Visiones familiares
La familia es como una molleja, llena de grasa,
engorda, es sabrosa pero se la tolera poco.
En el auto va papá, manejando. Qué bien maneja papá,
es una cosa increíble. Va enojado, papá, porque en el tráfico hay que
estar muy atento y no se puede andar jodiendo. Abre la ventana y grita,
insulta a los imbéciles que no saben manejar, que no son como él. La concha
podrida de tu reputa madre, dice papá, pero tiene razón. Si te agarro
te arranco la próstata. Como putea papá en el tráfico, pobre. Mientras
mamá teje. Prepara los scarpines para sus nietos, pobre mamá. Está bien,
es algo lindo, es por amor -a mamá el amor se le cae, de tanto que tiene,
y a veces en casa, papá o yo, o mi hermanita Romi, pisamos un poco de
ese amor resbaloso y nos vamos al piso, y nos re duele-. Lo que pasa es
que Romi tiene cinco años y yo recién siete. Falta para que tengamos hijitos.
Pero a mamá no le importa, dice que mejor, que así tiene tiempo y toda
la ropita le sale más linda.
La familia es como una radio prendida, transmite
todo el tiempo.
Papá a veces mira a mamá como si la escupiera, pero
es porque está nervioso, papá. Mamá en cambio le tira besos, a papá. Y
cuando puede, en el semáforo por ejemplo, le agarra el brazo y le besa
la manga del saco, y papá se queda quieto. Todos nos alimentamos del amor
de mamá, y por eso estamos gorditos. Mamá tiene amor hasta para Susi,
la chica que trabaja en casa. Es tan sonsa... Es del interior, y mamá
se la trajo acá una vez que fue a Salta. Como allá no la cuidaban porque
era gente muy bruta, mamá la trajo a casa, para que la tratemos bien y
ella de paso trabaje. Porque mamá necesita ayuda. ¿Cómo va a hacer si
no? "Fabricio", le dice mamá a papá, "hace falta soda". ¿Y papá que va
a hacer? ¿Ir él a buscar la soda él mismo, caminando hasta el almacén?
No, papá está cansado de trabajar, y ve la tele. ¡Cómo le gustan los deportes
a papá! La que va al almacén es Susi, que le gusta caminar por las calles
de acá, porque así aprende. Pero cuidado, le dice mamá, que no te vayan
a llenar la panza. ¿De qué se la van a llenar, de caramelos?
La familia es como la medicina homeopática, si
te hace bien no te das cuenta, o antes de hacerte bien te empeora el síntoma.
El que se llena la panza es papá, cuando comemos.
Papá se traga hasta los platos y los vasos, y se lo tienen que llevar
al hospital para sacárselos, porque los pedazos de vidrio y de loza le
lastiman por dentro. Mamá se sube arriba de la mesa y baila ópera, con
unos gritos largos que molestan a los vecinos, pero aunque vengan a criticar
no les hacemos caso. A veces mamá, subida arriba de la mesa, mete el pie
en la fuente de los fideos y se cae, o sea que termina yendo con papá
al hospital y le ponen un yeso. A ellos les encanta hacer cosas juntos,
a papá y mamá. Entonces mi hermanita y yo nos quedamos solos, y nos re
divertimos. Solos no, con la sirvienta. Pero para nosotros ella es como
una más. La atamos en una silla en la cocina y la quemamos con un cigarrillo
que le robamos a papá del cajoncito de su mesa de luz. A veces viene a
cuidarnos tía Adelita, que vomita todo el tiempo. El departamento tiene
todas las paredes manchadas, porque sus vómitos son muy difíciles de limpiar.
Cuando puede habla por teléfono con el portero, y le dice que suba. Después
llega y se encierran en el baño, no sé qué hacen, pero cuando sale tía
Adelita llora.
La familia es como un programa de televisión,
la ves mientras hacés otra cosa, parecen muy distintas pero en el fondo
son muy parecidas.
Mamá cuenta las monedas, papá tira los billetes sobre
la mesa y patea la pared. Mamá prepara el cafecito, y papá habla por teléfono.
Mamá escucha la radio con el trapo en la mano, papá carraspea, tose y
escupe otra vez. Mamá le prepara crema chantilly a papá, y papá la usa
para afeitarse. Papá se enoja, mamá se pone triste. Mamá está nerviosa,
papá duerme. Mi hermanita se chupa el dedo, y yo corto cucarachitas a
la mitad con el cuchillo del pan.
La familia es como un barco, cuando se mueve mucho
pensás que se hunde, pero siempre flota más de lo esperado. Hasta que
llega el naufragio, y entonces resulta que no había botes para todos.
El día que nació mi hermanita rompí la llave del
auto. Fue sin querer, pero papá se enojó mucho. Entonces me fui a caminar,
y tardé muchas horas en volver. Anduve por la plaza, por la avenida, tomé
el subte y fui hasta la casa de mi abuela, pero no entré. La abuela es
linda y buena, pero usa palabras que no usa nadie más. Diligencia, dice,
o dice sentí, cuando quiere que oigas. Dice ¿qué precisás?, y cuando paso
con ella mucho tiempo dice que la fastidio. Pobre abuela. Y pobre mamá.
Y pobre papá y pobres todos nosotros, tan solitos.
Como un jarrón, siempre se termina rompiendo y
los pedazos quedan dando vueltas para siempre. |