Teoría de la felicidad
1. La felicidad es como tomar un café: dura un ratito,
pero su influencia se prolonga. Y no todos pueden con ella, a algunos
les cae mal. Como el café, la felicidad te despierta, y se busca una dosis
de ella para comenzar bien el día. Te despierta porque te hace ávido de
más, de mundo, te sacude del sueño en el que hubieras querido seguir,
cómodamente, y te hace posible las cosas. O te trae taquicardia, si no
podés parar y resignarte a que la felicidad, como todo, debe encontrar
su lugar en el tiempo y no admite abusos. Como el café, la felicidad habita
en la intimidad, es un encuentro, y es caliente. La felicidad, como el
café, también tiene estilos diversos: hay felicidades livianas, aguadas,
que casi no tienen gusto, y otras felicidades fuertes, cargadas, sabrosas.
Hay quien necesita endulzar su felicidad, porque eso le permite asimilarla
mejor, y hay quien se la banca como es, con su sabor propio, fuerte y
raro. Se supone que las mejores felicidades son las que vienen de Brasil,
o de Colombia, o las africanas, porque la felicidad se manifiesta con
movimientos espontáneos y primitivos. Pero si bien tiene ese origen muchos
opinan que la logran mejor en Italia, donde saben transformar el grano
de base en refinado sabor y sensualidad trabajada.
2. La felicidad es como un auto, te lleva y te trae,
te hace mover, te desplaza, te saca de un sitio y te pone en otro. No
está nunca quieta, y si se queda mucho tiempo en un mismo lugar cada vez
le cuesta más el movimiento. Como sucede con los autos, hay felicidades
caras y felicidades baratas, y se puede perder la vida a causa de una
felicidad muy cara, o porque no es posible terminar de pagarla o porque
fuiste muy rápido y te estrellaste contra algo. ¿Contra la velocidad de
otro, yendo rápido para otro lado, o contra una felicidad frenada? Hay
felicidades de segunda mano, que traen siempre algún problema, y felicidades
0 km, que pierden gran parte de su valor desde el momento mismo en que
te subís a ellas. Hay felicidades con estilo, que duran mucho tiempo,
y felicidades puro aspaviento y diseño, hechas para ser miradas. Hay felicidades
muy inseguras, y otras confiables, preparadas incluso para la eventualidad
de un accidente. Hay felicidades tan increíbles que no las podés sacar
a la calle, que no te sirven para el mundo real, y que son como no tener
nada: si querés salir tenés que llamar un taxi, felicidad humilde de otro
que tal vez ni es dueño. La felicidad es también como un auto cuando es
observado desde un colectivo, con envidia, por los que esperan poder llegar
a tenerla o no tendrán nunca una.
3. La felicidad es como una computadora, compleja,
casi mágica, insondable, siempre necesitada de alguna actualización. Como
las computadoras, la felicidad es mejor cuanta más capacidad operativa
pueda tener, y requiere de algún programa que la organice para poder usarse.
Te los podés copiar, los programas, pero si traen un virus podés perder
todo, y aunque sean más caros siempre son preferibles los programas originales
y propios. La felicidad, como las computadoras, es siempre algo nuevo
y cada vez más sencillo, aunque esa sencillez aparezca como resultado
de un trabajo cada vez más complejo y delicado. Y, como con las computadoras,
las felicidades requieren siempre de una energía que las alimente, o la
red social de la electricidad o la pila que te permite una autonomía relativa.
Podés estar sin contacto un tiempo, pero pronto es necesario volver y
recargarla. La felicidad es también como una computadora porque siempre
le pasa algo. Cuando funciona es bárbara, pero cuando falla puede crearte
problemas infinitos: perdiste muchos archivos y no los vas a recuperar
nunca. No hay peor nunca que el de la felicidad perdida.
4. La felicidad es como un rompecabezas: tenés que
armarla. La imagen completa sirve de guía, pero igual tenés que pasar
mucho tiempo observando cada pedazo para saber dónde encaja. A veces te
parece que falta una pieza y no la vas a conseguir jamás, pero un azar
te la revela y te das cuenta de que estuvo siempre ahí y lo que pasaba
era que no habías sido capaz de verla. Lleva tiempo, y si te ponés impaciente
y pretendés forzarla terminás poniendo cualquier cosa en cualquier parte.
La felicidad es un proceso y cuando la tenés lista te das cuenta de lo
lindo que fue lograrla, y querés hacer otra. No es por inconformista,
en el mejor de los casos, sino porque lo mejor es ese darle vueltas a
las cosas hasta conseguir que encuentren su lugar. Hay felicidades de
30 piezas, las infantiles, y felicidades de 5000 piezas, que sólo pueden
ser armadas por quien tenga una larga experiencia. ¿O esas son las felicidades
imposibles de los obsesivos, que han fragmentado tanto su mundo que no
consiguen armar nada? Hay felicidades que tienen demasiado detalle y no
terminás de armarlas nunca, y hay felicidades más sencillas, en las que
la figura se ve más clara y pueden ser construidas en un tiempo razonable.
5. La felicidad es como la lluvia, está ligada a
una sensación de tristeza, pero es hermosa y lo baña todo. Envuelve a
la realidad entera y si es demasiado fuerte uno tiene que salir con paraguas
para protegerse un poco. Hay quien gusta de salir a empaparse, pero después
puede aparecer un resfriado o algo peor. La felicidad puede ser tenue
como la garúa o feroz como una tormenta, puede ser persistente y durar
y durar, o brevísima, llegar y en un instante desaparecer, dejando todo
renovado y un aire más limpio detrás de ella. La felicidad como la lluvia
lava las cosas, da una sensación de nuevo principio, de mundo flamante,
pero también, si insiste y no cede, puede inundarte y hasta matarte. Nos
alimentamos de esa cuota de felicidad que cae periódicamente y cuando
falta la tierra es árida y la vegetación escasa. La felicidad, además,
como la lluvia, te conecta con tu mundo interno, lo hace evidente y lo
proyecta.
6. La felicidad es como una planta, crece si la regás,
y tiene su ritmo propio. Si te olvidás de ella y no la cuidás no prospera.
Sabe cómo crecer, pero hay que ocuparse o queda raquítica o se seca. Surge
de otras felicidades, y se reproduce también en felicidades nuevas. En
muchas felicidades, como en muchas plantas, podés cortar un pedacito y
dar origen a otra felicidad. O hacer un injerto, juntar dos felicidades
y dar lugar a una tercera distinta. Es orgánica, nace, crece, se reproduce
y muere. Pero a lo largo del período de su duración es capaz de dar semillas
para miles de felicidades nuevas. La mayor parte de ellas se pierden,
pero algunas crecen y por eso la felicidad siempre se renueva. |