Goya en Bellas Artes
Jueves, 19 30 hs. Goya no estaba, pero había un
hombre un poco venido a menos, sentado en la silla de uno de los vigilantes
del museo que se le parecía mucho. La inmensa sala del anexo está repleta
de pequeños grabados con escenas increíbles, que parecen mostrar las imaginaciones
inaccesibles de los tranquilos asistentes al evento. Tomamos vino, charlamos
y hacemos pausas para asomarnos a los grabados como si miráramos por ventanitas
hacia nuestros misterios. Si se comienza por la serie llamada Estragos
o Desastres de la guerra el impacto es fuerte. Dos hombres serruchan
a otro por la entrepierna. Otro vomita sobre cuerpos muertos tirados en
el piso. Mientras, un chico de seis años entrena en 100 metros llanos
entre los invitados al vernisagge, ¿como si quisiera escaparse?. La otra
serie, llamada Caprichos, es menos cruenta, pero su versión de lo maravilloso
está plagada de detalles grotescos y a la vez delicados.
Cada uno de los grabados lleva un epígrafe con el
que el pintor comenta las escenas que dibuja. Es sorprendente encontrar
allí su voz antigua y su ortografía rarísima. No sabemos cómo era la personalidad
de Goya, pero es interesante rastrearla en esas frases. Hay ironía, agudeza,
pero también diversión mezclada en ese espanto. Sopla, dice
uno en el que se ve a un nene que sostenido por un andrógino se tira un
pedo sobre las cabezas de unas personas tremebundas, mientras un hombre
de aspecto tortuoso abre unas alas inmensas. No te escaparás, dice
otro en el que una mujer -dibujada con un trazo más leve- baila escoltada
por unos hombres pájaro que dan miedo.
¿Dibujaría drogado, borracho, o su particular embriaguez
provendría de las atrocidades que quería exorcizar? Daría la impresión
de que Goya estuviera mostrando los entretelones de las torturas y asesinatos
de la Esma, o de otros centros de detención. Pero Goya no es argentino
ni pertenece a este siglo. Si uno se impone a la perspectiva del pintor
podría decir que Goya denuncia esos horrores, pero si se observa
más atentamente se puede incluso encontrar cierta delectación gozosa por
parte del pintor sobre las escenas que reproduce. ¿Qué es lo que está
haciendo Goya? Ese es el eje de la muestra: la curiosidad que despierta
esa extraña actitud.
Podríamos decir que el tema es el mundo pesadillesco
que la experiencia humana con suerte consigue relegar al espacio de los
sueños -o las pesadillas- pero que suele desbordar cada tanto en los hechos
concretos. Es una exposición que lleva al paseante a una confrontación
valiosa. Hay que ir, es impresionante.
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