Las universidades corporativas:
nuevos actores en el campo del conocimiento
Desde un punto de vista filosófico, es decir, libremente
especulativo y generalizante (con los pros y los contras que tal método
suele tener) dos son las principales cuestiones planteadas por el nacimiento
y auge de las universidades corporativas:
1. lo relativo a la definición y comprensión del
sentido del saber y/o conocimiento
2. la relación entre el conocimiento y su posible
campo de aplicación práctica
Supongamos un adolescente que debe pasar una semana
en cama por una enfermedad que no afecta su capacidad de atención, que
debe por lo tanto faltar a la escuela, y supongamos también que por una
falla su televisor sólo puede sintonizar los siguientes canales: Discovery
Channel, Animal Planet, People and Arts, Mundo, Discovery Health e History
Channel. Podemos apostar tranquilos: en esa semana de documentales el
adolescente en cuestión habrá aprendido más que en un mes de colegio.
Cuando decimos que la televisión le ganó a la educación no estamos diciendo
que la gente prefiere ver idioteces antes de sumarse a una experiencia
pedagógica (lo cual es una innegable verdad y seguirá siéndolo) sino que
la televisión generó una serie de recursos educativos de una calidad tal
que supera enormemente los recursos de la educación tradicional.
En este marco, y para desarrollar el primero de los
puntos señalados, es necesario decir que esta nueva modalidad de experiencia
pedagógica conocida como universidades corporativas, forma parte de una
excepcional modificación de la circulación del conocimiento que viene
dándose en el mundo en las últimas décadas de manera espectacular. Es
importante pensarla dentro de ese contexto, para explorar la amplitud
de sus posibilidades, y no recluir el formato en la imitación de las universidades
tradicionales.
Este cambio radical en la circulación del conocimiento,
pese a ser incuestionable, requiere de una aclaración. Cuando se califica
a nuestro tiempo como la era en la que el poder está asociado al conocimiento
se comete un error, pero también se señala una verdad inocultable. El
error tiene que ver con la creencia en que en etapas de gran desarrollo
la humanidad puede (o podrá, ya que la imagen se patea constantemente
hacia delante, sucesos mediante) llegar a domar su inclinación natural
a la violencia física, reemplazándola por medios más sofisticados de solución
de conflictos, como si todo poder fuera ahora traducido a términos de
saber y conocimiento. Si bien es cierto que la sofisticación de los códigos
y los lenguajes hacen cada vez más frecuentes las opciones menos virulentas,
esto afecta básicamente un sector minoritario de la sociedad global, y
en última instancia es una completa falsedad el que el ser humano pueda
dejar de ser el animal que es, sea cual fuera la etapa de la evolución
en la que se encuentre. La lucha por el poder se expresa de manera refinada
hasta que llega a una instancia de compromiso superior en donde siempre
el recurso a la acción violenta será decisivo.
De todas formas es cierto también que esto no resta
verdad a la general afirmación según la cual el mecanismo de generación
de riqueza está en la actualidad atravesado como nunca por el factor conocimiento,
al punto que todas las aplicaciones prácticas parecen pasar a una esfera
común que requiere cada vez menor presencia humana y también abandona
cada vez más a los humanos a una esfera en la que el recurso de la fuerza
es visto con una mezcla de nostalgia y ansia.
En lo que nos interesa, las universidades corporativas
aparecen como una forma reciente y novedosa de incluir la circulación
y producción de conocimiento en una empresa, de forma de abrir nuevos
focos pedagógicos que si bien están muchas veces en estrecha relación
con emisores tradicionales de conocimiento resultan tener un efecto multiplicador
y a la larga seguramente una influencia de otro tipo, que aun no podemos
calcular. Su efecto no tiene que ver con una espiritualización del mercado
sino con un refinamiento y potenciación de los recursos de conocimiento
puestos al servicio de la producción y la competencia. Pese a que esto
no lleva a la humanidad a un más allá de su condición natural, si supone
un avance y un crecimiento de la sociedad en su conjunto. La producción
y la competencia no son meras funciones de la mezquindad humana sino la
fuente primordial de toda riqueza. En este sentido las universidades corporativas
suponen una diversificación de las fuentes emisoras y elaborantes de conocimiento
que deben ser valoradas como parte de una necesaria renovación educativa.
Tal vez, no podemos saberlo, las reformas educativas que suelen pedírsele
al estado lleguen por esta vía insospechada.
En relación con el segundo punto, el que se refiere
a la relación entre la producción de conocimiento y sus aplicaciones,
es posible pensar la siguiente variable para la organización de universidades
corporativas: la que va entre una universidad que se conciba como una
mera función de capacitación volcada a las tareas y los resultados y una
universidad que sea capaz de considerar a todo trabajador como un "trabajador
de conocimiento", alentando su calificación general como una forma de
enriquecimiento incluso de la vida personal del mismo.
En el primer caso la universidad queda ligada a la
habitual noción de capacitación, si bien volviéndose capaz de desarrollos
más específicos y de controles más estrictos de los beneficios aportados
por éstos en la producción de la empresa. El rigor rige el emprendimiento
y se gana la posibilidad para que los ejecutivos continúen elevando su
grado académico dentro de la empresa, como es el caso de la McDonald´s
Hamburguer University of Hong Kong, que logró negociar para sus programas
la acreditación de la National Taiwan University y la Hong Kong Polytechnic
University.
En el segundo caso, en el de una universidad corporativa
que no se limite a ponerse al servicio directo de la producción, aparece
una enorme chance para el desarrollo creativo de la empresa, al permitir
que el flujo general de conocimientos y energías que enriquece a la sociedad
impregne de manera general a su personal, permitiendo la aparición de
esas chispas (casuales pero de posible promoción) que terminan dando lugar
a las grandes innovaciones productivas, y que en última instancia afectan
de manera directa a la producción y sus beneficios.
Como conclusión quiero expresar la creencia de que
la aparición de las Universidades Corporativas está aun muy lejos de poder
mostrar todas sus consecuencias. La aparición de nuevas voces y nuevos
procedimientos tanto en el campo del conocimiento como en el de los métodos
pedagógicos, encuentra en este campo un terreno muy fértil. Si bien es
cierto que el conocimiento está ligado históricamente a los desarrollos
productivos, la nueva autonomía que las empresas inauguran con esta modalidad
dará desarrollos inesperados, y también instalará, como estilo, una relación
de mayor fluidez entre el conocimiento y la organización laboral dedicada
que será sin duda más fructífera de lo que hoy podemos pensar. El de las
Universidades Corporativas es un campo de trabajo que puede ser abordado
con enormes dosis de creatividad y del que cabe esperar beneficios de
todo tipo. Desde el punto de vista de la empresa las Universidades Corporativas
representan una vía de crecimiento imprevisible y de alto valor. Desde
el punto de vista de la pedagogía, el hecho de que las empresas hayan
tomado este tipo de iniciativas, continúa un movimiento saludable de renovación
del conocimiento. Hay que esperar, o intervenir.
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