Sobre la televisión del Estado
Por más que sea preciso reconocer que la televisión
no es la que idiotiza a la gente sino que ella se pone al nivel del público
que la consume -su desafío es captar la mirada de la gente-, hay que decir
también que no estaría mal que hubiera un canal capaz de atender las necesidades
y deseos de esa minoría que tiende a una programación de mayor calidad.
Ya debería admitirse que la diferencia entre las personas existe y que
ella no responde a un problema de oportunidades -límite en el cual
se detiene el pensamiento progresista cuando intenta explicar el fenómeno
de la diferencia- sino a algo mucho más fundamental: la naturaleza misma
hace a algunos más capaces que a otros. La minoría capaz de otra cosa,
de ese misterioso algo más, debería encontrar en el estado el vehículo
de su diferencia, ya que de esa diferencia podría beneficiarse enormemente
la comunidad nacional. Basta de pensar que todo privilegio es una amenaza,
también es -o puede ser- una oportunidad.
Un canal estatal debería ser entonces no el medio
en el cual la cultura consagrada -los ya hartantes Sábato y Cortazar-
se ponen al alcance de la masa, sino la aparición de una opción imaginativa,
más ligada a una educación experimental y a la canalización de iniciativas
concretas que a la reproducción del vago valor de la Cultura. Dicho esto
entonces sí, es cierto que un canal del estado sería algo necesario, pero
siempre y cuando no intente reproducir los valores de una cultura más
cargada de respeto que de fuerza e invención.
Los particulares en la televisión nunca van a querer
atender esas minorías interesantes que enriquecen la vida nacional -porque
no conducen a un rating comerciable-, ni van a ponerse al servicio de
nada que no sea su propio enriquecimiento: esa es una buena base para
el establecimiento del sano principio de la libre competencia en el mercado,
pero hay otras necesidades y otros pasos por dar que requieren poner en
cierto sector un límite a ese útil despliegue de la individualidad comercial.
La televisión del estado podría ser la vanguardia de esa transformación
del país que todos coincidimos en señalar como necesaria. |