. Trataba de plantear una experiencia de pensamiento
en la que ellos fueran protagonistas en lugar de ponerlos en el
lugar de quien debe estudiar el pensamiento de otro.
I: ¿Eso con el aval
de Abraham? ¿O lo hiciste clandestinamente?
A: En principio no pedí
ningún aval, no sentía que necesitara que nadie me diera permiso,
estaba demasiado seguro de que lo que intentaba era lo más interesante
de hacer. Pero en cuanto terminé el primer cuatrimestre hice una
exposición interna en la cátedra contando lo que había hecho, justificándolo
y llamando a hacer ese tipo de trabajo en lugar de hacer lo que
era el trabajo habitual. No tuve mucho éxito pero Tomás, Edgardo
Chibán, Leonardo Sacco y algún otro de los miembros sé que se sentían
afines, no era que ellos iban a hacer eso pero respaldaban y respetaban
mi intento. Para mí era una especie de lucha, de todas formas, de
combate por la producción de un pensamiento interesante. No me gustaba
que muchos despreciaran la primitivez del alumnado -lo que por supuesto
no era una invención- ni que adoraran por sobre todas las cosas
los nombres de los autores y no pudieran pensar sin hacer citas
o referencias.
I: ¿Y después? ¿Cómo
empezaron los cursos independientes?
A: Empecé con un grupo
de amigos, en esa situación medio difícil en la que como son amigos
no podés cobrar, pero en la que de todas formas algo hay que pagar,
aunque sea simbólico, y lo simbólico como sos pobre te resulta significativo,
e igual ese algo muchas veces no se paga... Hacíamos lectura de
textos. Empezamos con mucha inseguridad de mi parte, pero después
el grupo fue madurando hasta que llegó a trabajar bastante bien,
a pagar no tan bien pero a trabajar bastante bien. Pasaron un montón
de amigos míos y gente que se hizo amiga.
I: Si te pregunto por
qué das cursos ahora, ¿podés contestar? Digo, sin hacer un libro
sobre eso.
A: Si, puedo contestar,
es muy sencillo. Porque es trabajo y gano plata, ese es un motivo.
Y el otro es que me forma mucho, me obliga a decir y a pensar un
montón de cosas que si no no diría ni llegaría a pensar. Busco temas
que actúen como desafío para mi. Osho y Tom Peters, por ejemplo,
¿qué vas a decir? Y termino diciendo algo, termino pudiendo pensar
gracias a que estoy comprometido a dar ese curso. Leo, organizo
algunos textos, busco algunas ideas y después se despliegan en el
momento de dar el curso. Me costó bastante llegar a esta confianza
y esta capacidad, porque yo pensaba que tenía que conocer mucho
un tema para poder hablar de él. Ahora me doy cuenta de que no,
en realidad lo importante es que yo logre funcionar como una máquina
de pensar y de asociar y de plantear cosas interesantes. El pensamiento
entrenado es como una cámara, podes tomar distintas cosas como objeto,
distintos textos, o problemas, y siempre ves algo. Es una capacidad
de ver.
I: Los temas entonces
los elegís sobre la base de lo que te interesa.
A: De lo que me interesa
en ese momento y lo que pienso que le puede interesar a alguien.
I: ¿También fijándote
en los temas del momento? Por ejemplo: "este es el año del centenario
de la muerte de Nietzsche"...
A: No, en absoluto. No
me interesa la discusión intelectual, ni esos temas de la época.
Me parece muy artificial pensar con los términos de la escena del
pensamiento, no me interesan las categorías tipo "el postmodernismo".
Me interesa un pensamiento más activo, por decirlo así. No observo
la escena del pensamiento o de la filosofía a ver qué se está pensando,
qué piensan los filósofos hoy. Pero hay sí muchísimos temas que
me interesan, muchísimos que me interesa pensar desde todo punto
de vista.
I: ¿Se podría hacer
algo como pensar qué piensa la gente hoy en lugar de pensar qué
piensan los filósofos hoy? Pensando que en cada época la gente tiene
una forma de pensar propia...
