Quiero agradecer, no sólo por lo evidente,
es decir, por la confianza que han puesto en mí, sino también
porque me han ofrecido la oportunidad de avanzar en el trabajo de dilucidar
un tema que tengo pendiente y que considero clave para mí.
No quiero asustarlos, pero soy un filósofo neo hippie. Denme un
momento y verán como esto tiene que ver con los desarrollos que
voy a proponerles sobre el tema que nos ocupa.
Como anticipo les cuento, y espero que no lo usen en mi contra, que en
mi tercer libro, Conciencia Rockera, escribí en la contratapa que
yo era un filósofo más formado por los Beatles que por Platón,
por Led Zeppelin que por Kant, por Police que por Hegel. Esta charla me
da la oportunidad de entender mejor qué quería decir eso
y la verdad es que me pone muy contento dar este paso.
Si hay o no un nuevo paradigma, es decir, una nueva visión del
mundo asociada al nacimiento de la cultura digital es algo que requiere
cierto paso del tiempo para saberse. Hoy en día podemos compartir
sensaciones y hacer especulaciones acerca de un cambio semejante. Si lo
diéramos por hecho, es decir, si describiéramos un nuevo
modo de vida enteramente distinto de los anteriores y dependiente del
surgimiento de la tecnología digital estaríamos guitarreando,
como suele o solía decirse.
Me resisto, y los invito a resistirse conmigo a la idea de que un cambio
cultural, cualquiera sea este, aun el sorprendente cambio que estamos
intentando pensar, pueda refundar la experiencia humana al punto de transformar
esencialmente al animal humano que somos. Hay que poner las cosas en el
contexto preciso y justo en el que deben estar: el hombre es producto
de una evolución natural que ha tomado miles de millones de años
y no puede pensarse en una mutación instantánea de lo que
es fundamental en él. Cuando los movimientos revolucionarios pretenden
dar lugar a un hombre nuevo están mostrando simplemente su ignorancia.
El hombre no puede transformarse en un abrir y cerrar de ojos, en un tiempo
histórico, ni puede tampoco darse esa transformación a partir
de la expresión de una u otra voluntad. La naturaleza es precisamente
un conjunto de realidades, determinaciones y leyes que no pueden modificarse.
Reconocer estos hechos, ponerlos en el centro de la escena, es decir,
en el lugar que les corresponde, no es echar un balde de agua fria sobre
las posibilidades de nuestras vidas ni sobre los cambios que estamos intentando
pensar hoy. Es reconocer un límite que por el contrario nos va
a hacer ganar precisión y alcance en nuestro pensamiento.
Prueba de que el inicio de la era de la información es en realidad
una experiencia de novedad relativa y no absoluta es que la red de redes,
internet, siendo el vehículo poderosísimo e innovador que
es de todas formas retoma y expresa las mismas fuerzas ya conocidas de
la experiencia humana. La sexualidad, siempre presente, siempre exultante
y vital, ha inundado sus caminos con una fuerza que haríamos mal
en censurar. La presencia de la pornografía en internet no es más
que la consecuencia lógica de la pulsión animal humana,
que no puede reformarse, que no nos convendría tampoco que se reformara,
que se expresa en cada oportunidad con toda la vehemencia y furor de que
nuestra especie está dotada. El mismo canto de los pájaros
es una música sexual, y sus fines básicos son procreativos,
¿por qué habríamos de dejar de lado esta fuerza elemental
de nuestro mundo? Por más nuevos que sean nuestros mundos culturales
son también siempre al mismo tiempo mundos viejos, o eternos, mundos
naturales que no pueden ir más allá de ciertas determinaciones
básicas.
Esperar que la era de la información nos ponga en un más
allá de las fuerzas naturales es algo peligroso, una limitación
a nuestras posibilidades de comprender y utilizar nuestros nuevos recursos.
Nada eliminará la lucha por el poder, que es la manifestación
básica de nuestra vitalidad, la respiración del mundo, ni
tampoco sería ni lógico ni sabio esperar que tal cosa sucediera.
Todo esto no debe sin embargo limitar nuestra capacidad de comprender
lo nuevo allí donde sí aparece, en las variaciones de la
experiencia humana, en sus costumbres y valores.
Hay un factor que es clave en la comprensión del cambio que la
era de la información aporta a la experiencia humana: su proveniencia
mixta.
Castells menciona dos elementos decisivos en el nacimiento de las nuevas
tecnologías. Cito:
“A pesar del papel decisivo de la financiación y los mercados
militares en el fomento de los primeros estadios de la industria electrónica
durante el período comprendido entre las décadas de 1940
y 1960, cabe relacionar el florecimiento tecnológico que tuvo lugar
a comienzos de la década de los setenta con la cultura de la libertad,
la innovación tecnológica y el espíritu emprendedor
que resultaron de la cultura de los campus universitarios de la década
de 1960”.
O sea: tenemos la presencia determinante del poder militar, en busca
constante de preeminencia y nuevas maneras de hacer uso efectivo de la
fuerza y tenemos también la expresión de otra fuerza cultural,
ligada a la libertad, es decir, a la ola que Los Beatles pusieron en movimiento,
al hippismo, al individualismo y a la concepción de la vida como
una experiencia por realizar y no como la confirmación de una norma
establecida.
Estos elementos “suaves” del florecimiento de la era de la
información son los menos frecuentemente pensados y comprendidos,
pero son de igual importancia que los elementos objetivos, fijos, científicos
del cambio.
Refuerzo la comprensión con una nueva cita de Castells: Lo importante
en este segundo elemento tiene lugar “No tanto en cuanto a su política,
ya que Silicon Valley era y es un sólido bastión del voto
conservador, y la mayoría de los innovadores fueron metapolíticos,
sino en cuanto a los valores sociales de ruptura con las pautas de conducta
establecidos, tanto en la sociedad en general como en el mundo empresarial”.
