Blumberg, la ideología y la política
Interpretar el acto de Blumberg como una expresión de la derecha es inadecuado. La idea de derecha es más una categoría vieja que vive en los ojos de muchos analistas que una fuerza representativa en la realidad de las cosas. El votante más común, el numéricamente significativo, va por otro lado, y es ajeno por completo a las cuestiones ideológicas que se debaten como asuntos principales en el submundo intelectual o en el escenario político. Si ese votante acompaña a Kirchner no es por la ideología sino por la marcha de la economía y si puede llegar a votar o a acompañar a Blumberg tampoco es por la ideología (Blumberg no dice una palabra en ese sentido) sino porque está pidiendo que el gobierno trabaje mejor y garantice la necesaria seguridad.
La tendencia a leer el caso Blumberg desde la perspectiva ideológica es hartante. Expresa una mezcla de mala fe, y desconocimiento de la realidad y da lugar a un esquema fundamentalmente ignorante y descaminado. Equivale a cultivar el prejuicio como opción básica para mirar el mundo.
El jueves 31 hubo dos actos. Uno en contra de la inseguridad, el de Blumberg, y otro a favor de la inseguridad, el de D´Elia / Perez Esquivel. Es gracioso decirlo así, pero entre los argumentos centrales del contra acto se aludía constantemente a la necesidad de no permitir la aplicación de la mano dura, cosa que en ningún momento aparece formulada por la convocatoria del acto principal. La moral que considera que los delincuentes deben ser protegidos, por más que pueda vestirse de humanitaria, produce en los hechos un deterioro general de la vida social, e incluso sume en la nada a los sectores más pobres de la población. Son posiciones que parecen enamoradas de la desesperación, hasta tal punto tienden a endiosarla y no pueden hacer nada frente a ella.
Una de las posibles interpretaciones para explicar por qué hay gente que está tan interesada en ideologizar el reclamo masivo que acompañó a Blumberg es la idea de que se trata, en muchos casos, de delincuentes, o de personas que están en situación de complicidad con estructuras delictivas. Muchos funcionarios de gobiernos anteriores han estado presos, o han padecido juicios severos. Es de esperar que las personas que hoy están en el gobierno se den cuenta de que muchos de ellos van necesariamente hacia ese destino, porque el sistema al que convalidan y que se abstienen de mejorar los coloca en situaciones peligrosas. Ojalá se asusten y aprendan a trabajar mejor, lleguen a una concepción de la política como servicio y se alejen de las versiones que la asemejan a un juego vacío de poder.
El tema de los derechos humanos, manipulado como lo hace la izquierda, se transforma en una expresión fascista. Esto no es nuevo, fue siempre así, desde el principio de la historia de la izquierda del S XX. El peronismo mismo tiene una familiaridad en su origen con el movimiento que encabezaba Musolini, y a lo largo de su historia ciertos elementos (el paternalismo, la centralización del poder, el militarismo, etc) continuaron –en versión latinoamericana- desplegando primeras semillas.
Otro tema: que Blumberg tenga ambiciones políticas, ¿desde qué punto de vista es algo criticable? ¿Acaso quienes esgrimen esa crítica lo hacen porque son personas puras, al margen de la lucha por el poder? La política es lucha por el poder, y Blumberg está inmerso en ella. Pero su posición es legítima y más valiosa que otras, porque busca impulsar una mejora en la gestión sobre un tema central. Tal vez no sea una persona demasiado preparada en ese tema, y no llegue nunca a ser un gestor eficaz. Su valor es el de encarnar un reclamo legítimo, y el de hacerlo con valentía y eficacia.
El problema no es luchar por el poder. En ciertos sentidos Kirchner parece ser a veces un militante del antikirchnerismo. Por las características de su personalidad, en donde muchos captan la presencia de cierta inestabilidad característica, da con mucha facilidad pasos en falso. Es una buena noticia: un líder aplastante que se equivoca es mejor que un líder aplastante y sin fisuras. Sugerencias para Kirchner, con todo respeto: sacar a D´Elia del gobierno. Recibir a Blumberg y tomar sus reclamos como acciones propias. Eso lograría, a la vez, que su popularidad no se viera amenazada y también que un tema que es importante pudiera ser mejor encarado. |