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2001 - Revista Campo Grupal

El sentido de la vida

Debe ser de las respuestas que la cultura humana más querría tener, el santo grial, el eslabón perdido, la pieza del rompecabezas que no aparece por ningún lado. Lo cierto es que la pregunta por el sentido de la vida es tan amplia que podría ser bochada por su misma generalidad, por considerar que el intento de responder algo tan abarcativo en un solo movimiento es ya un intento condenado. En realidad, si ponemos la pregunta en su contexto correcto, que es el de una vida que se pregunta y no el de un problema abstracto general, se trata de una pregunta que tiene lugar en determinados momentos del despliegue de una personalidad. Es una pregunta que sirve a ese despliegue. Puede surgir en momentos de angustia, o en momentos de cambios profundos (¿son lo mismo, siempre?), puede ser el planteo de alguien que intenta desmarcarse del ámbito de la religión o de quién busca justificación para entregarse a éste con tranquilidad de conciencia, el planteo de quién vio de cerca a la muerte y vuelve a considerar su vida con mirada nueva, la expresión de alguien que vivió momentos importantes y quiere pasar en limpio las consecuencias.

Lo primero que sería conveniente hacer con la pregunta es ubicarla entonces en su contexto adecuado, es decir, en el de una sensibilidad que se elabora y se busca a través de este planteo. Es decir, no es una pregunta que busque ni admita una respuesta única, general, abarcativa de todos los casos, sino una pregunta que es parte de la cocción de la sopa personal, una producción individual no arbitraria destinada a ejercer de horizonte y ayuda de la aventura de vivir.

Sentir el sentido

Decir esto equivale a postular que cada vez que se hable de sentido debe anteponerse a esta palabra la partícula LO. No se trata de EL sentido sino de LO sentido. No solemos captar ese matiz de la palabra sentido, pero es una expresión que alude de manera directa a la sensibilidad, al sentir, a ese cúmulo constante y desordenado con el que damos consistencia al mundo en nuestro cuerpo. El sentido es una construcción personal ligada a determinaciones históricas y colectivas, si se quiere, pero recolectadas para armar juego siempre desde una perspectiva dramática real, es decir, individual. El sentido es una construcción personal que se arma con todo lo que la sensibilidad del cuerpo que se pregunta es capaz de producir y tejer. El sentido es una construcción que hace el sujeto en función de lo que siente, es una imagen de sí proyectada como horizonte de realidad.

De todas formas es bueno tener en cuenta que la pregunta por el sentido de la vida conlleva un intento de eliminar la relativización. No es un intento necesariamente maligno, es la esperanza de trazar unas coordenadas válidas para toda vida, un eje que sirva de parámetro común y logre eliminar o reducir al menos todo lo que resulta problemático en el día a día de la existencia. Si descubriéramos la respuesta (EL sentido de la vida) tendríamos un metro patrón para examinar y zanjar tanto la diferencia conflictiva entre personas como todo tipo de oscuridades en la experiencia de la vida. Parece que la afirmación de la vida siempre requiere que la respuesta se estructure como verdad, y me cabe la duda de si esa verdad puede ser afirmativa y relativa al mismo tiempo. Es posible que para poder sentirse bien parado sea necesario considerar que la visión propia haya dado con una clave de la vida misma y no simplemente con una clave personal. Si bien también es cierto que saberla personal ayudaría a permitir su implementación y también a poder afirmar deseos (o sentidos) personales, que no deben cargar con el peso de ser responsables de todo, que es lo que pasa cuando a la pregunta por el sentido de la vida no le caben respuestas personales o parciales, respuestas amables que señalen el sentido de la vida que cada uno es y no tanto el de la vida general, que en definitiva no es nadie.

No queda otra, hay que sacar a la pregunta de esa generalidad y sus tentaciones y plantearla en relación con la sensibilidad que es la única capaz de elaborar ese sentido. La pregunta por el sentido, abordada de esta forma, es en el fondo la pregunta por el deseo, por la forma en la que ese deseo -siempre personal- se va a plantear como horizonte social, o en el mejor de los casos, como horizonte personal. Cuando se trata de una pregunta ligada a la experiencia concreta que intenta construir a partir de ella debería ser reformulada como ¿Cuál es el sentido de mi vida? o en todo caso como ¿cuál es el sentido para mí de la vida en general?

