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2003 - La Nación

Es la propia libertad la que está en juego

En principio, el tiempo libre parece ser el tiempo fácil, el más fluido, ya que es por definición aquel en el que podemos decidir qué hacer, en oposición al tiempo ocupado o de trabajo, en el que estamos regidos por el deber y los compromisos. Sin embargo, vemos que en el tiempo libre aparecen ciertos conflictos, pensamientos y sensaciones difíciles de abordar.

La libertad en cuestión no es precisamente la del tiempo, sino la propia. Aquel que es libre en el transcurrir del tiempo (o tiene oportunidad de serlo) es uno mismo, el individuo que en el tiempo del trabajo se siente postergado y que, pese a que haga un uso productivo del tiempo, siente, con relación a lo profundo y personal, que lo pierde. El problema del tiempo libre es el de la propia libertad, el que podríamos formular con la pregunta: ¿qué quiero?

El tiempo libre es un tiempo privilegiado para la experiencia de resolver esta cuestión poco sencilla, y así como nos entrega una materia prima fundamental (los tan preciados momentos "vacíos"), nos compromete en los vericuetos personales de nuestra búsqueda.

¿Quiero no hacer nada, descansar, estar tirado?; ¿quiero desarrollar esas otras facetas de mí que en el otro tiempo no caben, descubrirme, cambiar?; ¿quiero quejarme de la suerte que me pesa, profundizar mi desdicha o reaccionar?; ¿quiero adoptar nuevos compromisos que me pesen, pero me salven de las dificultades de tener que saber o aceptar lo que realmente quiero?

Porque al abordar la realización de esos deseos postergados vemos lo que antes no veíamos: que es difícil, que desear algo no significa que el proceso de lograrlo sea agradable ni sencillo, que la pregunta suele quedar abierta y se abre en replanteos constantes: ¿querré realmente esto que creo querer?

Sin garantías

En tiempos como los actuales, es decir, tiempos rigurosos, esa libertad del tiempo libre se ve sometida a una serie de exigencias y presiones que sin embargo no alteran el panorama fundamental: siempre se trata del problema de una voluntad que dispone de una cantidad limitada de tiempo y debe elegir entre una serie de alternativas de usos posibles. La presión no elimina la posibilidad de la libertad, la hace más urgente.

Los individuos podemos creer que hay hoy en día una diferencia fundamental en relación con la vivencia del tiempo, pero nos equivocamos. El espacio para la realización personal siempre es escaso y difícil de vivir, y así como entrega riquezas (no necesariamente monetarias) y satisfacciones, trae sacrificios y esfuerzos.

La idea de la libertad como puro placer y gratificación no se corresponde con el recorrido real que lleva a la libertad posible. El tiempo libre es la oportunidad de lograr un avance en el camino de las plenitudes disponibles, pero no una garantía ni una promesa.

 

 

 

 
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