Panfleto a favor del individualismo
Hasta el cansancio se repite hoy en día la idea
de que nuestro tiempo es un tiempo escéptico, sin ideales, individualista,
en el que impera el negativo principio de lo que se describe como una
especie de "liberalismo" moral: ya no hay valores. Comparada con épocas
anteriores, se cree, el nuestro es un momento árido y estéril, materialista
y frívolo. Sobre todo preocupa la juventud actual, tan distinta de esa
otra juventud lúcida, culta y jugada (¿cuál, Dios mío, cuál?). Tratemos
de despejar de esta mirada todo lo que en ella es prejuicio e incomprensión.
Porque todo podría verse de manera inversa, y daríamos lugar a una imagen
más realista y certera. ¿Tiempo escéptico? Se trata más bien de una época
superior, en la que no tienen tanto poder las fantasías alucinadas e hipercríticas
-sí se quiere vivir, se acepta más-, en donde el deber moral no ocupa
todo el espacio de la vida subjetiva, dejando a ésta más libre y dando
lugar a una mayor creatividad, de la que se beneficia paradójicamente
sin duda la misma comunidad supuestamente descuidada. ¿Sin ideales? Por
suerte. Es hora de percibir en el ideal su alta carga de constante negatividad,
su rechazo del mundo, ese gesto meritorio de no conformarse sino con la
perfección, es decir, con lo que no hay ni puede haber. Tal vez ahora
hay más acción concreta -pequeña, pero real- y menos esperanza -enorme,
pero vacía-. ¿Individualista? ¿Porque en vez de identificarse con el hombre
o la mujer en abstracto hoy las personas tienden un poco más a vivir sus
propias vidas, a ser concretos, reales, animales, dotados de gustos y
de deseos personales, de diferencias, de ambiciones, de formas nuevas?
¿Qué es vivir, una aventura o un trabajo? No es que no haya valores, es
que los valores están vivos y cambian, y hoy hay nuevos o se están gestando.
Esta época, tan fácilmente criticada por los inteligentes, es el
caldo de cultivo de cosas nuevas, que aun no sabemos siquiera ver. ¿Es
mejor participar de lo que surge, activamente, desde el ser individual
que no podemos dejar de ser, que no debemos tampoco dejar de ser, o añorar
lo que ya no es, una fantasía que no fue? ¿Tantas cosas buenas hemos perdido
acaso, del pasado reciente? Seamos sinceros. Y no confundamos más la crítica
con la inteligencia. Parece que por suerte eso se hace cada vez menos.
Cada uno es cada uno. Diferenciémonos. Aunque no parezca, nos hace bien
a todos. |