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1999 - Revista 3 Puntos

Exposición Dalí en la Rural

Es tanto el valor que la seriedad de la cultura le asigna a algunos nombres y a algunas obras, que la posibilidad de colocarse frente a una tela o una escultura de uno de estos grandes llega a ser vivida como un contacto con algo superior. "El cuadro estuvo frente a él, fue pintado por él, y ahora yo estoy frente al cuadro: ¡justo donde estuvo él!" Dalí: el nombre resuena con la grandilocuencia pavota de sus miradas, esa que se ve en las decenas de fotos incluidas en la muestra. Ese valor atribuido a una obra, esa experiencia casi sagrada de contactar con un objeto que resulta casi una reliquia -"son" reliquias del arte de nuestro propio siglo- debe ser la base sobre la que una exposición de este tipo puede cobrar una entrada de 6 pesos.

Algo así les debía pasar a los muchos que asistieron el viernes a la inauguración de la exposición "Dalí Monumental". "No vino nadie, está Perez Celis", dijo el productor de CQC, a la caza de alguna personalidad a la que escrachar, perdón, entrevistar. Es imaginable la frustración de esos movileros, estaban frente al entrevistado perfecto pero este no les daba las más mínima bola: Dalí. Fue una de esas inauguraciones en las que hay tanto para tomar y comer que después el cronista se siente en falta si no dice cosas lindas del evento. Había un sinfín de promotoras, esas muchachas cuyo tipo de belleza es como el de las azafatas, lindas a medio camino, la segunda selección de la belleza. ¿La primera son las modelos? Son las sencillas chicas lindas que no promueven sino su misma vida.

No se trata de cuestionar el lugar que Dalí ocupa en la historia del arte, sino de insinuar que su mayor talento no fue plástico sino pensante. Al menos esa fue la opinión de una de sus más extrañas esculturas, dicha en susurros tras la abundancia de champán, o de ese vino tan de moda como feo de gusto (etiqueta roja). La cabeza de animal mitológico preguntó: "¿han leído los libros de Salvador? Demuestran mucho más talento y penetración y verdad que la mayor parte de sus pinturas y grabados. Dalí es un gran escritor, un escritor genial, un pensador original y profundo, y además una vida vivida de una forma única. Yo soy sólo una de sus formas". En su vientre abierto había una langosta estacionada.

Una opinión tan poco común merece ser investigada. En el libro de Alain Bosquet, llamado "Entrevistas con Salvador Dalí", se lee: "El lado pintor es en mí el menos importante. Lo que cuenta es la estructura casi imperialista de mi genio". Esta autoconciencia nada modesta es una de sus características más llamativas, pero no es su cualidad fundamental. En otra página Bosquet le pregunta si no le molesta que los jóvenes no conozcan su pintura -el libro es del 66-, a lo que Dalí responde: "Es a usted al que le molesta eso. A mí lo que me da placer es que mucha gente común, que no entiende nada, pueda decirme Hola, salvador. Me importa poco que se me tome por un pintor, un hombre de la televisión, o un escritor. Lo principal es que haya un mito Dalí, incluso incomprendido, e incluso enteramente falso. Soy un personaje extraordinario, inclasificable. Eso alimenta y reafirma el queso gruyere total de mi personalidad".

¿La exposición es un aporte al arte o un negocio? La pregunta tiene lugar junto a un rinoceronte adornado como para ser la cabalgadura de un rey, o junto a un Cristo que se ve tridimensional mediante un truco de espejos. En el contexto Dalí "negocio" no es una mala palabra, ni impide el arte. "Mi ética excepcional es infalible. Vivo allí donde hay más dinero. Vivo en América porque estoy en medio de una cascada de cheques que llegan como una diarrea", explica Dalí. Y cuando Bosquet le pide opinión sobre una tela que considera poco "divina", su Cena, Dalí responde: "Mi estrategia funcionó: me dije que iba a pintar telas más populares que cualquier otra en el mundo. Fue una performance maravillosa. Diría incluso que ese cuadro es mil veces mejor que toda la obra de Picasso reunida". Y para que no queden dudas acerca de la claridad de su conciencia: "Soy un gran cortesano, y me especializo, como todos los cortesanos, en lamer el culo de todos las personas importantes y de todos los reyes, comprendidos Rafael y Velazquez".

Tal vez la muestra no tenga las mejores obras de Dalí, ni transmita con plenitud su espíritu. Tal vez sea una muestra a medio camino, que se presta más a la contemplación idolátrica que a la iluminación daliniana. No importa, son los lógicos malentendidos que despierta los frutos de una sensibilidad tan única como valiosa. Pero sobre todo: hay que leerlo.

 

 

 

 
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