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2006 - Diario Ciudadano (Mendoza)

Ideas de Tom Peters

Tom Peters es un gurú del management, un teórico exaltado y entusiasta que aborda problemas relativos a la situación laboral de nuestro presente, y que inmerso en tal convulsionado escenario empuja a sus lectores al crecimiento de manera estimulante y eficaz. Sus libros se venden en todas partes del mundo y ayudan a miles o probablemente millones de personas a dar la batalla por la creatividad, y el rediseño de todas las actividades humanas. A continuación, tres puntos fundamentales del pensamiento de Tom Peters, ejes básicos del programa que intuye necesario para desarrollarse en estos tiempos, tomados de su última obra, el hermoso y excitante libro “Re Imagina”:

1. No debemos eludir el fracaso sino buscarlo. No pretende que adoptemos el deseo de producir un fracaso adrede, la idea invita a valorar más la osadía de la experimentación que la seguridad. Como dice Peters en otro libro (su también sensacional “El proyecto 50”, que contiene 50 capítulos breves sobre proyectos), vale más tener en el currículum un par de fracasos importantes que un montón de éxitos mediocres. Es interesante lo que esta posición propone para la consideración de nuestros fracasos personales: en vez de castigarnos, culparnos o estancarnos por ellos deberíamos valorar el intento, mejorar la puntería, volver a tratar.

Esta posición permite desarrollar una visión de las cosas menos crítica y menos atada a la parte negativa. Aquello que uno intentó hacer y no funcionó es parte de lo que luego sí logró hacer funcionar. ¿Por qué castigar la ineficacia en vez de premiar la osadía?

2. La planificación no es tan importante. Dice Peters que es absurdo hacer, en el ritmo actual de cambio, planes a cinco años. Que con suerte podemos hacerlos a cinco semanas. Sí, podríamos objetarle la idea (todas sus ideas podríamos objetarlas, pero es más interesante aceptar el desafío que proponen), aunque debemos reconocer que tener una actitud laboral o personal capaz de poner énfasis en lo que sucede momento a momento es lo propio de una posición fluida y a la altura de los constantes cambios de nuestro modo de vida. El plan –si existe, y tal vez no es malo que exista- debe estar constantemente sometido a reconsideraciones y actualizaciones, y no dar lugar a una cerrazón obcecada. Es un buen consejo para los que nunca pudimos planificar mucho, porque nos reconcilia con nuestro aparente “desorden” y lo entiende como fluidez y vitalidad.

La planificación es importante, pero también lo es –si seguimos esta idea- poder alterar esos planes para dejar entrar en ellos lo que surge sin traumatizarse por hacerlo.

3. No a la calidad total. La obsesiva idea de que la actitud correcta es la de intentar hacer lo que uno sabe hacer en forma cada vez más perfecta, dice Peters, debe ser reemplazada por la búsqueda de nuevas prácticas, nuevas actitudes, nuevas formas, nuevos productos, nuevos servicios. No hacer mejor lo que uno ya hace, sino hacer otra cosa o hacer lo que uno hace de otra manera. La calidad total era un buen plan empresario para la vieja economía, sostiene, pero hoy en día es una actitud suicida. El cambio es tan rápido y tan extremo que debemos re diseñarlo todo. Cita a importantes figuras de la empresa que entendían la dinámica de este movimiento y tuvieron éxitos notables. También menciona ejemplos de cómo actitudes más conservadoras produjeron grandes fracasos. Este imperativo del cambio, esta moral de la constante transformación, da lugar a una posición de fuerza en nuestro mundo moderno.

Entendámoslo: no se trata de no hacer las cosas bien, pero sí de aplicar el pensamiento en el costado creativo en vez de volcarlo en el minucioso y obsesivo. Esta actitud permite ver el gran cuadro, imagen que se le escapa a quien vive en el detalle.
Y podríamos incluir un cuarto punto:

4. El imperativo de la destrucción. Esta idea prolonga la anterior, pero agrega un elemento fundamental. Cito: Cambia las reglas antes de que lo haga otro. Tiempo para hacerse cargo, tiempo para destruir. El orden antiguo está condenado. Marca una fecha de caducidad a cada unidad de negocio. Busca religiosamente clientes desconocidos y proveedores desconocidos, etc. Estas últimas frases provienen de un texto llamado “20 formas de autodestruirse”.

Sabiendo que estos planteos suelen despertar objeciones quiero hacer, antes de terminar, una aclaración. Sí, las ideas pueden objetarse, pero también pueden usarse. Las ideas son herramientas, objetos de pensamiento destinados a cumplir con cierta utilidad. Y como pasa con las herramientas concretas de un taller de carpintería, es un intento errado e ignorante el intentar aplicarlas a un uso indebido. Podemos criticar a un martillo porque no sirve para pulir madera, o podemos, enfrentados con él, ver para qué sirve. Más que buscar el punto en el que estas ideas fracasan (ninguna idea lo puede todo) considero correcto y enriquecedor ver para qué pueden servir. En lo personal, creo que son imágenes muy útiles para que podamos repensar nuestro trabajo. Cosa que todos –todos- necesitamos hacer.
 

 

 

 
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