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2006 - Diario Ciudadano (Mendoza)

Tres preguntas sobre proyectos

1. ¿Qué es un proyecto?

  • Un trabajo pensado desde antes, bajo la forma de un plan pautado, intencional y progresivo,
  • el desarrollo que lleva una idea a desplegarse hasta lograr claridad y la instrumentación del proceso de concretarla,
  • un deseo trabajado hasta impactar en la realidad,
  • un trabajo en el que uno es dueño y/o socio y tiene la iniciativa,
  • una oportunidad de desplegar fuerza, de madurarla, de ponerla en movimiento y hacerla más poderosa,
  • una ilusión y una exigencia,
  • un presente que lleva a un futuro querido,
  • un uso del tiempo a favor nuestro,
  • algo en dónde invertir cuidados y amor, que devuelve la inversión enriqueciendo tu realidad,
  • una forma de pasar en limpio las experiencias anteriores y seguir avanzando,
  • un camino para madurar, para encontrarse a sí mismo, para lograr lo que uno quiere,
  • una pauta para proponerse algo y buscar el camino para lograrlo,
  • una oportunidad para trabajar con otros, para meterse en mundos que te interesan, para que la vida sea más interesante, para tener más ganas de vivir, para vivir de la forma en que resulta interesante vivir,
  • un proceso esmerado que lleva a concretar un deseo, que hace de un sueño un logro.

2. ¿Cómo se hace un proyecto?

Hay que identificar un objetivo que sea valioso para uno, que tenga que ver con los intereses más personales.

Estratégicamente debe plantearse de manera tal que respete los deseos propios de la manera más precisa posible pero que también tenga en cuenta la realidad.

El proyecto debe negociar el deseo con la realidad, teniendo en cuenta a ambos y estableciendo entre estos factores una buena combinación.

El proyecto debe ser lo suficientemente osado como para despertar y promover el entusiasmo pero no tan imposible que ahogue ese entusiasmo en un camino de obstáculos infinitos o lo neutralice inmediatamente al no poder hacerlo avanzar en la realidad.

Un proyecto debe ser enunciado como un sueño atrevido, como una osadía posible, como un entusiasmo planificado.

Un proyecto se hace estableciendo objetivos, pasos, tiempos, colaboradores y recursos con claridad.

Un proyecto se hace perdiendo esa claridad y reencontrándola bajo una forma nueva. Teniendo la paciencia necesaria para perderse y para no interpretar ese estar perdido como definitivo. Teniendo la persistencia como para continuar actuando en la confusión. Aceptando claridades parciales cuando aparecen. Avanzando en lo posible. Trabajando con confianza.

Un proyecto se hace animándose a entusiasmarse y a proyectar ese entusiasmo en imágenes reales. Colocándose en posición de protagonista, sacudiéndose de encima la pasividad temerosa que parece sensatez y que es alimentada por el sentido común como la posición vital más correcta.

Un proyecto se hace descomponiéndolo en pasos, en tareas realizables, sucesiva o simultáneamente.

Un proyecto requiere que uno se ubique en un proceso temporal, que permite que el deseo y su objetivo se vayan traduciendo en acciones parciales, realizables. Pautando tiempos para ciertas tareas y cumpliéndolas, dando los pasos sucesivos sin quedar trabado en la aspiración de que cada paso sea perfecto.

Un proyecto se hace aceptando ayuda, buscándola con confianza, buscándola donde puede estar, localizando las personas capaces de darla. Evitando esperar que nos ayude quien no está dispuesto a hacerlo, aceptando que tal vez la ayuda está en dónde uno en principio no la hubiera buscado.

Un proyecto se hace aceptando que uno no es un genio, que sólo hace cosas excepcionales. Un proyecto se hace aceptando que uno no es tan idiota como podría parecer, que puede aspirar a mucho más de lo que ha logrado hasta el momento.

Un proyecto se hace entendiendo que la falta de dinero no es una pared infranqueable, que siempre hay un replanteo posible para avanzar, tal vez aceptando que se necesita más tiempo para llegar a cumplir con ciertos pasos. El principal obstáculo no es la falta de dinero sino la falta de ideas y de capacidad, y por ese camino siempre se puede estar avanzando.

Un proyecto se hace entendiendo que entre el deseo y su realización hay un trabajo, hay un precio que se paga en esfuerzos y esmeros, que no puede ser evitado, y aprendiendo a pagarlo paulatinamente, sin desesperar y sin abandonar.

3. ¿Cómo se elige un proyecto?

Un proyecto se elige “desde adentro”, es decir, haciendo pie en un deseo personal, en una aspiración íntima. El proyecto está cerca de uno, envuelto todavía en las cosas que nos gustan, aun no formulado pero ya sentido.

Podemos inspirarnos en los proyectos o en las realizaciones de otros. El proyecto nos permite transformar en camino activo lo que solemos disfrutar desde una posición pasiva. Somos clientes, oyentes, lectores, fans, seguidores de otros, y es bueno y agradable serlo. Al hacer un proyecto uno pasa a ocupar el lugar del que hace, no ya del que recibe.

Un proyecto se elige, se forma, se elabora, se arma, dándole tiempo al proceso de encontrar un objetivo seductor, vibrante, que nos excite y entusiasme. Puede generar también un poco –o mucho- miedo, pero todo lo que vale la pena siempre da miedo (lo que no quiere decir que todo lo que da miedo valga la pena).
 

 

 

 
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