Resumen porteño
Juan dice que cuando va sentado en el colectivo
y su codo toca el de la vecina no lo retira para que la pobre no se sienta
despreciada. Ximena flashea cuando camina por Libertador un día de sol,
porque siente que sobre ella hay tanto cielo y tanta luz. Luis imaginó
tirar bidones de LSD en los depósitos de agua de la ciudad para que la
población tuviera una visión de otros mundos posibles. Willie quiere preservar
el hall del edificio en el que tiene su oficina, y lamenta que los plomeros
hayan destrozado los mármoles del piso original sin valorar que la construcción
fuera de 1900. León vive cerca de los lagos de Palermo, y se pasea por
ellos como si fuera Luis XIV caminando por sus jardines privados en Versalles.
En un viaje de 20 minutos en taxi desde San Telmo hasta Palermo Ralph
recibe seis llamadas en su celular, una del extranjero. Cristian vuelve
a su casa en tren leyendo "Las aventuras de Gulliver", que rescató de
una librería que tira a la calle los libros que no puede o no quiere vender.
Corchi y Mishima pasan las tardes acurrucados en el mismo sillón, durmiendo
una siesta interminable, y después se lamen las pieles con ardor, hasta
que llegan los humanos a la casa y corren a pedirles comida. Luciano vino
de Villa María a vivir su vida, y trabaja en una estación de servicio
en el turno noche, depurando su talento de escritor y músico aunque él
mismo no se de cuenta. La ciudad somos nosotros.
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