A: Pero la entrada a esas
cosas es uno mismo. La gente es uno, ¿no? La pregunta real es: ¿qué
me interesa? Lo que creo que hay que dejar de lado es esa consideración
histórica del pensamiento, "en esta época..." Como no podés escapar
de la época entonces no importa que te la representes constantemente,
la época la sos. No tenés que ir a buscarla, a la historia, recuperarla
por vía de una intención y una dedicación consciente, la historia
está. ¿Qué se te ocurre pensar? Bueno, ahí está el momento histórico,
pensá lo que te interese. Más bien pienso que esta búsqueda externa
de la historia tiene que ver con no poder hacer pie en los problemas
que realmente estás atravesando, en tu propia experiencia. Ya dejaste
todo de lado si te planteás "A ver qué temas hoy en día la gente...".
El pensamiento tiene una instancia dramática fundamental, emocional,
y no se puede pensar sin tenerla en cuenta. Siempre estás pensando
lo que te preocupa, tu experiencia emocional te va planteando un
tono de pensamiento, unos temas, te lleva para dónde tenés que ir.
I: Muchas veces pensé
que la filosofía debería ser una actividad secundaria de otras profesiones.
Ser físico y dedicarme también a poner algunos problemas en palabras...
A: Si, la filosofía podría
ser una especialización de todas las disciplinas. Se podría ser
físico filósofo, matemático filósofo, diseñador filósofo, serían
siempre los más volados, estarían todo el día preguntándose pelotudeces,
pero unas que sirven para mirar de manera extraña las cosas sabidas.
I: Pero a partir del
conocimiento de algo, porque si no...
A: Si, claro, el problema
es ese: ¿cuál es el objeto de la filosofía? ¿el ser? ¿la nada? No
existe. Por eso son más interesantes siempre las disciplinas donde
hay objeto, la psicología, la antropología, para mencionar las humanidades.
Si te interesa el hombre creo que para respetar ese interés harías
mejor en estudiar antropología o sociología, pero bueno, si estudiás
filosofía y la llevás bien, es decir, con creatividad y osadía,
podés buscarte objetos, moverte libremente por donde seas capaz
de moverte.
I: Volviendo a los cursos.
Cuando empezás un curso ¿te planteás un objetivo?
A: Si, llegar al final.
No, no me planteo un objetivo explícito conciente. Tendría que hacerlo,
voy a empezar a hacerlo la próxima vez.
I: ¿Te parece en serio
que tendrías que hacerlo?
A: No sé, es una pregunta
interesante. El objetivo suele expresarse de manera más inmediata:
que sea divertido, interesante, que nadie se quede muy perdido,
que sea vital, que atrape el pensamiento de los asistentes, que
los envuelva y los lleve. Una clase es como una especie de show,
un show de pensamiento en el que el profesor actúa y con su emoción
pensante va llevando al publico a hacer un camino. Me gusta divertirme
dando clases y me parece que son divertidas para los asistentes.
Es importante dejar correr el humor normal de la vida en esas circunstancias,
si es que uno tiene humor en la vida, ¿no? Yo no tuve profesores
de filosofía divertidos y me parece (tal vez no eran divertidos
ellos) algo que debería ser un ingrediente normal de toda clase.
I: ¿Tenés alguna técnica
para lograrlo?
A: No, hago lo que me divierte
a mi. En realidad el que se está divirtiendo ahí soy yo, con la
gente. El asunto es llegar al punto en que estás divertido, que
estás ocurrente, que fluís y podés volcar todo lo que se te ocurre
en la clase.
I: O sea que una clase
para vos es sentirte en una reunión de gente que se puso a charlar.
A: Si, pero en una en la
que el que habla soy básicamente yo.
I: Claro, todos los
demás escuchan. Es eso lo que querés, amigos que te escuchen.
A: En mi vida amistosa
es muy difícil que ocupe el lugar preponderante en una reunión,
más bien me tiro para atrás, me da fiaca, dejo que hablen los demás,
pregunto. Donde hablo yo, o de mí, es en análisis o en estas circunstancias
un poco artificiales donde vos me hacés preguntas y entonces yo
hablo.
I: ¿Qué fiaca te da?
La fiaca de "si charlo no me entienden, voy a tener que explicar
todo eso..."
A: No, es una sensación
completamente física de "ahora tengo que hablar, tengo que decir".
