Sri Sir Ravi Shankar
Sábado 16 hs, C. C. San Martín. Casi llena. En el
escenario hay una especie de trono místico sobre una tarima, un sillón
bajo cubierto por una tela blanca y de fondo una tela violeta. Cerca un
hermoso ramo de flores. A uno de los costados tres músicos comienzan a
tocar un raga. La música hindú es la forma más directa de asomarse a la
sensibilidad tan distinta de esa cultura: ¿qué cuerpo se expresa en ese
temblor de la melodía, qué sensualidad se recuesta en esa atmósfera de
cuento?
Hay muchos espirituales en la sala. Se nota por alguna
barba blanca, por las actitudes tranquilas, por la forma de estar de la
gente. 16:23, un pelado de traje, apurado, extiende una telita amarilla
sobre el sillón. Detrás suyo llega Sri Sri Ravi Shankar, vestido de blanco,
inmaculado, con todo el aspecto de un gurú de historieta, y saluda a todos
riendo, con sus manos juntas como si rezara. Se rie de una forma rara,
como si fuera el actor de una obra de teatro para chicos, un poco como
Peter Sellers. También se parece un poco a Daniel Grinbank, más flaco
y contento. Dobla las piernas. Tiene el pelo muy largo.
Habla una mina chiquita: tenemos la suerte de recibir
al maestro en la Argentina. A los 4 años fue descubierto por sus padres
en meditación profunda, y ya se sabía el Bagavadh Ghita de memoria. Hace
15 años recorre el mundo llevando su "Arte de vivir" a todas partes. El
sri escucha con los ojos cerrados. Incluso ha visitado prisioneros en
sus cárceles.
Después habla el Sri, de pie, con una voz aguda,
como de niño. También parece una viejita loca con un camisón gigante.
Pero es muy agradable y dice cosas interesantes. Nuestro cuerpo está hecho
de aminoácidos, células, etc, pero nuestra alma está hecha de amor. Hay
preguntas que yo pueda responder... ¿Cómo hacer para no estar enojado
con el pasado? El tiempo es el gran sanador. La respiración es aun más
curadora que el tiempo. Vean sus vidas desde una perspectiva más grande.
La inocencia es un don divino. Es inútil, el pasado es pasado, es absurdo
como estar enojado con el futuro, sólo tenemos el presente.
A medida que sus palabras iban fluyendo el Sri conquistaba
a la sala. Se hacía querer con facilidad. Disipaba las sospechas con su
forma directa y agradable de tratar a todos. ¿Es necesario realmente que
pasemos por todas estas preguntas?, preguntó. No, le respondieron. Entonces
propuso hacer una meditación, que dijo iba a durar 10 minutos. Hasta los
niños que había en la sala se portaron bien (excepto un bebé que berreaba
y tuvieron que llevarse a otro lado). Su voz suave guió el ejercicio.
Un rato después hizo volver en sí a todos. Parecía que hubieran pasado
5 minutos, pero habían pasado 22. Luego recibió a todo el que quisiera
saludarlo. No dejó lugar para ninguna ironía.
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