La violencia en el fútbol
Sentimos que el problema es que el fútbol está infectado
de violencia como si ella le fuera ajena, pero en realidad la violencia
es uno de sus principales alimentos, su base. El fútbol no genera violencia,
más bien la canaliza. Esto no evita que aparezcan irrupciones abruptas
del caudal mal entubado, y a veces se llegue a situaciones horribles.
Pero no debemos engañarnos, si no existiera el fútbol el país no estaría
más tranquilo, probablemente lo estaría menos. Las tribus o barras no
nucleadas alrededor de un juego inocente y hermoso, estarían en estado
de agresión constante.
Sin el fútbol, sin el pretexto del balón y el orden
de la frecuencia semanal del campeonato, los barrios entrarían en conflicto
directo, y se destruirían unos a otros. El mundial de fútbol debería ser
por fin comprendido como lo que es: una actividad inconsciente de las
Naciones Unidas. Una manifestación no intencional de la misión de lograr
una humanidad con la violencia más controlada.
Además, siguiendo con la línea de interpretar al
fútbol como una representación de la guerra, ¿no tiene el jugador en la
cancha el aspecto de un guerrero? Los países adoran y ensalzan a sus héroes,
los guerreros que fundaron la patria, tal como adoran y ensalzan a estos
guerreros de uniforme deportivo. El gol de Diego a los ingleses es parte
de esa guerra representada y su sentido sobrepasa claramente el campo
de lo deportivo. Una prueba más de que el fútbol es una guerra desviada
es que el sentir popular que se entusiasma con el fútbol es el mismo que
se pone voraz con las guerras: la plaza se llenó con el triunfo argentino
en el mundial del 78 tanto como con la iniciativa de invadir las islas
Malvinas.
¿Es de lamentar que esa violencia de la masa no se
haga presente bajo una forma no deportiva, que no asuma un protagonismo
histórico? ¿O podemos estar satisfechos de que sea el fútbol la canalización
de una violencia que desatada podría causar mucho más daño y comprometernos
en situaciones aun más lamentables? No es justo creer que el fútbol enajena
a las masas, como si la masa no enajenada fuese algo posible, o como si
el mundo debiera comportarse según lo que nuestro deseo imagina. La realidad
suele ser difícil de captar y de aceptar, pero querer conocerla es avanzar
por ese camino. Tal vez el fútbol sea un mecanismo civilizatorio, aunque
no lo parezca.
Y sobre todo, lo que debería caducar definitivamente
es el versito de "estas cosas pasan sólo en este país". No es así: hay
importantes hinchadas criminales europeas. La relación entre violencia
y fútbol es de orden mundial, y la influencia del sobrevalorado deporte
tal vez resulte más benéfica de lo que podamos en principio comprender. |