Filosofía: una actividad particular del pensamiento
Si nos viéramos una vez más en la dificultad de tener que definir qué es la filosofía no haríamos mal en conformarnos con una descripción rápida y breve, como la que aparece al decir: una filosofía es una visión del mundo. O también podríamos adoptar el siguiente enfoque: la filosofía es un tipo de pensamiento, uno de los caminos que la cotidiana reflexión personal puede tomar si decide potenciar su alcance y desplegar todo su juego. ¿Cuáles serían sus características? Probemos con las siguientes:
- La filosofía es la más abarcativa de las miradas, aquella a la que le corresponde plantear los problemas a los que ninguna de las disciplinas particulares accede (me refiero a las que delimitan un campo de acción para su trabajo de investigación, como lo hacen la medicina, la física, la matemática, etc), problemas tales como el sentido de la vida, y el problema del sentido en general y en particular. (La palabra sentido resulta siempre intimidante, pero aceptemos la idea de Deleuze, para el cual sentido es la fuerza que está detrás o en la base de algo, lo que también podríamos pensar –tal como se lo hace en el tránsito al hablar del sentido de la circulación en una calle- como una dirección). Las otras disciplinas de conocimiento son consistentes en sí mismas y por supuesto valiosas, pero no saben de sí, parten de ciertos supuestos y trabajan con ellos. Cuando intentan desplegar el problema del sentido y validez de sus supuestos fundamentales, una disciplina de conocimiento se pone fuera de su campo de trabajo y se vuelve filosófica. Lo mismo pasa con una vida cuando intenta replantearse sus puntos de partida antes incuestionados. La filosofía está entremezclada así con todos los campos de acción humanos. La especulación, el balbuceo, el juego de pensamiento que se da cuando se intentan definir esos problemas indefinibles, eso es la filosofía. Por lo tanto:
- Como disciplina, la filosofía es más bien una indisciplina. Esto quiere decir que no puede ajustarse su programa a un campo definido ni a reglas o leyes que deba obedecer. Su ley es la libertad; como campo de pensamiento es el que permite los más grandes movimientos de juego y búsqueda. Desde su libertad actúa como un desafío a todos los demás campos de conocimiento, afectándolos, y también a los deseos o líneas de acción que el sujeto acerque a un planteo de tipo filosófico. Porque no es sólo una acción que se relaciona con los “campos de saber”, como podríamos caracterizarla epistemológicamente (digamos en auxilio del lector normal que la epistemología es ese campo de reflexión que trabaja sobre las posibilidades del conocimiento, una especie de cosa sumamente ploma pero al parecer muy meritoria): la filosofía afecta fundamentalmente a la vida íntima del sujeto, representa la puesta en juego más decidida en el campo del pensamiento.
- La filosofía se despliega en el campo problemático de una conciencia individual, por más que desde ella o a través de ella pueda tratar e intentar resolver los problemas más abarcativos, como se dijo al principio. La filosofía posee inevitablemente una dimensión dramática y personal, es decir, está animada por un cuerpo y una pulsión que se proyecta sobre el mundo. Intentar plantear su juego más allá de esta determinación fundamental es un imposible, porque siempre que hay pensamiento hay cuerpo que piensa, y ese origen no puede eludirse ni aun en los campos de mayor abstracción o mayor desinterés aparente.
- Dada su libertad, la filosofía ha generado, para contenerse y limitarse, un campo de trabajo constantemente podado y transformado en un bonzai, la filosofía académica. En ella el impulso de libertad y atrevimiento que la caracteriza por naturaleza está atrofiado. Se estudia el pensamiento de los filósofos, se supone la existencia de problemas predeterminados para el pensamiento, se inhabilita la producción personal, se ejerce el estilo de la referencia constante y se idolatra a las figuras históricas como si se tratara de dioses. Así, la filosofía pasa a ser una especie de religión del pensamiento, altamente ritualizada, y pierde toda su frescura, su espontaneidad y su fuerza. Caracterizada como indisciplina, como pensamiento capaz de generalidad, y comprometido con una experiencia de búsqueda en libertad, la filosofía no es una tradición, es una acción presente, disponible para nosotros, cuyo ejercicio puede ser incentivado y utilizado.
El trabajo del docente de filosofía no debe ser entonces, a mi juicio, el de poner en contacto a los alumnos con la tradición de la filosofía sino más bien el de diseñar una experiencia que logre poner a estos en el lugar del filósofo. El filósofo es, para decirlo con total sencillez, el que mira el mundo y dice cómo son las cosas. Hay un paso de poder indispensable para que tal cosa pueda darse (también por eso la filosofía es una indisciplina), pensar no es estudiar, pensar es mirar y decir. “Búsqueda de todo lo problemático en el existir”, dice Nietzsche para caracterizarla, postulando con claridad la idea de que se trata en definitiva de una experiencia que se vive, y no de un campo de pura reflexión racionalizada y desgajada de los hechos de este mundo. |