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Por Carlos Acosta y Alejandra Tortorelli
Alejandro Rozitchner rehúsa los diagnósticos de época.
Prefiere, en cambio, una radiografía puntual, rastrera y
singular de lo que somos. Los hay “productores de país”
y los hay “productores de crisis”. ¿Qué
somos nosotros, los argentinos?
Reporte Publicidad cumple 10 años, y se
me ocurre preguntarte qué diagnóstico de época
harías de esta última década…
Hay dos cosas, por un lado la época y, por otro, el pensamiento
de una persona que forma parte de la época pero que no necesariamente
la representa. Creo que esto tiene que ver con lo que es la filosofía,
que es un trabajo cretino y medio recortado. Creo en una especie
de base emotiva e individual para el pensamiento que solemos llamar
filosófico y que no necesariamente se adapta a los grandes
temas. No trabaja con los grandes temas.
Desde mí, puedo decir qué es lo que me interesa pensar
ahora: lo qué pasó últimamente.
En lo inmediato, entonces, ¿qué sentís
cuando ves que Menem está en Chile?
Cuando veo que Menem está en Chile, siento que la opinión
pública argentina encontró una figura de tosquedad
absoluta, habitual dentro de su comportamiento, que consiste en
la suposición de que Menem es malo y que le hizo daño
al país, y que, entonces, es nuestro enemigo. Me parece que,
bien concebido, el problema habría que explicitarlo como
el enemigo somos nosotros. Y veo que, cuando aparecen estos
ogros, se vuelve a manifestar esta tendencia a poner el mal afuera
o a encontrar una figura culpable para estar siempre en ese eterno
nivel de inocencia y buenas intenciones e infantilismo en el que
está la opinión pública. No quiero decir que
Menem es una persona que sólo le hizo bien al país.
Menem hizo muchas cosas muy bien y, al mismo tiempo, perdió
la oportunidad histórica de ser un prócer. Porque,
en vez de dar otros pasos que hubieran complementado lo que hizo
bien y pasar a ser una figura positivísima en los libros
de historia, prefirió —y esto tiene que ver con la
percepción del poder peronista— enriquecerse él
y tolerar un nivel de corrupción demasiado alto. Para mí
no es un enemigo, los enemigos son los que suponen que él
es un enemigo.
Cuando decís que “los enemigos somos nosotros”,
¿a qué te estás refiriendo?
A que el principal obstáculo es nuestra modalidad del ser,
nuestra visión del mundo, nuestra forma de vivir. Es contra
eso que hay que luchar, no contra Menem, ni contra el FMI, ni contra
Duhalde, ni contra el peronismo, ni contra los políticos,
ni contra la corrupción. Me parece que esas son figuras todavía
no precisas del problema. La figura más precisa, aunque sea
vaga, es nuestra forma de ser, nuestro entramado social, nuestras
costumbres, nuestra inmadurez.
¿En qué términos concebirías
esta capacidad del argentino de poner las cosas afuera?
A mí me satisface muchísimo la idea de la inmadurez.
Si bien es cierto que un país no es una persona, tratarlo
e interpretarlo como si lo fuera ayuda a captar muchas líneas
de sentido fundamentales que a las concepciones más serias
de las ciencias sociales o a la economía se les escapa. Entonces
creo que vale la pena decir que Argentina es como una persona, y
que es inmadura. ¿Por qué? Porque huye de los problemas
en vez de enfrentarlos, porque supone siempre que la responsabilidad
está en otro, porque no integra sus partes: buenas, malas,
pobres, ricas. No asume sus responsabilidades, no libera sus fuerzas.
No tiene una moral de fuerza. No tiene buena conciencia para pensar
la fuerza y la riqueza. Tiene buena conciencia para pensar la pobreza
y la impotencia. Tiene una mala conciencia.
¿Dirías que hay una gran dosis de arrogancia, de creerse
mejor de lo que se es?
No creo que haya arrogancia, creo que hay inmadurez, temor y debilidad.
