Es la propia libertad la que está en juego
En principio, el tiempo libre parece ser el tiempo
fácil, el más fluido, ya que es por definición aquel en el que podemos
decidir qué hacer, en oposición al tiempo ocupado o de trabajo, en el
que estamos regidos por el deber y los compromisos. Sin embargo, vemos
que en el tiempo libre aparecen ciertos conflictos, pensamientos y sensaciones
difíciles de abordar.
La libertad en cuestión no es precisamente la del
tiempo, sino la propia. Aquel que es libre en el transcurrir del tiempo
(o tiene oportunidad de serlo) es uno mismo, el individuo que en el tiempo
del trabajo se siente postergado y que, pese a que haga un uso productivo
del tiempo, siente, con relación a lo profundo y personal, que lo pierde.
El problema del tiempo libre es el de la propia libertad, el que podríamos
formular con la pregunta: ¿qué quiero?
El tiempo libre es un tiempo privilegiado para la
experiencia de resolver esta cuestión poco sencilla, y así como nos entrega
una materia prima fundamental (los tan preciados momentos "vacíos"), nos
compromete en los vericuetos personales de nuestra búsqueda.
¿Quiero no hacer nada, descansar, estar tirado?;
¿quiero desarrollar esas otras facetas de mí que en el otro tiempo no
caben, descubrirme, cambiar?; ¿quiero quejarme de la suerte que me pesa,
profundizar mi desdicha o reaccionar?; ¿quiero adoptar nuevos compromisos
que me pesen, pero me salven de las dificultades de tener que saber o
aceptar lo que realmente quiero?
Porque al abordar la realización de esos deseos postergados
vemos lo que antes no veíamos: que es difícil, que desear algo no significa
que el proceso de lograrlo sea agradable ni sencillo, que la pregunta
suele quedar abierta y se abre en replanteos constantes: ¿querré realmente
esto que creo querer?
Sin garantías
En tiempos como los actuales, es decir, tiempos rigurosos,
esa libertad del tiempo libre se ve sometida a una serie de exigencias
y presiones que sin embargo no alteran el panorama fundamental: siempre
se trata del problema de una voluntad que dispone de una cantidad limitada
de tiempo y debe elegir entre una serie de alternativas de usos posibles.
La presión no elimina la posibilidad de la libertad, la hace más urgente.
Los individuos podemos creer que hay hoy en día una
diferencia fundamental en relación con la vivencia del tiempo, pero nos
equivocamos. El espacio para la realización personal siempre es escaso
y difícil de vivir, y así como entrega riquezas (no necesariamente monetarias)
y satisfacciones, trae sacrificios y esfuerzos.
La idea de la libertad como puro placer y gratificación
no se corresponde con el recorrido real que lleva a la libertad posible.
El tiempo libre es la oportunidad de lograr un avance en el camino de
las plenitudes disponibles, pero no una garantía ni una promesa.
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