A veces me encuentro con gente amiga que me pregunta qué estoy haciendo
y me da una fiaca tremenda entrar en detalles, siento que me tomo
demasiado en serio y me da vergüenza. De ese tipo de cosas me estoy
curando por ejemplo al aceptar la ayuda de Maxi Galin y lograr hacer
este site: www.bienvenidosami.com.ar. De lo que te hablo es en realidad
de una tara que quiero superar, de la dificultad de mostrarse, de
entregarse, y de allí de la dificultad de lograr intimidad. Prefiero
preguntar porque es también una manera de escudarse, de que el otro
haga el gasto. Te metés en la vida del otro, lo ayudás a pensar
algo, le preguntás y vos quedás al margen.
I: Pero cuando empezaron
los cursos vos decís que fue entre amigos, algo habrán visto en
vos...
A: Si, aparte de saber
que estudié filosofía, que leía, que daba clases en otro lado. No
es que no exista en mis intercambios amistosos esta dimensión del
pensamiento, por supuesto que sí. Me sirvió leérselo una vez a Borges,
él dice que una buena conversación es una investigación. Es una
investigación, un trabajo entre varios; ir pensando algo, ir descubriendo
algo, eso es lo más divertido de una conversación amistosa. Pero
ahora me acuerdo que había un grupo de amigos donde sentía que yo
no era del todo yo, donde yo no era capaz de decir mucho. Es evidente
que el problema es de uno no del grupo.
I: ¿Cuando tenés amigos
en las clases, pasa algo raro? ¿Te sentís igual?
A: No, no. Es lo mismo.
Me resulta a veces divertido saber de qué recursos dispongo en ese
amigo para que diga algo, tomarlo como interlocutor, saber por donde
va para usarlo para la clase.
I: ¿Recordás algún curso
en el que hayas pensado "esto es un desastre, no pasa nada, no me
responde nadie"? O más lindo, que esperaras que fuera malo y anduvo.
A: Hace algunos años que
no me pasa más eso de pensar "estoy dando una clase de mierda, qué
carajo estoy diciendo, esto es una porquería". Ahora me parecen
buenas y siempre me divierto. Porque se trata de algo sencillo en
realidad, no hay que tener un gran desempeño, es pensar, trabajar
un poco con el pensamiento. Aparte estoy contento en general con
mi vida, así que es más fácil. Al principio me resultaba difícil,
era víctima de esa voz con la que yo mismo me objetaba y me decía
que no tenía sentido, que no tenía con qué hacerlo, que yo no tenía
valor, que había otros que podían hacerlo mucho mejor que yo. Ese
tipo de cosas tenían mucha fuerza.
I: ¿Pensás qué querés
que le quede a los alumnos? ¿Qué querés que salgan diciendo?
A: Que salgan diciendo
que la clase fue extraordinaria, que se divirtieron mucho y pensaron
cosas que no habían pensado antes y que le sirven mucho para su
vida.
I: ¿Alguna vez te dijeron
algo los alumnos que te haya hecho pensar "soy bueno"?
A: Si, creo que cuando
me cuentan de una especie de paso a la positividad. Gente que viene
con el habitual modelo de inteligencia crítica, desencantada, escéptica,
que sienten que están oprimidos por ese modelo y yo les ayudo a
hacer el pase a primera división, que es ya no estar quejándose,
ya no estar pensando en contra, poder pensar a favor, poder ver
por fin cómo son las cosas y no estar cegados siempre pensando en
cómo deberían ser.
I: ¿Ese pensás que es
el máximo elogio que te pueden hacer?
A: Eso es bárbaro, no se
si es el máximo elogio pero está bueno.
I: Pero también eso
puede llevar a alguien a enojarse, a querer irse y mandarte al carajo.
A: Si, hace poco me pasó
que uno se enojó, me mandó un mail diciéndome que él se dedicaba
a la creatividad y le parecía muy poco serio el uso que yo hacía
de la palabra creatividad, porque yo no había estudiado creatividad
como había que estudiarla, y me pedía que dejara de usar esa palabra
y usara otra. Me causó gracia, ¿quién se cree que es? ¿el dueño
de la palabra?
I: A mí me quedó la
curiosidad sobre si pensás que hay alguna crítica que te lastimaría.
A: No concibo una crítica
que me destruiría, pienso más bien en las cosas que yo me critico,
que podría mejorar, y que fui mejorando con el paso del tiempo.
Por ejemplo ahora tiendo a no pelearme, logré zafar de la tentación.
Tengo un estilo virulento que tiene una clave graciosa, es una virulencia
utilizada como recurso para pensar, disfrutada. Antes me podía llegar
a enganchar en alguna pelea, si alguien se ponía a discutirme algo.