La arrogancia es una especie de actitud de "pavo real"
absolutamente inconsistente. No creo que el argentino crea que la
Argentina es un país superior. Lo que sí creo es que
hay una mala pasión o mala circulación de la pasión
argentina, que tiene que ver con un acentuamiento un poco absurdo
del individuo, y no porque el individuo no deba ser afirmable. Creo
que eso hay que aceptarlo como una condición nuestra, somos
individualistas. Ahora, ¿por qué el individualismo
se convierte en corrupción o en cruzar mal la calle, y en
diferenciarte cagando a los demás? Porque no tenemos, y hay
que lograr, mecanismos que permitan vivir esa individualidad como
entusiasmo productivo, como afirmación. Si una persona no
puede vivir su deseo de riqueza y de lucro y de afirmación
personal con buena conciencia es porque se supone que es malo. Está
esa idea absurda de creer que los malos son los que tienen plata.
Si eso no puede ser vivido de buena manera, entonces se pervierte
y esa autoafirmación se convierte en un individualismo nefasto
que es la corrupción, lo canalla, la avivada, el ventajista.
Me gustó darme cuenta de esto... Lo que tenemos que lograr
es dejar de pelearnos con el individualismo y captar un proceso
de elaboración que hay que hacer con ese fenómeno.
¿Entenderías el individualismo en términos
de afirmación de vida?
Sí. Afirmación de vida personal.
¿Y cómo ves el orden de lo social en función
de esto?
Creo que, por un lado, hay sociedades a las que se les da más
dejar de lado la pulsión individual para trabajar por el
bien común. Tal vez sea un elemento que surge cuando el individualismo
más rancio puede ser afirmado de manera directa. Lo que quiero
decir es que no se empobrece cuando los individuos luchan por su
bienestar personal sino que, por el contrario, se enriquece por
esa lucha. La riqueza social no se construye dejando de lado la
construcción de la riqueza personal. Al contrario, si luchás
por vos, te preocupás por vos y te entusiasmás con
tu proyecto de persona concreta, vas a producir un resabio, un derrame
de riqueza de sentido, de afirmación vital. Si, por el contrario,
te relegás y vas a hacer algo meritorio en términos
objetivos, ni lográs hacer algo en términos meritorios
ni produjiste esa riqueza que hubieras podido generar.
¿Te parece que esa afirmación de vida es ya
del orden de lo social?
No sé si el aporte es tan directo, si lo que vos hacés
produce para el otro... Habría que pensarlo…
En términos de resultados, esto de lo individual
es indispensable pero termina siendo insuficiente, porque los resultados
no acompañan…
No creo que nosotros seamos una sociedad que sea capaz de alentar
los proyectos individuales.
A pesar de eso, los hay…
Es que no creo que la Argentina esté sepultada y que sea
un gran fracaso. Creo que es un país muy vital y vive problemas
importantes, pero de ninguna manera podemos decir que hemos fracasado
como país. Entonces, si tuviéramos que analizar cómo
son las fuerzas que se enfrentan ahora en Argentina, yo creo que
habría que pensar no tanto en fuerzas políticas, partidos,
corporaciones o tal mafia, sino en dos visiones del mundo, o dos
visiones del país, a las que llamo "productoras de país"
y "productoras de crisis". Hay costumbres, modos de vivir,
personas (incluso se puede tener ese conflicto de manera interna),
cuyas acciones tratan de producir crisis. Y, entonces, es interesante
entender que la crisis o la pobreza o la caída no son el
resultado de un buen plan que salió mal, sino que son producto
de una intención nefasta. A nosotros nos gusta la caída,
nos gusta la pobreza, nos gusta la catástrofe. Acá
hay algo muy argentino que se satisface cuando las cosas van mal.
