5 puntos sobre el sentido común
1. No sabemos pensar. No sólo porque se nos hace
difícil seguir el camino de las ideas, porque no nos es fácil bailar su
danza conceptual, sino porque el pensamiento es básicamente una experiencia
emocional frente al mundo y nuestras emociones están estancadas en el
pobre registro del sentido común. Las ideas se repiten porque se repiten
en nosotros las actitudes. Aprender a pensar es aprender a sentir, abrirse
a la experiencia inmediata y real de las cosas, y enfrentarlas desde el
punto del deseo personal.
2. El sentido común es una filosofía de contención
mutua en la que los ciudadanos militamos, unidos por el temor y coincidiendo
en una versión conservadora del mundo. Llevar adelante otra actitud implicaría
llegar a ser mucho más capaces de acción y mucho más activos y responsables,
lo cual es bastante más difícil y costoso que denunciar el mal, quejarse
y desilusionarse. Nuestro sentido común es una mecánica de la desilusión
y la negatividad.
3. A lo que hay que temer es a la solidificación
de la costumbre, al punto de invalidar todo movimiento fuera de la rutina.
La vida debe conservarse como algo imprevisto. Sin embargo, también el
rechazo romántico de toda rutina es una falta de sabiduría, porque la
mecánica de lo cotidiano permite el desarrollo de una felicidad concreta
y el despliegue de algún trabajo personal.
4. El sentido común también se arma con actitudes
entre líneas, y debe ser interpretado. Es una sucesión de posturas que
varían de acuerdo a la necesidad de su aparición en escena. Es como un
programa de soluciones accesibles destinado a conservar una posición resguardada
y correcta, que deja en el camino las vidas posibles. En vez de situar
al individuo que en un plano de posibilidades y riesgos lo sitúa en una
falsa paz; en vez de utilizar la fuerza del conjunto para un paso más,
la utiliza siempre para un paso menos. El sentido común es una repetición
constante de lo dado, la propuesta de lo peor, el punto de vista del que
no puede nada llevado a su máxima expresión, hasta el punto de regular
la circulación total del sentido.
5. Hay que desautorizar el consenso, hay que desprestigiar
la idea de que la coincidencia es positiva en sí. La coincidencia que
logramos en el sentido común y en la moral declamatoria se forma a base
de estrechar los márgenes de la expresión de la diferencia y no como tolerancia
o aceptación de la misma. Es cierto que algo se está formando en nosotros,
pero como argentinos tenemos mucha más experiencia en pacatismo que en
aperturas, en desconfianza y escepticismo que en invención y osadía. |