Fantasía infantil
Es una fantasía infantil, pero un adulto imaginativo
puede sacarle jugo. Todos quedan paralizados, como en mancha hielo, excepto
uno mismo. El movimiento se detiene como si pusiéramos la pausa en la
video, pero uno sigue en play. Entonces vivimos una extraña libertad:
podemos agarrar las cosas que queremos sin que nadie diga nada, juntar
efectivo con una carretilla, entrar a lugares vedados, desvestir a cualquiera,
etc. Sería extraño caminar entre personas congeladas, pero para evitar
el ataque de pánico digamos que se puede suspender el juego a voluntad,
y también a voluntad reanudarlo. Sería como vivir en una foto, ser el
único habitante en movimiento en una ciudad quieta, abierta a la locura
del deseo más exótico. Es también un truco para vencer el tiempo, porque
en lo que los demás perciben como una fracción de segundo uno podría dejar
pasar mucho más. No una eternidad, qué aburrimiento, tal vez el rato suficiente
como para dormir una siesta.
Pero un día, maestro ya en el arte de este juego,
uno vería a lo lejos algo que también tiene movimiento. ¿Se terminó el
poder de esta soledad automática? Nos acercamos y vemos que es una mujer,
que posee el mismo don, o padece la misma fantasía. Al final esos dos
personajes se unen, porque cada uno es para el otro el único que escapa
al poder de controlarlo todo. Moraleja: una fantasía infantil, cuando
la retoma un adulto, se transforma en una historia de amor. |