Hay personas y sensibilidades y modos de vivir que trabajan para
lograr eso: es la imagen del tanguero, del caído, de que
el mejor amor es el amor que no se logró. El mérito
de la tristeza. El pobre es un buen tipo, el rico es un hijo de
puta. Entonces producimos pobres. Y, por otro lado, hay gente que
tiene proyectos, que se entusiasma, que quiere vivir, a la que yo
llamaría "productores de país", cuyas acciones
van armando un juego a la vez individual y social.
Está claro que si algún rasgo tenemos es el
melancólico…
Y lo gracioso es que, de esos rasgos, lo que surge es más
pobreza. Es una política del pobrismo. El peronismo bonaerense
es pobrista, le gustan los pobres, produce pobres. Es una especie
de cristianismo también. Es una mentalidad. ¿Y por
que odiamos a los Estados Unidos? Porque no son así. ¿Por
qué los EE.UU. pudieron tanto? Porque no son así.
¿Creés que en estos últimos tiempos
hubo situaciones que profundizaron esto que planteás?
Sí, la crisis. Yo me vi necesitado de pensar esto, parí
estas ideas que hoy me orientan, en esos meses nefastos del 2001,
cuando yo seguía con mi trabajo de profesor de filosofía
particular y daba un curso que se llamaba "Filosofía
y creatividad: crisis sí, desesperación no”.
Una cosa es el obstáculo y otra cosa es la angustia asociada
al obstáculo. Hay un plus de angustia que uno asocia a los
obstáculos, que no digo que esté mal, pero es bueno
distinguirlo. Una cosa es que en un momento uno no tenga trabajo
y otra cosa es creer que, a partir de ese momento, va a fracasar
en todo en su vida y que nunca más va a ser capaz. Lo mejor
para atravesar los obstáculos es tratar de despejar ese cúmulo
de angustia.
Y lo tercero sería cierto regodeo en ese obstáculo...
Esa sería una interpretación de un nivel más
profundo. Hay una satisfacción, como si les diéramos
la razón a los mayores, no los hubiéramos superado
y eso nos dejara tranquilos. Volvemos a la pobreza de la que huimos.
El argentino se produce a sí mismo como sujeto en
la caída…
Logra identidad en la caída. En cambio, si le va bien no
sabe quién es. No digo todos los argentinos, pero mucho de
eso hay. Una persona a la que le va bien lo sabe por experiencia,
porque tuvo que lidiar con imágenes de sí mismo donde
aparece como un "garca", un despreocupado, un individualista.
Hermosas palabras para describirnos mal.
Hablaste del peronismo bonaerense e hiciste una especie
de paralelo con el cristianismo... Por lo que percibís, ¿sentís
que la influencia de la religión en la educación (no
sólo en las escuelas) sigue siendo muy fuerte?
Yo no sé qué pensar al respecto porque, si bien
creo que el catolicismo tiene esta visión del pobre como
bueno y un rechazo de la sensualidad que es un rechazo hacia la
vida, al mismo tiempo creo que tenemos que dejar de pensar en la
religión como alineación popular. Porque lo cierto
es que la mayor parte de las personas existentes en la historia,
y actualmente en el mundo, son personas que tienen una estructura
religiosa de sentido. Seguir peleando con la estructura religiosa
de sentido o suponer que todos deberíamos acceder a una racionalidad
que nos guiara más allá de ese tipo de cosas, no resulta.
¿Esa estructura religiosa no es contradictoria con
esta afirmación de vida que sostenés? Estoy pensando
en Nietzsche...
Desde un punto de vista racionalista, yo estaba acostumbrado a
creer que la religión es siempre un límite. Pero bueno,
Nietzsche mismo diferencia entre el monoteísmo y la mitología
griega. No sé si el problema es ser religioso. Incluso otros
países, que han sabido afirmarse de una manera más
efectiva, han tenido religiones más vigorosas. Tal vez el
problema es el catolicismo; no sé. Yo simplemente me di cuenta
de que la pelea contra la religión no era una buena pelea.
Tal vez tengamos que elegir otra religión. Yo no tengo ningún
tipo de creencia, soy a-religioso.
