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2006 - Diario Ciudadano (Mendoza)

Correo Basura

El correo basura o spam (cientos de mensajes de mensajes de correo electrónico que inundan nuestras casillas sin que sepamos de donde vienen) nos tiene hartos a todos los que tenemos una cuenta de correo electrónico y ya vamos acostumbrándonos a su existencia como a un precio que hay que pagar por usar un medio de comunicación tan maravilloso y eficaz. Algo a pensar en relación con el spam es cómo eliminarlo, o al menos disminuirlo, de qué forma inventar medios para que la progresiva inundación se limite. Pero hay otras cosas por pensar. Por ejemplo, el sentido de algunas de sus formas más frecuentes. Podemos interpretar el spam como si interpretáramos la mente colectiva, tomarlo como indicativo de ciertas tendencias o problemas o mecanismos generalizados en la vida de la gente, conjunto del que formamos, lógicamente, parte. Desde esta perspectiva, y dando apenas algunos pasos en un camino que podría resultar muy fértil si fuera tomado con dedicación, quiero mencionar algunas variables llamativas.

Hay una categoría a la que podríamos llamar “mails de gente buena”, y son aquellas cadenas que expresan preocupación por sonados casos humanos, en los que generalmente se pide ayuda para una buena causa. En ellas es visible una tendencia a hacerse cargo de cada forma del mal sobre la tierra, como si hubiera una necesidad de ser bueno a toda costa, en todas las circunstancias y de manera enfática. Es verdad que ciertas cadenas de este tipo tienen algún sentido, como las que convocan a algunas movilizaciones puntuales, o las que se refieren a un pedido relativamente concreto de ayuda. Pero la mayor parte son descabelladas, piden intervención en desgracias humanas que suceden a miles de kilómetros de distancia, en hechos de política internacional de enorme alcance y magnitud, y sobre las cuales cualquier persona sensata se da cuenta que enviar mails no constituye ningún medio real de influir en ellos. ¿Por qué será que muchas personas se satisfacen mandando mails sobre causas que tienen que ver con países de los que en verdad desconocen todo, sin querer darse cuenta de que su aporte no es en realidad un aporte objetivo? Esos mails sirven para sentirse bueno, para creer que uno es una persona especial, distinta de los demás, que trabaja por la conciencia planetaria, etc, y para tratar de sostener la idea de que las bellas intenciones son de por sí valiosas, cosa sobre la que cabe sensatamente expresar todo tipo de sospechas.

Hay otro tipo de cadenas que ponen a prueba la credibilidad. Esos mails en donde se cuenta que Microsoft está dando plata a cambio de cosas sin valor, como gigas de cualquier tipo de documentos, o en los que se pide a los receptores que reaccionen en contra de la posibilidad de que Hotmail cierre su servicio de correo o intente cobrarlo. A veces se trata de una empresa de teléfonos celulares que está regalando un modelo nuevo o de similares regalos fuera de toda lógica. Hay también mails que llegan desde un país africano, en las que el hijo de un rey, del que jamás nadie oyó hablar, nos pide ayuda para hacer una transferencia de dinero millonaria y de la cual  ofrece una parte tentadora. Todas estas variables son en el fondo un poco enternecedoras, ya que revelan la existencia de un gran porcentaje de personas excesivamente crédulas, dispuestas a confiar en fantasías y a darles estatuto de posibilidad. De todas maneras, más allá de la ternura, aparece también cierta indignación, ya que se les adivina el punto débil. Aquello que hace que uno deje de lado la sensatez es la promesa de un beneficio que no cuesta ningún esfuerzo. ¿Realmente puede alguien creer que puede obtener cosas valiosas sin hacer el esfuerzo de generarlas? Esa creencia en que la pasividad y la comodidad podrían ser redituables es lo que resulta un poco excesivo, es tan falta de realidad que parece que es necesario cultivar adrede una perspectiva un poco idiota para creerlo.

El caso más flagrante de esta obtención de beneficio sin esfuerzo es la de las cadenas que ofrecen la posibilidad de adelgazar durmiendo. Es casi el chiste perfecto. Hay gente que se mata haciendo régimen o haciendo ejercicio, pero estos productos aseguran el mismo rendimiento de manera mucho más sencilla. Adelgazar durmiendo es como hacer una carrera universitaria mientras te bañás  o ganar plata por tomar helados.

Por último, y sin ánimo de haber agotado este tema interminable, quiero mencionar la cadena que se aprovecha de la paranoia de los temerosos: Aumenta el tamaño del pene. Es cierto que hay un porcentaje de hombres que puede tener una dimensión mínima, pero la gran presencia de este tema en el spam es prueba de que hay muchos hombres inseguros que se persiguen con este tema que carece absolutamente de importancia. No va a faltar el hombre que diga que la tiene, porque ha sido beneficiado por la naturaleza y se cree privilegiado, o la mujer que confirme la creencia, como un modo de dominar a hombres desprevenidos. Lo cierto es que la importancia que se le dedica al tema es una proyección masculina y femenina conjugada de problemas sexuales que no tienen que ver con el tamaño de nada sino con la capacidad de entregarse al asunto.

 

 

 

 
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