Detector de mentiras
Juguemos con la idea, como si se tratara de ciencia
ficción, e imaginemos que cada cosa que decimos es pasada por un scaneo
inmediato e infalible para determinar si mentimos o no. Pensemos en qué
pasaría con las mentiras sostenidas, con los matrimonios que no funcionan
pero que fingen hacerlo para no tener que enfrentar la dolorosa separación,
con los padres que ocultan hechos para mantener una posición irreprochable
frente a sus hijos, con los hijos que mienten y dicen que no hacen lo
que en realidad hacen, con las relaciones laborales basadas en falsos
cumplimientos, con los políticos que aseguran no haber robado cuando en
realidad sí lo hicieron, o que dicen desconocer cosas que conocen o al
revés. Si el detector de mentiras pudiera ser de uso constante y cotidiano
reformaría completamente el tejido social, obligándonos a vivir con un
nivel de verdad superior, a estar a la altura de una realidad que muchas
veces buscamos eludir. Por pereza, por cobardía, por comodidad. Incluso
los individuos estaríamos obligados a dejar de mentirnos a nosotros mismos,
ya que el autoconocimiento que derivaría de este dispositivo de la verdad
no dejaría mucho margen de maniobra.
Por supuesto que podríamos plantearnos con más "profundidad"
la cuestión de si es posible encontrar verdad en las situaciones complejas
antes descriptas, en donde tal vez los matices reinan y nada es totalmente
cierto o totalmente falso. Pero al hacerlo estaríamos tratando de zafar,
eludiendo la monstruosidad de un saber para el que no parecemos estar
preparados. Creo que los detectores de mentiras son un vehículo de conocimiento
demasiado fuerte, demasiado cruel, tecnología para dioses y no para humanos.
Al menos por ahora.
|