Filosofía y educación
Una de las dificultades de pensar el lugar de la
filosofía en la educación es que la cuestión suele ser abordada por filósofos.
Antes de idear un sistema de trabajo, de tomar una decisión o de hablar
con claridad estos necesitan tomarse unos siglos para comprender el problema
rigurosamente. Rigor es el de los muertos.
Una filosofía viva pide otra cosa. Si entendemos
por filosofía una tradición de pensadores el plan para los chicos puede
ser el de transmitir esa tradición de manera divertida y accesible. Pero
si vamos más allá y entendemos que la filosofía es un tipo de pensamiento
-y vivencia- que aborda de manera problemática los supuestos de la vida
íntima y social, entonces la tradición pasa a un lugar secundario y lo
más importante es colocar al alumno en el lugar del filósofo.
La solución al problema de cómo enseñar filosofía
hoy en una escuela secundaria o en contextos similares tendría entonces
que tener en cuenta estos aspectos: 1) En filosofía lo importante no es
nunca la filosofía. Se trata de un pensamiento que busca al mundo y no
que se enreda en círculos viciosos. 2) Nadie tiene la última palabra sobre
este problema. Los docentes involucrados son protagonistas de una búsqueda.
Pueden apoyarse en otras experiencias, pero nada los va a poner a salvo
de la experimentación. De otra forma no sería filosofía. 3) Cada alumno
es protagonista de la aventura de su pensamiento. Una clase debe provocarlo
para que se vuelva capaz de vivirla. 4) No hay alumno que pueda pensar
si la clase da un marco que descalifica su mundo. Las descripciones críticas
y apocalípticas a las que los "inteligentes" son adictos matan el pensamiento.
No es cierto que la crítica sea el principal factor del pensamiento: lo
es el entusiasmo.
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