Valdano: hombre clave para la cultura argentina
Hay que decirlo, y hay que entenderlo: Valdano es un hombre de inmenso
valor para la cultura argentina. Basta leer el libro "Sueños de fútbol":
en él aparece la inteligencia de un pensador aplicado, y también resalta
su mayor valor, el de ser capaz de formular, de manera concreta y sentida, una moral de fuerza y de afirmación. Siguiendo la línea cultural-deportiva
que separa a las dos grandes tendencias del fútbol, la que distingue entre
los especulativos y contenidos bilardianos de los más osados, inteligentes
y entregados menotistas, es posible también captar el juego nacional de
dos actitudes contrapuestas. Y es en esa encrucijada en donde una voz
como la de Valdano muestra toda su riqueza y su alcance: es la de un argentino
completamente volcado en su puesta en juego.
Hay en este libro docenas de pensamientos claves para la conformación,
a nivel personal o colectivo, de una posición de fuerza y para la observación
concreta de la diferencia entre ésta y la actitud más frecuente de contención
y crítica. Es un libro que respira osadía, entusiasmo, ganas. Nada hay
en él de esa tan extendida costumbre de escudarse en una pasividad
autoimpuesta para regalarse con el beneficio de la queja. Botones
de muestra: "A veces hay que apelar al delirio, a la locura". "Hay que
obligar a la gente a ver el partido de pie". "El equipo debe jugar excitado".
"Hay que animarse a jugar, el gol es una consecuencia". "La presión es
la base táctica de nuestros éxitos". "La fe y la suerte son íntimas amigas".
"El destino es neutro, es la voluntad la que escribe la historia". "Yo
nunca he tenido una facilidad natural para jugar al fútbol, la he tenido
que trabajar". Haría falta más espacio para desplegar todas las consecuencias
de estas y tantas otras frases. ¿Que se trata sólo de deporte? Más bien
habría que preguntarse por qué esta moral puede aparecer en el fútbol
y no en la política, obstaculizada en cambio por la mezquindad bilardista.
Es que es en el deporte en donde ha quedado acorralado un cierto carácter
épico fundamental, organizador de toda existencia social o de toda dramaticidad
individual, base de todas las cualidades humanas, y que sobrepasa
con mucho el alcance de la victoria deportiva. Ese impulso de afirmación
es el que Valdano conoce por amplia experiencia propia, y el que se trasluce
en su libro y lo hace tan valioso, tan necesario para nosotros. Para aquello
que forma realmente la cultura de una nación -y esto no implica ningún
rechazo de la sutileza intelectual, cuando ésta es real-, vale más la
fuerza de un Valdano que los lamentos y el narcisismo de diez falsos inteligentes. |