O sea que los personajes que trascienden suelen no tener
una estructura contestataria a la religión, y por eso sobresalen
o pueden tener trascendencia…
Si pensamos en EE.UU., es un país muy religioso y no veo
reñida la religión con la afirmación vital.
Es un buen tema el factor religioso en la Argentina. Al mismo tiempo,
creo que una manera de curar grandes masas argentinas de población
descreída, sin ningún tipo de horizonte, puede tener
que ver con un retorno a la religión. A mí no me molestaría
si eso puede sacar de la delincuencia a muchísima gente,
o ayudar a superar situaciones trágicas de adicción.
¿Por qué habría que negarse? ¿No sería
absurdo sentir ahí que la religión es nuestro enemigo?
Entre la delincuencia y la religión, prefiero la religión,
y lo cierto es que se oponen, o sea que son sistemas de sentido
diferentes. Entonces, de repente, me encuentro deseando que la Argentina
haya sido más religiosa. Muchas de esas situaciones drásticas
serían más fácilmente reconducibles a una situación
de afirmación vital. Tal vez, como dispositivo, también
suene contradictorio, si pongo afuera al enemigo también
pongo afuera al salvador. Pero, en un caso, es nocivo y, en otro,
puede ser positivo. Las religiones no siempre implican una falta
de responsabilidad, tienen también una corriente de trabajo
sobre uno mismo muy importante. En muchos casos, aunque pueda resultar
tosco desde una perspectiva racionalista, ese elemento puede ser
salvador.
¿El 11 de septiembre plantea una reformulación
del pensamiento de las religiones?
No creo que tanto. El hecho nos sacude, en realidad no pasó
nada nuevo. Atrocidades han ocurrido desde que el mundo existe y
seguirán ocurriendo mientras haya mundo. No hay con qué
darle. Esa producción de muerte forma parte de todo sistema.
Todo sistema produce muerte; después, a lo sumo, podrá
dirigir de qué manera la va a producir, pero es inevitable.
Es una producción natural. Que ese atentado, por llamarlo
de alguna manera (es tan grande que no se puede llamar atentado),
que ese desastre haya sido producido con una intención en
el fondo religiosa, tampoco es nuevo. Las guerras se hacen en nombre
de creencias.
Algo que no me gustaría dejar afuera en este intercambio
es la función de la mediatización. ¿Creés
que la mediatización de todo lo que ocurre va en pos de este
gusto por la catástrofe, o le verías como una apuesta,
una elección de vida? De hecho vos tenés un programa
de televisión...
Realmente no veo que haya tanto tema en los medios. Me parece
que son bastante inocuos en cuanto a si producen bien o mal. Es
cierto que son una instancia transformadora de lo social, pero en
la mayor parte de los análisis sobre los medios yo veo que
se intentan presentar como un hecho nuevo fenómenos de comunicación
que forman parte de la actividad simbólica humana desde siempre.
Entonces hay una avidez por la comunicación enorme, la Argentina
incluso de manera especial. ¿Viste la cantidad de celulares
que se han vendido acá, incluso mucho más que en otras
partes del mundo, o la cantidad de abonados a la tv por cable, o
los locutorios que hay? Eso prueba nuestra riqueza, nuestra inteligencia,
nuestra capacidad para la intimidad, para estar juntos y para querer
cosas. También esto está probado por el hecho de que
en Argentina el psicoanálisis tuvo una repercusión
y dimensión increíble. Eso no prueba que tengamos
muchos neuróticos sino que estamos muy interesados en examinarnos,
en pensarnos y en crecer. Entonces, el hecho de que haya muchos
medios de comunicación podemos ubicarlo en ese contexto.