Dice Metapolítico. Yo diría a político. Es decir,
la frase que suele decirse “todo es política” solemos
comprenderla mal. No quiere decir que todos los actos de la vida concreta
tengan un sentido político y que su verdadera dimensión
está en una lectura política de cada cosa, sino que en su
misma carnalidad la existencia concreta es ya un acto con un sentido comprensible
en términos de la lucha por el poder. No hace falta una lectura
política del amor, por ejemplo, la frase por lo contrario lo desecha.
No sé si hay un nuevo paradigma, pero lo que sí creo que
hay es una nueva moral, o por lo menos, un cambio significativo en los
valores de la época. Este cambio está influenciado por las
nuevas tecnologías pero a la vez estas son expresión de
una búsqueda previa en este sentido. No tiene mayor importancia
determinar la precedencia, basta con ver clara la ligazón.
Solemos decir que los valores se han perdido: los perdidos somos en realidad
nosotros. Los valores son entidades vivas y están en constante
transformación. La época ha superado valores previos, los
ha reformulado, ajustado, vivido de acuerdo a un avance espiritual que
no por relativo deja de tener importancia.
Para dar a entender esta transformación quiero mencionar a Winnicott,
psicoanalista inglés. Nos dice: dada la enorme mejoría en
la crianza que hemos vivido en las últimas décadas hoy en
día la adolescencia es un período más tumultuoso
y difícil. Los chicos ya no aceptan cualquier respuesta. Acostumbrados
a la autenticidad, entrenada su sensibilidad en un estilo de confianza
y verdad, no aceptan nada que no sea la búsqueda de sí mismos.
Esa busqueda, sin embargo, es cruenta. La adolescencia es un período
diíficil. Hay que sobrevivirla. Los padres nada pueden hacer, excepto
ellos mismos mantenerse plenos en su ser, resistiendo el embate de sus
hijos, dándoles en esa sobrevivencia adulta un factor clave de
entereza que colabora con la supervivencia y crecimiento del adolescente.
Internet equivale de alguna manera a la exploración de esa libertad.
O es su consecuencia. La década del 60, el amor libre, la experimentación
con drogas, podría ser considerada un prototipo carnal de lo que
luego se realiza virtualmente con la aparición de las tecnologías
adecuadas.
Mi amigo Luis Alberto Spinetta siempre me dijo, desde hace más
o menos 20 años, que muchos de los grandes aportes científicos
debían haber sido hecho por personas que tomaron ácido y
escucharon a Jimi Hendrix y luego con ese potencial conquistado de creatividad
y osadía se dieron a un trabajo serio de búsqueda de verdades
objetivas.
Porque la era de la información no es un mero proceso de conocimiento:
es ciencia más deseo, más ganas de vivir.
Los valores de esta era podrían ser representados con la serie
siguiente: intimidad, comunicación, fluidez, excitación,
entusiasmo, individualidad, amor, originalidad, creatividad, novedad,
autenticidad.
Esos valores frustran por suerte la acumulación de resentimiento
que es necesario amasar para hacer una revolución. Este desinterés
por la política que los políticos lamentan debe ser leído
como una de las conscuencias saludables de la época, como una maduración:
hoy no se renuncia fácil a la propia vida, cada uno quiere ser
quien es, ser lo más posible y no morir por buenas causas. La era
de la información expresa esta actitud: quiero causas por las que
vivir, no causas que pidan mi muerte sino causas que pidan mi vida, que
la eleven, que la hagan más plena.
Quiero definir para uds el neo hippismo: el neo hippie es un hippie que
no se siente enemigo del sistema, que no cree que su vida auténtica
e informal deba realizarse al margen o en oposición a la sociedad
de consumo o al capitalismo, sino que se comprende o se vive a sí
mismo como un renovador o aportador a ese sistema. El sistema mismo es
el que le da la oportunidad de dar el paso de la búsqueda de sí
mismo.
La era de la información es ella misma neo hippie, porque ofrece
innumerables vías de autoconocimiento y autorrealización
para quien quiera tomarlas, dentro del sistema, como parte del mismo.
El individuo que tome el desafío, que lo acepte, además,
termina aportando su diferencia y su autenticidad al conjunto global.
Creo que estoy describiendo internet, la red de redes, la sociedad del
conocimiento, es decir, de la diversidad y la diferencia y la multívoca
expresión del sentido de las vidas en su multiplicidad.
Puede parecer un poco fuera de lugar hablar de hippismo o neo hippismo
en el contexto de un mundo empresario de tan alto nivel, pero me parece
que la empresa actual intenta constantemente incorporar los factores a
los que quiero aludir con esta palabra, en sus nuevos estilos de liderazgo,
en su avidez por la creatividad, en el tipo de relación emotiva
que busca plantear con sus clientes al comunicar sus marcas.
Quiero invitarlos a un ejercicio personal. Un ejericio neo hippie. Pese
a las diferentes edades que tenemos, cada uno de nosotros de todas maneras
reproduce la historia de este cambio cultural, hayamos o no escuchado
a los Beatles o a Led Zeppelin. Cada uno de nosotros tiene en sus gustos,
en su sensualidad de vivir, una versión de esta historia de cambio
y de reformulación novedosa de los factores esenciales. Cada uno
tiene una historia personal de los valores, una historia de transformación
de la perspectiva personal que es al mismo tiempo la transformación
de la historia que estamos intentando pensar.
El ejercicio que les pido es el de tomar muy en serio, muy en cuenta,
esa historia íntima, como clave de estos procesos objetivos. Tomar
en cuenta la historia personal y observarla y paladearla como una línea
propia de este crecimiento compartido.
Muchas gracias. |