Bip, bip, bip, bip
El pensamiento es una calle, y las ideas vehículos que pasan simultáneamente,
con distintos tamaños y valores, de velocidad variable, cada uno de los
cuales busca alcanzar un destino no compartido por los demás vehículos.
La conciencia es la vereda desde la que otras ideas, peatonas, sienten
ese desarrollo sin comprenderlo, o sin tomarlo en cuenta, excepto en los
momentos en que deben cruzar esa calle, atravesar el caudal de la elaboración
constante, y entonces esperan una pausa de ese tránsito enloquecido de
asociaciones y deseos, y en la pausa cruzan, evitando ser chocadas, tal
vez amparadas en la señal de un semáforo que logra detener momentáneamente
esas otras ideas desenfrenadas, amenazándolas con la ley y la boleta.
O el pensamiento es un conjunto de líneas que avanzan paralelamente pero
tocándose a veces, entrelazándose, mezclándose y luego continuando cada
una por su lado, algunas de ellas perdiéndose y recuperándose luego, o
apartándose hasta una distancia tal que el sujeto de ese pensamiento parece
haber perdido parte de su capacidad de comprensión. Cada una de esas líneas
posee un pulso propio, cargada de sentidos que sólo a veces comparten
e intercambian con las otras, al rozarse o cruzarse o anudarse, pero el
conjunto existe trazando una huella que se prolonga sin fin, como en los
gráficos de los electrocardiogramas, hasta que sobrevenga la muerte que
calma a esa conciencia de líneas revueltas.
O el pensamiento es un pulso, como el del corazón o el del teléfono,
siendo cada uno de esos impulsos parciales la aparición de una idea o
momento de conciencia, sin una necesaria conexión lógica entre un pulso
y el siguiente, aflorando arbitrariamente distintos contenidos provenientes
de un sótano cargado de material disponible, el cuerpo y su experiencia.
Bip: estoy mirando un árbol, bip: la llamo o no la llamo, bip: hoy hace
menos frío que ayer, bip: los medios de comunicación estructuran con su
palabra el campo de lo posible, bip: pero lo hacen como expresión de un
deseo social, bip: me parece que suena el teléfono, bip:...
O el pensamiento es un chicle al que no podemos ni tragar ni tirar, una
masticación constante de lo mismo siempre, alrededor de la cual circula
una saliva que producimos y tragamos, el sentido lento de un cuerpo que
se orienta dando las mismas vueltas constantemente.
O el pensamiento es una planta, que crece lentamente -pero crece-, que
va añadiendo nuevas formas y prolongando con ellas su alcance, que se
acerca cada vez más a un cielo de todas formas inaccesible, que respira
transformando lo que toma en una sustancia más pura y más benigna, que
descarta partes de sí y reproduce a cada momento otras nuevas, que ofrece
frutos que maduran y caen, con semillas que dan lugar a nuevos pensamientos
autónomos pero atados a las mismas reglas. El pensamiento como experiencia
orgánica, de movimiento lento pero constante, con diferencias como las
que hay entre un plátano, un jazmín y un cafeto. |