También existe el sentido sin enunciados

Incluso es posible que ni siquiera pueda darse una respuesta individual satisfactoria, que no exista ni pueda existir en un sujeto una redondez explícita capaz de aparecer frente a tal pregunta como respuesta. Y esto no querría decir de ninguna manera que el sujeto es incapaz o tosco, sino tal vez lo contrario. Cuando el sentido se tiene, se posee, la pregunta por él es posible que no aparezca. Sería una ingenuidad y una falsedad decir que no se es un espíritu profundo si uno no se plantea la pregunta por el sentido de la vida, porque el planteo puede darse aun sin palabras (suele darse más de esa forma que de ninguna otra) y estar presente en la problematicidad de una experiencia que vive sus sentidos ligados productivamente a las cosas. La pregunta se expresa entonces en los problemas y vivencias de la misma experiencia de vivir, envuelta o codificada en los hechos, las emociones y las sensaciones. Se trata tal vez de un sentido que se elabora en personajes o formas más que en conceptos.

La pregunta por el sentido es una pregunta planteada y replanteada, en ciertos individuos dados a la conciencia y surge cada vez que deben redefinirse los escenarios de esa vida. Es un catalizador o elemento auxiliar que permite perfilar, a través de formulaciones generales o metafísicas, deseos proyectados como realidad, armar escenarios para la acción y pasión del sujeto. No tiene respuesta final adecuada, es una pregunta pancito hecha para empujar los hechos de la experiencia de vivir en determinada dirección necesaria. Una pregunta pretexto para cobijar intentos de vida a través de las muchas respuestas posibles. No importa tanto la respuesta que se dé sino el que se dé una respuesta y que esta resulte útil, que permita mover la experiencia que moverse quiere.

Nadie elige su sentido

También es necesario entender que el sentido no es una elección, es un resultado. La pregunta por el sentido de la vida, que como vimos es relativa al sentido de la vida que uno encarna, es una indagación sobre elementos dados en la propia sensibilidad que no pueden ser alterados a voluntad. No puede una persona decidir que el sentido de la vida es el de ayudar si su pasión personal es el poder, ni puede hacerse creyente quien no encuentra verosímil la existencia de Dios, etc. La pregunta por el sentido es así una pregunta por una verdad personal, por lo fundamental en uno, por el principio organizador de la propia experiencia de vivir.

"Ah, ¿estudiaste filosofía? ¿Cuál es el sentido de la vida, che?"

Es un chiste pero también es cierto. Cuando alguien se entera que su interlocutor es filósofo (es decir, que estudió filosofía) suele surgir el tema del sentido de la vida como si se estuviera en presencia de alguien capacitado para abordarlo. El sentido de la vida es percibido como una de esas cuestiones fundamentales pero de tan básicas impensables, no se sabe si un vicio de rebuscados o una cosa tan seria que lo más sensato es eludirla. En realidad la capacidad para abordar la pregunta tiene más que ver con la capacidad de vivir, de expresarse y descubrir en los hechos, que en una voluntad abstracta o reflexiva.

La vida preguntándose por la vida, eso es la pregunta por el sentido de la vida. Pero la vida no es un acto de conocimiento sino una experiencia de ser. Hay que entender que la pregunta por el sentido es parte de una vida, la expresión de un sujeto recreándose y no una pregunta de la que pueda esperarse una orientación general ni una verdad última sobre todo lo existente. En la medida en que esa pregunta pretende dar con tal principio general es una pregunta que viene fallada, que condena a dar vueltas interminables o bien a concluir una respuesta que va a actuar como trampa para la diferencia posible, para la variedad de los vivos, restringiéndonos a una opción como principio abstracto a aceptar sin vueltas.

 

 

 

 
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