1er. Congreso Internacional de tango argentino
El edificio pertenece a otra cultura, a una civilización
superior que existió en otro tiempo en este mismo lugar. Hoy día no es
posible concentrar tanto arte y tanta artesanía, hasta las clases altas
han perdido esa gracia en las formas. Es domingo a la noche, y el pasillo
del primer piso del Club Español está repleto de personajes. Una mujer
de gran escote caído y caderas inmensas, teñida de rubia, le dice a otra,
chiquita: ¡Qué linda estás!, seguramente admirada de sus dimensiones
más movedizas. Otra señora, muy mayor, espera junto a ellas parada con
un chal plateado y una pollera con flecos. A su lado pasa un chabón con
el pelo enrulado cayéndole sobre la remera.
Hay piernitas que se mueven como mordiendo la alfombra
roja. Hay mucha gomina, vestidos negros, rodetes, pelo estirado. Una nenita
de alrededor de 8 años lleva una pollera plateada y el pelo le cae hasta
más abajo que la cola. También la nena camina haciendo figuras. ¿Será
una enfermedad? No, es el primer congreso internacional de tango argentino.
Parecen gitanos, pero son gente de tango.
Es como si se hubieran reunido 50 maestros de ceremonias.
Los de confusa elegancia son los eximios profesores de tango que durante
seis días, desde las 13 y hasta las 20 30 horas, enseñaron el trabado
baile a los 250 extranjeros que vinieron desde distintas partes del mundo.
Vinieron de Japón, de Brasil, de Italia, de Alemania, de Estados Unidos.
Entre los inscriptos hubo muy pocos argentinos, y los organizadores piensan
hacer lo necesario para que el año que viene, en el segundo congreso,
también los nacidos en estas tierras puedan disfrutar del evento. De todas
formas, una vez que se logra capitalizar económicamente el tan promisorio
aspecto tanguero, cosa tan rara y tan reclamada por los planes culturales,
no habría que descuidar esta vía de comunicación con contingentes extranjeros.
Es la noche de cierre y una a una van pasando las
parejas de bailarines. El salón está atestado. Unas enormes cajas de amplificación
escupen los tangos al mismo volumen que usa Divididos cuando toca al aire
libre. Hay una pareja de morochos que bailan un tango cortadito y algo
tropical, un gordo sin cuello y una gorda vestida de violeta que dan vueltas
sobre sí mismos muy concentrados, uno que tiene el pelo más largo que
su compañera y son dos melenas las que se agitan sincopadamente. La señora
muy mayor que esperaba en el pasillo está ahora sentada en un lugar preferencial
y muchos se acercan a tomarle una foto. ¿Quién es? Carmencita Calderón,
la compañera del Cachafaz... El conductor del evento pide un aplauso
para uno de los mejores actores de nuestra cinematografía, y Luis Brandoni
agradece poniéndose de pie.
La inscripción completa costaba 700 pesos, e incluía
24 clases, además de las noches de baile, con orquestas y exhibiciones,
y los dos grandes shows con lo mejor del tango actual. La media costaba
en cambio 400 pesos. Pero esto no quiere decir que los extranjeros inscriptos
fueran todos gente adinerada. Andrés es un argentino que vive desde hace
21 años en los Estados Unidos y vino al congreso con un contingente de
Detroit. Explica que las 19 personas que forman parte del grupo pertenecen
a la clase media trabajadora y que anduvieron por la ciudad con poco dinero
para gastar. Se trata de adictos al ball room, baile de salón,
cultores del foxtrot, rock, swing, cha cha cha, rumba y del waltz, que
han armado un club de tango llamado Latin and Argentine Tango of Detroit.
Muestra un botón con el dibujo de un bandoneonista circundado por la leyenda: Motor City Milongueros. Andrés presenta a una norteamericana sonriente
que consultada acerca del sentido del tango para ella responde diciendo: heart, pasión, romance, mistery. ¿Le gustó el congreso? Beautiful.
Su padre construía Pontiacs y ella ahora se estremece con la Cumparsita.
Entre los bailarines nacionales hay hombres y mujeres
de buen porte, cuerpos esbeltos y bien plantados. También muchos gordos,
petisos, caídos, que llevan sin embargo con garbo lo que son, y a nadie
parece importarle su aspecto. Seguramente estos extranjeros buscan esa
sensualidad cargada del argentino, presente en el movimiento y no necesariamente
en las bellas formas. ¿Qué significará para esta gente una escapada tanguera
a Buenos Aires, a qué mundo creerán haber llegado? No importa la respuesta.
Es una buena pregunta y ojalá estas visitas permitan seguir planteándola. |