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2006 - Diario Ciudadano (Mendoza)

Jóvenes y viejos

El joven suele creer que los que son viejos lo son por gusto, como si ser viejo fuera una elección, y además, por supuesto, una mala elección, absurda. La idea del “viejo tarado” tiene que ver aunque sea parcialmente con eso. El joven cree que el viejo elige ser viejo, y que es a partir de la idiotez de su elección que se vuelve ajado, deteriorado, débil. El joven parece creer por otro lado que su juventud es un mérito, que es ágil porque es piola, porque se le ocurrió, digamos. Que es joven porque es copado. Y que al viejo, pobre, se le metió en la cabeza ser viejo. Cuando uno crece entiende que se trata de otra cosa. Que el tiempo pasa para los cuerpos, para todos, y que nuestra brillantez inicial, al menos la de nuestra piel y nuestros músculos, va dando paso a otros estados no siempre tan luminosos.

La juventud es una cualidad de los seres, no una esencia. Es algo transitorio. Es el inicio del camino de la vida, el momento en el que se tiene la mayor cantidad de fuerza física y la menor cantidad de fuerza humana, diríamos, o de capacidad vital, o de sabiduría. Es decir, se trata de un momento en el que el cuerpo puede mucho pero el que no puede casi nada es uno. Podríamos pensar que ese exceso de fuerza está desaprovechado, pero en realidad el asunto tiene su lógica: ese desborde es el que permite que uno busque y pruebe todo lo que tiene que probar hasta llegar a saber, a conocer, a entender cómo se usa esa fuerza de manera de generar utilidad, sentido, felicidad, plenitud. Hay una enorme cantidad de fuerza, la necesaria como para poder dilapidarla, de manera de hacer las pruebas y cometer los errores necesarios para la constitución de un cierto conocimiento de las condiciones reales de la vida.

Así como a la juventud el viejo le parece un idiota, también es cierto que la idiotez es parte característica de cierto estado de juventud. Continuando con la idea expuesta podríamos decir la idiotez es parte del carácter exploratorio de la juventud, casi una virtud en su caso, ya que el no saber es el que alimenta y hace posible un camino de descubrimiento. Otra cosa es cuando en una persona mayor se da esa especie de falta de dirección o de inconsistencia, tal vez efecto de una vida que no ha sabido encontrar un rumbo, ni expresar un deseo, ni armar un sentido. La persona mayor ya tendría que haber descubierto un uso posible para su fuerza, alguna forma de volverla riqueza. Por más que tienda a justificarse como viejo piola al que se niega a madurar, creo que es más bien un crecimiento no logrado.

Conservarse joven puede querer decir entonces no haber sido capaz de madurar, seguir cometiendo a edades avanzadas los errores que tienen sentido en edades más tempranas pero que son ya más la expresión de un fracaso que un estado de gracia. Nuestro mundo suele tener lindas imágenes para caracterizar al inmaduro que “no se rinde”, que sigue viviendo en la ilusión, porque cree tal vez que la madurez es un momento de caída o pérdida de fuerza. No parece fácil captar que la madurez es por el contrario un momento de plenitud, de capacidad de juego y disfrute, de logro, de fuerza concentrada y aprovechada. La vida que no puede disfrutarse en la confusión de la juventud se vuelve plena y potente en una madurez bien lograda. Claro, para poder alcanzarla, como dijimos, la juventud tiene que explorar toda su confusión y vivirla sin ahorrarse conflictos.

Vivir bien es conservarse fuerte. Eso debe tener que ver con una especie de logro estructural, con llegar a armar un sentido para la vida en el que hay muchas cosas fijas (deseos, proyectos, gustos) y mucho movimiento en torno a esas cosas, mucha búsqueda que continúa. Con tener zonas fijas, decididas, definidas, y otras por las que el crecimiento continúa, encaminado, produciendo el tipo de variaciones y exploraciones ya propios de una vida que dio lugar a elecciones, decisiones, conquistas, y que acepta esas determinaciones con su destino querido.

Resumiendo: el joven busca en todas partes y encuentra con dificultad. A medida que crece empieza a acertar, se serena y aplica mejor la fuerza. Si cree encontrarlo todo, cierra la búsqueda, se apaga: una madurez prematura es una falsa madurez, más una estrategia de escape que un logro real. Si no encuentra nada no arma su vida: joven eterno, más que libre inmaduro, sin forma, pendiente. Hay que encontrar algo y seguir buscando, mejor dicho, encontrar algo que permita y den ganas de seguir buscando y aprovechando esa búsqueda para algo. Cada uno hace lo que puede, pero podemos estar de acuerdo en que se trata de mecanismos sutiles, personales, de equilibrios cambiantes y de capacidades en permanente estado de búsqueda.

 

 

 

 
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