Pero la gente me discute menos ahora también, tal vez es porque
yo no siembro la semilla de la discordia, tal vez antes la sembraba
sin darme cuenta. Lo que se juega en esas discusiones típicas de
las clases no es tanto el pensamiento sobre un tema sino una especie
de trasfondo de poder en la clase.
I: Yo las veo más como
que se está pensando mientras se juega a la pelea.
A: Si, es cierto, así está
muy bien dicho. Entonces puedo intentar destruirlos al mismo tiempo
que me divierto y les hago chistes y puedo hasta aportar ideas en
contra de mi propia posición. Está bien, es cierto eso, a veces
hay necesidad de pelearse para pensar algunas cosas.
I: ¿Qué pensás que buscan
los alumnos cuando van? Si pensás en eso.
A: La verdad es que no
tengo idea. La sensación que tengo es que la gente me escucha hablar
en la radio o en la tele, o han leído algún artículo o algún libro
y sienten que es interesante, muchas veces son cosas que ellos ya
piensan y las encuentran bien dichas o cosas que le hicieron dar
alguna vuelta más a alguna idea, entonces vienen buscando más de
ese placer, de ese disfrute de un pensamiento que sienten agradable,
liberador en cierto sentido. Básicamente es como una música, uno
siente un factor emotivo, sensible; te gusta y vas a escuchar más
de esa música.
I: Cuando están comprometidos
los sentimientos en algo se siente y eso es algo que estimula mucho.
A: Es que yo creo que en
las clases de filosofía, si prescindiéramos del tema concreto sobre
el que se está hablando, de lo se trata es de oír a una persona
pensando de una manera interesante, ligada emocionalmente a sus
palabras, entusiasmado y que ese pensamiento describa o dé lugar
a una realidad rica. El pensamiento crítico no da una realidad rica,
empobrece todo el tiempo el mundo; en cambio este pensamiento emocional
y creativamente implicado, como un pensamiento sano y poderoso -como
tiene que ser el pensamiento-, más bien te genera siempre una apertura
a realidades llenas de riqueza o a la riqueza de la realidad. Una
clase de filosofía tiene que enseñarte a hacer eso, a estar con
calma pero llevando las ideas ligadas con cierta pasión. Es una
acción, un acto, por eso podemos decir que es como tocar un instrumento
o andar en bicicleta o hacer algo con el cuerpo; pensar es hacer
algo con el cuerpo también.
I: ¿Cuál es la participación
que esperás de los alumnos?
A: La participación que
espero es breve y precisa, que sean como toques.
I: Y que no tengan razón.
A: No, no, claro que pueden
tener razón. Muchas veces escucho cosas inteligentes y me encanta.
Hay aportes interesantes.
I: ¿Te estimula más
para contestar algo inteligente o alguna pavada por lo fácil de
rebatir?
A: Por supuesto que algo
inteligente es más lindo de oír, porque me hizo pensar algo nuevo
y puedo continuarlo. Estamos tratando de entender, no de ganarle
al otro. Pero me gustan las intervenciones breves. No me gusta la
gente que participa muy largo porque enfría todo. El hilo lo lleva
el profesor, hay que aportar brevemente, aunque la pregunta sea
"¿qué es el ser?". Las preguntas pueden ser muy amplias o incisivas
pero tienen que ser un toque, para no perder aceleración.
I: Esperás participación,
eso seguro...
A: Más o menos, sí, cuando
la quiero la pido, si no la tengo concretamente digo: "¿y vos, que
pensás?" Si hay alguien callado incluso lo puedo interpelar.
I: Eso venía un poco
por el lado de las técnicas, la técnica es simplemente preguntárselo.
A: Si, lo que tengo que
hacer es armar la fiesta, es ser el animador de la fiesta del pensamiento.
I: ¿Y los alumnos contestatarios?
No te gustan nada.
