2003. Plan V. Entrevista a Alejandro Rozitchner.

Más allá del bien y del mal.

 

 


¿Quién tiene poder en Argentina?

Potencialmente todos. Todo ciudadano tiene poder excepto que lo desconozca. Entender eso es el punto de partida necesario. Uno de los problemas de la ciudadanía argentina es que se complace en desconocer ese poder y adjudicárselo a otro, en ponerse en una situación pasiva.

¿Y por qué esta falta de compromiso?

Tenemos una conciencia crítica del poder: nos parece mal su sola existencia. Es una concepción errada de la vida, una actitud excesivamente moralista, que considera que lo bueno es la renuncia, la indignación y la pasividad. Por lo general aquellos que asumen el poder, que quieren ejercerlo, son vistos como inescrupulosos desde un sentido moral. Con esas concepciones no se logra una sociedad muy participativa. No se puede acusar a los fenómenos de poder tildándolos de tales como si eso fuera un defecto, eso no es un defecto. El tema es qué se hace con el poder.

¿Entonces una reconstrucción del compromiso debe empezar por dejar de percibir el poder como algo negativo?

Sin duda. Es útil que un presidente tenga una gran ambición personal. El mejor presidente es aquel cuya intención personal es ser reconocido por la historia, tener logros que armen juego en el país de manera nueva.

Eso en el plano de la voluntad, ¿y en el plano de la acción?

La ambición personal de los políticos tradicionales está relacionada con la satisfacciones más toscas, más estúpidas, como tener más plata o transformarse en hombres temidos, el jefe del grupo de estafadores encubiertos. La política argentina parece divida en dos estilos. De un lado hay fuerzas inescrupulosas que pueden trabajar perfectamente con el poder a su favor y a veces generan efectos secundarios positivos para el país, aunque esta no sea su preocupación principal. Del otro, hay iniciativas que se definen por la negativa. La Alianza se definió por estar en contra de Menem, lo que no basta para hacer un gobierno. La izquierda argentina o los sectores progresistas no saben tener o tratar con el poder; no saben querer, se dedican a descalificar.

¿Por qué esta distancia del progresismo con el poder?

El progresismo es generalmente ignorante y reaccionario, está dominado por una mala conciencia respecto de todo. Cree que la inteligencia debe caracterizarse como crítica, escepticismo, resentimiento. Suponer que una sociedad debería ser un lugar en el que las cosas no suceden guiadas por la lucha del poder es no entender nada. Una sociedad no puede no tener luchas internas: esa es su vida. Hay que participar con alegría y buena conciencia, con objetivos interesantes que renueven el panorama, con osadía y ganas de vivir.

¿La Alianza entra dentro de esta descripción?

Su presidente fue un personaje extrañísimo: llegó a ocupar una posición de poder sin tener poder ninguno, sin saber ejercerlo, el perfecto personaje digno e inútil que generan las ideas indignadas y pasivas. Y Carlos "Chacho" Alvarez, en quien teníamos puestas las esperanzas, tuvo un problema distinto: no supo hacerse cargo del poder que anheló y consiguió. La lucha contra la corrupción no es una lucha moral, es una lucha de poder y de inteligencias.

¿Cómo es eso?

Cuando debió dar batalla buscó cobijarse en el lugar meritorio del que "no transó". No se trataba de transar sino de dar batalla, el poder es lucha. ¿Por qué no salió a decir todo sobre el senado? ¿Por qué no puso más verdad sobre la mesa? Hubiera encontrado apoyo, podría haber jugado buenas cartas. Hay quienes lo respetan porque rechazó formar parte de ese juego, cuando debió haber intentado algo. Su actitud es frustrante: gran despliegue para la crítica pero una enorme pobreza a la hora de los bifes. Estos personajes dignos prefieren la retaguardia negativa, no saben trabajar a favor.

¿El idealismo está retrocediendo en la sociedad?

Entiendo por idealismo una posición inútil, que se cree superior pero no sabe tratar con las cosas. La crisis actual evidenció un cambio positivo, ya que pese a la gravedad de la situación no hubo asomo de lucha armada: el idealismo enloquecido de años atrás desapareció. Es como si nos hubiésemos dado cuenta de que no se trata de "salir a matar malos" sino de que hay que inventar algo. Es un paso. El otro se está dando, de manera menos espectacular pero con firmeza: desarrollar la capacidad de canalizar la frustración y la agresividad por el lado de la creatividad y reconciliarnos con el poder de la mano de iniciativas políticas más interesantes. Hacernos cargo de las situaciones.

¿Es posible que surjan iniciativas políticas más interesantes en el corto plazo?

No veo por qué no. La pregunta va dirigida a nosotros como protagonistas, no como analistas políticos. ¿Por qué creer siempre que nuestro lugar es el lugar pasivo del observador? Hoy en Argentina hay un campo para muchas cosas. Tenemos más libertad de la que somos capaces de usar. Hay demasiadas iniciativas que permanecen en el nivel simbólico y aun allí cabría jugar con formulaciones más certeras, con consignas más creativas, más psicodélicas, más cercanas a la realidad y más generadoras de vida. Cuando todos decían "qué se vayan todos", yo proponía por la radio una consigna más acotada y más realista: "no votemos nunca más PJ o UCR". Si coincidimos en que los dos partidos mayoritarios son un desastre, bueno, actuemos en consecuencia. Sin caer en el ridículo voto en blanco, la típica expresión idealista, indignada, que favorece a las fuerzas contra las que dice combatir.

¿Es posible que la gente deje de votar a los partidos tradicionales?

Hoy estamos condenados al PJ, y a la esperanza de que con algunas de sus figuras pueden darse pasos interesantes: ¿alguien hubiera esperado la positiva gestión de Lavagna meses atrás? Hablar en contra de los políticos no debe impedirnos tener una lista de personas que sirven. No todo es hielo en la ciudad.

¿Y la UCR?

La UCR tendría que decretar su muerte. Sería muy bueno para la Argentina que una fuerza política, tras sucesivos e importantes fracasos, acepte su fin.

¿Elisa Carrió, Luis Zamora?

Me dan un poco de miedo. Su discurso me suena conocido y poco atrayente. Hoy en día, antes que Carrió o Zamora yo prefiero al PJ, tiene más realismo. Pero no lo digo porque coma vidrio -el PJ es la patología nacional-, sino porque creo que por más que nos despierten un rechazo visceral, el enemigo no son los políticos, el enemigo somos nosotros. El país se arma a través de nuestra forma de vivir y ese es el campo de trabajo.

(Para conocer más sobre la interesante Revista Plan V, dirigida por Luis Pico Estrada: www.planv.com)

 

 

-------------------------------------------------------------------------

 

 
   
 

 

webmaster@bienvenidosami.com.ar | alejandro@bienvenidosami.com.ar
Información sobre los Cursos 2006: cursos@bienvenidosami.com.ar
BienvenidosaMi.com.ar | Desarrollado por Maximiliano Galin

© Copyright 2003 / 2006 - Todos los derechos reservados