Qué es ser periodista para mí
Hace un tiempo me pidieron que respondiera tal pregunta para publicar la respuesta en un site de internet que indagaba la versión que muchos profesionales del periodismo podían dar sobre el sentido de su trabajo. Nunca me sentí un periodista, pero en los hechos hago de tal (al menos en mi participación en el programa “Hora Clave” de Mariano Grondona por Canal 9), aunque en una versión libre y poco estricta del oficio, ya que trato de plantear perspectivas y problemas en torno a los temas de interés más que de ofrecer datos concretos que permitan conocerlos mejor. La respuesta que di en aquella ocasión es la que transcribo y desarrollo a continuación.
Ser periodista para mí es:
- buscar en un tema hasta encontrar el filón, liberar la energía que hace aparecer ideas y sentir el deseo imparable de decirlas,
- aceptar las asociaciones que los temas producen en mi pensamiento plagado de curiosidades y en búsqueda constante de satisfacción a través de lecturas varias y de navegación cotidiana en Internet,
- armar diálogo con muchísima gente que no conozco pero que está dándole vueltas a los mismos problemas que yo, porque compartimos una situación existencial a la que necesitamos responder para lograr un grado mayor de plenitud vital,
- llevar a la filosofía a un nivel de intercambio útil, sacarla de los problemas relativos a la esencia (es decir de la nada en la que hace la plancha) y ponerla a valer en torno a los temas y problemas que nos interesan, es decir, usar la capacidad de pensamiento para dar lugar a riqueza real y no a la impostura de la intelectualidad,
- vivir la excitación de intervenir en la discusión pública, siendo muchas veces portador de ideas raras, poco frecuentes, provocadoras de la discusión, y luego participar en esa discusión lo más libremente posible, interpelando con confianza y soltura a los protagonistas de la realidad nacional,
- quedarme con la sensación de que tal vez dije demasiado, que me puse excesivamente en evidencia y que más me hubiera valido ser más discreto y cuidar las conveniencias, pero volver siempre a repetir el gesto de autenticidad de decir lo que pienso y creo sin respeto por mi propio temor,
- preparar ideas, antes de ir a la televisión (a que me hagan una entrevista o a participar en los programas en los que trabajo), escribirlas y reescribirlas hasta lograr una serie de frases sencillas, interesantes, claras, directas,
- sentir la satisfacción de que otros se entusiasmen con las ideas que expreso, por haber logrado representar visiones compartidas.
- Ser filósofo tiene algo básico en común con ser periodista: la búsqueda de la realidad, de la verdad de los hechos. El periodista está pegado a esos hechos, pero sabe también lo elusivos que estos pueden resultar, y se plantea constantemente el tema de la perspectiva adecuada: de entre todas las versiones, ¿cuál representa más fielmente a los hechos? El filósofo, por su trabajo, mira la generalidad, la realidad en su conjunto, pero no escapa a la dificultad. De todas maneras no creo que, ni en un caso ni en el otro, sea imposible determinar una verdad, pero esta aparece cuando uno llega a decir lo que uno cree, lo que uno ve, lo que uno quiere, y no cuando se abstiene de expresar su diferencia.
- El periodismo no debería ser definido con estrictez (nada debería serlo), sino más bien usada su amplitud para hacer caber distintas versiones y para jugar con el movimiento de las distintas miradas y aplicaciones. Cada uno tiene que proyectar su forma de ser en su trabajo, cualquiera sea el trabajo, y más que apelar a una forma previamente definida tratar de encontrar la versión propia de las cosas.
Se puede pensar en una definición de cada profesión en función de la patología (la enfermedad) que lo determina. Para ser filósofo hay que estar un poco deprimido, tomar distancia de todo, ser escéptico respecto de cualquier cosa y escudarse en esa actitud para evitar tomar partido por algo. Para ser periodista hay que tener una debilidad básica, ocultar la posición propia en los hechos, cultivar el sentido común, tender a sobarle el lomo a la opinión pública. Si uno quiere hacer bien cualquiera de las dos cosas debe curarse, al menos un poco. Un filósofo tiene que aprender a estar contento, a querer la vida y a querer algo en la vida. Un periodista tiene que aprender a tener una visión propia, a superar la descripción de los hechos, o decidirse a aceptar que no hay definición de los hechos sin un querer respecto de ellos. |