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2006 - Diario Ciudadano (Mendoza)

Decálogo para pensar la cultura actual

Cuando se habla de cultura parece que se está frente a uno de esos temas que se entienden como la oportunidad perfecta para hacer gala de escepticismo y para enunciar perspectivas de decadencia y empobrecimiento. Interpretar la situación de la cultura como una decepción y trazar cada vez un cuadro de catástrofe es repetir una costumbre cultural argentina y estéril: paladear el abismo. Esta actitud es más la causa de nuestra pobreza cultural que un factor de avance. ¿Cómo comprender la cultura para desplegar su vitalidad? Sugiero estas ideas para la discusión:

  1. La cultura es lo más valioso de una sociedad: lo que corona su existencia, lo que le permite formular sus estrategias de crecimiento, el refinamiento de su visión del mundo, la elaboración de la felicidad de sus miembros. En su cultura una sociedad expresa sus sentidos más propios, ella es su oportunidad para trabajar las formas nuevas que requiere su crecimiento.

  2. La pobreza material es creada por la pobreza cultural: nuestra producción de miseria es nuestro fracaso en la creación de una cultura vital. En vez de atarnos a una visión tradicional de la cultura se hace necesario reformularla para revertir la situación. La crisis cultural es la manifestación de una falta de vitalidad, y no de una falta de contacto con el pasado.

  3. Cultura es creatividad, no respeto. Atrevimiento y osadía, no repetición y rigor (mortis). Cultura no es venerar siempre a los mismos. Más que venerar es respirar y querer, vivir la vida propia con autenticidad y empuje. Cultura es abrirse al mundo desde el deseo y haciendo pie en el entusiasmo. Cultura es innovación y no insistencia en lo mismo.

  4. Internet es cultura: se lee menos, se escribe más, de otra forma, estamos comunicados y enlazados por nuestros intereses comunes. Los índices para comprender la cultura de cincuenta años atrás no pueden aplicarse hoy. Hay un mundo nuevo, con nuevas exigencias, nuevos valores y nuevas posibilidades. Cultura es comprender y aprovechar esta nueva circunstancia, no denigrarla volviendo la mirada a las posiciones clásicas.

  5. El pensamiento crítico inhibe la producción de cultura: hemos idolatrado la objeción, la distancia objetiva, la sospecha y la interpretación cínica. Esto genera la caída; no nos salva, nos hunde. La crítica es el colmo de una forma cultural que por suerte empieza a dejar de regir: se abren caminos de búsqueda e invención, de auto aceptación e intimidad, de osadía y redefiniciones. Fomentar la crítica es apagar la creatividad. Lo nuevo no surge de la conciencia crítica, surge de las ganas, del juego, de la inocencia.

  6. Cultura es pensamiento: mirar las cosas de nuevo, como por primera vez. no aferrarse a las mismas ideas de siempre para salvarse del mundo sino buscar ideas nuevas para quererlo y producirlo. Cultura es mirar la realidad con ojos propios, lo cual implica siempre una mirada nueva. Cultura es querer al mundo, no expresar desencanto. Pensar es una experiencia física y sensual, no un acto de conciencia sin relación con lo real.

  7. Cultura es mercado. Productos, consumo, inversión, ambición, ganancia, deseo de más hecho arte. Pelearse con la sociedad de consumo es ignorancia, cortedad, debilidad mental. Cultura es saber legitimar la experiencia del hombre en vez de sacarle siempre todo sustento. Cultura es servirse de las cosas, no trascenderlas hacia la nada.

  8. Cultura es arte de vivir. Lo que los españoles demuestran, el placer de pasearse y de ser, de quererse y destrabar los conflictos. No distanciarse de las cosas y sentirse superior, ser por el contrario capaz de quererlas más. Es necesario darle al sujeto mayores capacidades de trabajo con la diversidad: respetar la diferencia no es tanto hacerse el bueno con todos sino poner la propia verdad –la propia diferencia del deseo personal- sin temor sobre la mesa.
  9. Cultura es crecimiento político. Reformas -si reformas son necesarias-, oposición inteligente y no sólo partido hegemónico. Aceptación de los límites del mundo político y trabajo para sostener y mejorar las instituciones humanas. Valoración de lo político aunque no puedan producirse los logros máximos de la fase idealista (cultura es superar el idealismo hacia una realización concreta y probable).

  10. Actualizar los valores es fortalecer la cultura. Darse cuenta de que los valores no mueren sino que se transforman, aprender a ver que hay valores nuevos que son superiores a muchos de los valores perdidos. Los valores principales, valores de vida y renovación, deben expresarse sin reparos, sin temores, fortaleciendo la experiencia de una novedad que avanza más rápido que nuestra capacidad de comprenderla. Debemos ponernos a la altura de la situación.
 

 

 

 
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