Incluso hay una especie de sorpresa general en el mundo porque no
se pensaba que los messenger (MSN) pudieran ser una herramienta
tan bien recibida. Yo creo que un ajuste que habría que hacer
es entender que la diferencia del tamaño de los fenómenos
a veces sugiere diferencias de esencias que no son reales. Es cierto
que los medios de comunicación de masas amplían las
audiencias, pero en muchos casos no veo la diferencia entre un noticiero
y un tipo que va a dar el pregón del rey en la plaza. Hay
un discurso que viene desde el poder, y siempre el poder tiene una
palabra con más peso que el no-poder, y organiza sistemas
de discusión sobre esa palabra. No veo que haya que darle
una dimensión tan monstruosa y superior a la existencia de
los medios de comunicación.
Yo lo pensaba en términos de Paul Virilio, de esa
"invención de la catástrofe". ¿No
hay allí cierto regodeo?
Yo creo que se amplifica todo: la catástrofe, la filosofía...
se amplifica lo que una sociedad quiere amplificar. Yo entiendo
que los medios de comunicación no manipulan para nada la
opinión pública, sino que son fiel expresión
de la opinión pública.
¿Pero no legitiman?
No. Ellos son absolutamente legítimos. No es que ellos
legitiman lo que no estaba legitimado. No veo esa distancia entre
los medios y la opinión publica. Creo que la comunicación
no puede no ser manipulativa, por eso la idea de manipulación
se cae. La información representa, expresa, muestra la lucha
de poder. Eso no hace que la información sea sospechosa de
nada. La lucha por el poder es el ABC del mundo, la respiración
de la realidad.
Que en Clarín y en La Nación
el episodio de Carmen de Patagones haya sido tapa casi excluyente,
¿solamente está reflejando lo que a la gente le llama
la atención, o hay allí una manipulación o
una intención política?
Creo que es lo primero, sin ningún lugar a dudas. Lo otro
es una mala costumbre de sobreinterpretar los hechos. No creo que
Blumberg sea un hombre de derecha con un plan siniestro. Creo que
es un ciudadano que representa el ideal de la izquierda; lo que
pasa es que la izquierda no lo puede ver porque lo odia, no puede
creer que él haya podido juntar gente cuando ellos no pueden
juntarse entre sí. Toda esa explicación del fenómeno
Blumberg como un avance de la derecha me parece una pelotudez enorme.
Para entender la realidad hay que leerla desde un nivel más
sencillo que el que el rebusque intelectual pone en escena. El rebusque
intelectual prefiere dudar y sospechar siempre de una mala intención
porque lo que no puede es hacer algo, querer algo, decidirse por
algo.
Vos nunca te definirías como un filósofo de
la sospecha, sino de la afirmación...
Sí como un intelectual. Creo que la debilidad se viste
de gala poniendo a la duda en el lugar central. Como si lo más
importante fuera dudar. ¿Estas segura de que lo querés
a tu marido? En vez de poder definir y querer, siempre la sospecha.
Pobre gente, viven así... pero no nos hagan mierda a todos...
Alejandro, en este escenario complicado de los últimos
3 años ¿cuál fue el papel del intelectual,
además de salir en La Nación?
Creo que esos reportajes han sido interesantes, han aparecido
muchas voces distintas. Por lo general lo que tiene el sentido común,
la filosofía de la opinión pública, es que
es bastante débil. La opinión pública tiene
una filosofía que es el sentido común, como la visión
estándar de las cosas. Que, por un lado, tiene la función
positiva propia de un acuerdo social y es capaz de comunicar entre
sí a capas de la sociedad muy diversas, y, por otro lado,
tiene, como el pensamiento de los periodistas, un centímetro
de profundidad. El sentido común es útil porque nos
comunica a todos y traza algunos horizontes, pero no hay que creer
que es la palabra más valiosa que se pueda decir respecto
de las situaciones.
¿Tus colegas te ayudan a pensar?
Tengo muchos amigos pensantes. No todos son egresados de Filosofía;
algunos sí y otros no. Hay mucha gente inteligente. Leopoldo
Kohon, Carlos Pagni, Sergio Berensztein, Federico Sturzenegger,
Torcuato Di Tella. También me hacen pensar los editoriales
de Van der Kooy, de Morales Solá, de Grondona...
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