¿Te parece poco?
Sí, pasamos, y nos vamos, y no hay otra vida, ni reencarnación, ni pertenecemos
a ningún signo zodiacal que nos ampare o explique, y no quedará nada de
nosotros, ni una sombra, ni una huella, tal vez un efecto sobre otros,
pero ese efecto será parte de ellos y no una manifestación nuestra, porque
aunque alguien nos recuerde no estaremos y su dolor al extrañarnos nada
tendrá que ver con nuestra existencia agotada. Pasamos y ya está, no hay
nada más allá de estos tres días en los que con suerte estamos juntos
y nos conocemos un poco, y llegamos en algunos casos a querernos con una
fuerza y una decisión que hace que nos parezca inmerecido ese final absoluto,
total, sin apelación posible, pero es así, y no querer verlo es actuar
de mala fe, es engañarse, es mentirse, es cobardía, es falsedad, es ser
todavía un niño que niega que los aspectos duros de la existencia sean
plenamente reales.
Pero lo son, y nadie nos preguntó nada, nadie nos consultó, como tampoco
se nos consulta para preguntarnos si queremos desear una cosa u otra -simplemente
la deseamos-, ni para preguntarnos si queremos enamorarnos de tal persona
o de tal otra -simple, complejamente, nos enamoramos y ya está-, ni para
saber si nos parece bien o no que existan las cosas que no queremos aceptar,
el hambre, la injusticia, el abuso del poder, la mezquindad, porque todas
esas cosas son partes irremplazables de la existencia y nada ni nadie,
ninguna actitud, ningún esfuerzo, podrán eliminarlas, ni hacerlas retroceder
ni aplacarlas, porque el movimiento de la realidad de la vida es básicamente
un caos que no oye razones, y la razón una mera cataplasma posterior,
aplicada por la voluntad o la negación pero nunca factible de ser sostenida
al punto de eliminar el movimiento de la vida que sigue su propio impulso
y no nos consulta.
El principal obstáculo para que algo similar a la filosofía pueda desarrollarse
en nosotros es nuestra propia incapacidad para ver la verdad de las cosas.
La idea de que la realidad debe ser corregida no es como suele creerse
una oportunidad de producir experiencias interesantes sino en primer lugar
una justificación para sostener un sinnúmero de falsedades, y en segundo
lugar una forma de esquivar el trabajo de reconocer la realidad posible
y participar en ella. No nos engañemos, sepamos pensar, avancemos, inventemos
en la medida de lo posible, cosas reales, que tengan que ver con querer
esta vida que se nos ofrece y no estén siempre basadas en un rechazo supuestamente
fructífero pero en los hechos miserable e impotente.
Y para esto, mal que nos pese, es necesario aceptar lo que aceptar no
querríamos, conocer el movimiento que está destinado a borrarnos y a hacernos
padecer, que es el mismo sobre el cual es necesario montarse si realmente
queremos producir esas cosas que decimos querer producir, porque todo
hacer y querer es parte de esa violencia creadora fundamental de la vida
y no consecuencias de un rechazo indignado.
¿Entonces no hay nada más que esta existencia desordenada, caótica, tan
involucrada con el mal, indiferente? No, no hay, ¿te parece poco? ¿Necesitás
algo más? ¿Esperabas a alguien? A ningún amparo puede apelarse. |