River y Boca o el Ying y el Yang
Ahora que ambas potencias sonríen tal vez sea el
momento de intentar captar algunas verdades profundas. Debe ser muy distinta
la sensación del éxito para los hinchas de Boca que para los de River.
Una cosa es ser desde el principio un "millonario", un privilegiado, ocupar
aunque sea imaginariamente el lugar del jefe o capataz, ser dueños del
mejor estadio, tener una camiseta pura surcada por una elegante y oblicua
línea de sangre. Otra muy distinta ser un "bostero", ser de abajo y más
abajo aun, sacar tu fuerza de la condición de relegado, tener una camiseta
densa, emotiva, un mar cruzado por un lingote que nunca tendrás, por el
sol que parte en dos un cielo casi nocturno.
El valor de un título conquistado por uno de los
dos cuadros emblemáticos es distinto al valor del título conquistado por
el otro. Para los de River un título es una confirmación, y tiene el sentido
de ser una manifestación clasista, suena a patrón que escarnia a su pueblo,
que lo hace una vez más, para no perder esa costumbre de garca sostenido.
Para los de Boca, en cambio, un título tiene sabor a historia corregida,
a venganza, a revolución, a milagro italiano trasplantado a la pampa,
a explosión neorrealista pasada por internet. Un triunfo millonario es
algo cantado, obvio, casi un derecho, en cambio el triunfo del bostero
es una conquista frente a la adversidad social, una ascensión del sentimiento
que triunfa por encima de todo, un pudimos hacernos un lugar aunque no
tenemos nada y nunca lo tendremos.
El misterio de los misterios sigue siendo por qué
una persona se hace de un cuadro y no de otro. Pesa el barrio, la pertenencia
familiar, pero hay otra cosa, más allá, que tiene que ver con estas cosas
que cada cuadro simboliza. Pero nuestras personalidades no son cerradas
sino dinámicas, y tenemos que admitir que estamos hechos de partes y de
contrarios. Todo boquense tiene una parte de millonario, y todo hincha
de River una parte bostera. ¿Cómo se explica si no que el rey actual de
la organización de la bosta sea el millonario Macri?, ¿no será de River
en el fondo, cuando sueña que grita los goles en el palco del purgatorio?
¿Y por qué River llega a tener hinchada, tan popular e inocente como la
doce, tan violenta y barrial como cualquiera? Habrá entonces que entender
que el hecho de que el fútbol argentino esté determinado por esta
rivalidad de base no es más que una nueva versión de los eternos contrarios
opuestos y complementarios que, como hombre y mujer, se la pasan peleándose
y haciendo las paces. En lo más hondo: amándose...
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