Filosofía y vida cotidiana
La filosofía se acerca a la vida cotidiana. ¿Pero
es que hay otra vida que la cotidiana? La vida ocurre siempre en el ámbito
de los días que pasan, y una reflexión que tome a la realidad por objeto
tiene forzosamente que referirse a ese pasar de los días en donde también
pasamos nosotros. La filosofía ha transitado durante demasiado tiempo
los "grandes temas", y aun cuando los haya imaginado relacionados con
el nivel más concreto éstos han aplastado lo pequeño de la vida corriente
hasta conseguir generalmente negarla. Hacer filosofía sobre lo cotidiano
no quiere decir rehuir lo importante, sino encontrarlo en dónde sucede,
entremezclado con las intensidades grandes y pequeñas de una vida que
trata con los problemas de sentido allí dónde estos tienen su espacio
esencial. La reflexión puede tener gran incidencia en la vida personal,
eso no es nuevo. Lo nuevo puede ser el giro por el cual un pensamiento
siempre volcado a lo académico acabe por reconocer a la serie de temas
y problemas de una vida real como un objeto legítimo. Otros filósofos,
como Freud, que es un filósofo aunque su disciplina lleve otro nombre,
tomaron por este camino con claridad hace mucho tiempo. Nietzsche, precursor
y hasta pariente de Freud, señaló en 1888 que la humanidad ha tomado en
serio realidades inexistentes (el bien, el mal, el más allá, el pecado),
ignorando y despreciando los verdaderos temas del pensamiento (alimentación,
clima, recreación, etc). "Filosofía de la vida cotidiana" no es una idea
del todo bien expresada. Se trata de pensar sobre las cosas que existen,
en el espacio en que existen. Nacemos en lo cotidiano, morimos en lo cotidiano.
Si la filosofía debe captar la verdad más básica y fundamental de la vida,
¿podría dejar de lado lo que cada día trae?
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