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2006 - Diario Ciudadano (Mendoza)

¿Es bueno exigirse?

Cuando uno es chico cree que toda exigencia es negativa. ¿Te bañaste hoy, querido?, pregunta mamá y uno piensa que cuando la hipocresía del sistema de la globalización salvaje termine por colapsar por fin podrás ser plenamente libre y evitar la ducha.Es la visión en que la libertad se concibe, como diría Nietzsche, como el ser libre de algo. Uno se libera –o aspira a liberarse- de su familia, de su mujer, de su jefe, de su patrón. Pero hay un nivel más alto de libertad, y es la que Nietzsche describe como la libertad para. Liberarse de algo es abrir un espacio propio, espacio al que hay que llenar luego con una voluntad o un deseo. Creer que ser libre es que nadie te moleste, que no haya ya exigencia, es no ser capaz de este paso de madurez en que la la libertad se realiza. Ahora que sos dueño de tu espacio, de tu vida, ¿qué vas a hacer? ¿Qué querés hacer? La libertad debe ser usada para algo.

Cuando uno es chico, o joven, decía, entiende que toda exigencia es negativa. El paraíso es que te dejen tranquilo. Pero después uno madura y se da cuenta de que el problema no es la exigencia en sí, sino qué es lo que la exigencia pretende construir, o bien, en donde se deposita, cómo se expresa. Que los demás no son necesariamente una intromisión y una molestia, que pueden ser aliados o cómplices de los deseos y los logros. Y llegamos a tener a la exigencia como una aliada. Nos gusta y nos sirve plantearnos metas que pidan esfuerzos. Porque hemos logrado separar el esfuerzo del sacrificio.

Es un rasgo de la época. Antes era bueno hacer sacrificios. Supongamos alguien que dijera: cuando me casé me di cuenta de que no iba a ser feliz, pero había dado mi palabra y aquí estoy, hace 20 años que convivo con esta loca. Antes eso parecía valioso, hoy parece un despropósito. Hoy podemos hacer esfuerzos siempre y cuando sean pasos para lograr nuestra plenitud, nuestro crecimiento. Sí, claro que todas las relaciones amorosas viven problemas, pero si uno quiere estar con el otro tiene un motivo para enfrentar esos problemas y superarlos. Al final hay una gratificación, la intimidad compartida.

Esto también sirve para explicar uno de los recientes avances argentinos: no hay violencia política. Ya nadie quiere morir por la patria. Queremos un país que nos haga vivir, no uno que nos pida morir. No queremos un país que pida sacrificios, queremos un país que entusiasme.

Hay que aprender a pensar y a trabajar la exigencia. Bien puesta es un acicate, un desafío, algo excitante. Mal puesta es un acogotamiento insoportable. Cuando doy talleres de escritura intento limitar la exigencia natural de los que quieren escribir, que es la de querer, al sentarse, escribir algo genial, o por lo menos bueno. Esa exigencia paraliza la mano, inhibe la mente. Les pido en cambio que se hagan cargo de una exigencia de cantidad, no de calidad. Les pido que escriban mucho, que se derramen, que anoten, sin pensar. No importa lo que pongan, tienen que llenar cuadernos. Eso desarrolla la voz, el hábito, permite ir viviendo la escritura. Esa práctica hace que el pensamiento se desarrollle. La exigencia mal puesta (la búsqueda de la calidad antes de tiempo) paraliza, la exigencia bien puesta entusiasma.

Hay que tener cuidado con mantener, en medio de esta tensión del desafío de la exigencia, una actitud lo suficientemente distendida como para que la creatividad pueda tener lugar, como para que el bienestar de trabajar juntos no se debilite, como para que la fuerza personal, que aparece en el juego y en la liviandad del deseo, pueda manifestarse. La exigencia debe llevarnos a ser creativos, pero no –en lo posible- a perder la espalda o el cuello en un agarrotamiento insoportable. Conservarse liviano en contextos de gran desafío, ese sería el modelo al que creo tenemos que aspirar.

Conclusión: no se trata sólo de recuperar el perdido valor de la exigencia en un mundo en el que “ya nadie quiere hacer esfuerzos”. Se trata de entender que el sentido de la exigencia cambió, y que si bien sigue siendo cierto que se trata de una tensión creadora, útil, necesaria, su aplicación debe ser ajustada y pensada en mayor detalle.
 

 

 

 
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