A: No, los que van a romper
las pelotas porque quieren defender una idea muy contraria no. Antes
me enganchaba en esa lucha que te decía, en cambio ahora si me parece
que vienen a joder -porque hay un perfil de persona al que le encanta
discutir y poner en falta al profesor- si no lo aplasto rápidamente
lo dejo aparte. Hay algo que me gusta siempre decir y me parece
clave: el profesor es responsable de la clase. Si alguien habla
mucho y los otros se empiezan a aburrir el profesor es responsable
de haber dejado que ese hablara mucho, el profesor tiene que saber
cortarlo, por respeto a ese tipo no podés arruinar la clase. Eso
pasa mucho en las clases y en las conferencias, el profesor se engancha
con uno que es medio plomo, al que no le puede decir "bueno, después
lo vemos" y descuida al grupo, y eso está muy mal hecho, el tipo
tiene que cuidar al grupo, si tiene que reprimir a uno, dejarlo
de lado, lo tiene que hacer.
I: Eso para el profesor
en general.
A: Si, todo profesor de
todo tipo de materia.
I: ¿Pensás que es posible
de dar en la Universidad este tipo de cursos?
A: ¿Qué otro tipo de cursos
tendría que haber?
I: Y bueno, los que
hay.
A: ¿Cómo podríamos decir
la diferencia?
I: Donde hay más una
búsqueda de transmisión de ideas de otros que de estimulación del
propio pensamiento.
A: ¿Ponerte a estudiar
un autor? Yo creo que siempre el hilo conductor tiene que ser el
pensamiento de los protagonistas. Los protagonistas de la experiencia
del pensamiento son el profesor y los alumnos en una clase, no el
autor. El autor es un objeto del cual se alimenta la experiencia
del pensamiento que tiene esta gente en ese momento. Pero me parece
que siempre que funciona es así aunque el objeto sea el centro de
la mayor parte de las referencias.
I: ¿Pero harías esto
de desviarte del tema y seguir la discusión por donde vaya?
A: A mi no me gustan mucho
los desvíos del tema, me parece que hay que meter lo que uno quiere
ahí, en Platón o en donde sea.
I: ¿Y cómo serían los
exámenes de estos cursos en la Universidad?
A: Los exámenes serían
trabajos de desarrollo de ideas personales, el tema lo tendría que
plantear cada uno en función de lo que está pensando, lo que le
interesa, lo que tiene ganas de desarrollar. Sería un trabajo de
elaboración de ideas sobre ese carril.
I: ¿Cómo se calificaría?
A: No sé, pero seguro se
podría diseñar algún tipo de estructura de trabajo interesante para
incentivar la producción personal del que alumno, para que encuentre
su punto en medio de esa experiencia compartida. Habría que crear
una especie de sistema, de pasos, de técnica. Donde se dé primero
la identificación del tema y después se llegue a una especie de
estructura que se vaya completando y que te permita producir ideas.
Bueno, para los chicos inventé un sistema para que hicieran teorías,
con imágenes y textos que está explicado en el libro "La Filosofía
para chicos".
I:¿Vos considerás que
todos tus cursos son de filosofía aunque se lleven otros títulos
e incluyan por ejemplo la idea de creatividad?
A: A mi la filosofía no
me importa especialmente como definición, pero si yo tuviera que
publicar publicidad de mis clases en Segunda Mano ¿dónde voy a publicar?
¿en el rubro pediatría? No ¿En el rubro pastelero? No, tengo que
publicar en el rubro filosofía, que como es lógico no existe, pero
al que aludo como ejemplo. Es como las bateas de las disquerías,
más o menos caes en alguna. Yo estudié filosofía, a esto se le llama
filosofía: pensar, pensar cosas intelectuales, cosas raras. Por
eso mi introducción a la filosofía se llamó "Ideas Raras, una introducción
a la filosofía"
I: ¿Qué quiere decir
la filosofía no te importa?
A: Quiere decir que no
siento que sea demasiado importante ubicarme en el campo de la filosofía
ni respetar estilos o parámetros de la filosofía. Uso la palabra
filosofía a mi favor como argumento de algunas ideas o para decir
algunas cosas porque entiendo que socialmente me corresponde esa
ubicación y porque hay dos o tres descripciones o características
de lo que se describe como el trabajo de la filosofía que me parecen
interesantes. Pero no me preocupa dar a mi pensamiento un aire de
seriedad filosófica, o que por momentos parezca algo muy poco serio
o muy poco ligado a la filosofía. Es decir, privilegio que sea una
experiencia de pensamiento real a que parezca filosofía. Por eso
Osho, Peters, marketing, San Martín, Rilke, Los Beatles, Jorge Manrique,
Francoise Dolto, Donald Winnicott, sigo mi pensamiento no una idea
de la filosofía.
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