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1993 "Conciencia rockera. La experiencia del mundo".
Ensayo. Buenos Aires, Ediciones de la Flor.

Conciencia rockera - Click para ampliar

 

Este libro está compuesto por 29 teorías agrupadas en distintos ciclos sobre temas muy diversos: Teoría de los comedores de uñas, Teoría del ser, Teoría del teléfono, Teoría de la televisión, Teoría de la crítica, Teoría del cuerpo, Teoría del cielo, Teoría del pensamiento, Teoría del fin, etc. La serie incluye también un ensayo sobre el pensamiento en el rock llamado "Conciencia Rockera". Es una vivencia rockera, informal y experimental del pensamiento y la filosofía.

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Fragmento de "Teoría de la escritura":

No importa qué escribo, importa que escriba. La escritura es una búsqueda constante, de un tono, del desarrollo de la propia mirada, de ideas, de nuevas perspectivas de las cosas que pasan, de aclaraciones y de problemas. Una práctica constante con la que me esfuerzo por expresar lo que se envuelve en nebulosas, las formas del caos. Un trabajo, una militancia, un sacerdocio, un esfuerzo, un placer, un desarrollo con el cual hay que convivir y al que hay que abordar de distintas maneras.

La escritura arma una experiencia que tiene un cierto carácter místico, ya que se trata de captar algo que está en nosotros pero que nos resulta inaccesible. Qué mezcla particular de participación y lejanía simultáneas debe darse para que la experiencia se produzca es difícil de determinar, y también difícil de vivir. Poner las palabras, pero no intervenir demasiado, estar y no estar, aceptar lo que viene como si fuera de otro pero saber que ese otro es también uno mismo. Es algo que tiene que ver con el fluir automático de la escritura y con la conciencia, y con el punto en el cual ese fluir deja paso a lo necesario sin que la consciencia se retire.

Tengo la certeza de que las dificultades que presenta la escritura se resuelven en la abundancia del ejercicio de la escritura. ¿Abundancia? ¿No se trataría más bien de escribir en el momento justo, de aceptar ese "a veces" que señala la necesidad del texto a través de las ganas de escribirlo? Creo más bien que en ese forzarse a sí mismo al ejercicio de la escritura hay una ganancia, que en ella se propone un medio para la elaboración y que su aceptación decidida y abundante, más allá de las ganas, es parte importante de esa elaboración.

La escritura es una fuerza centrífuga, porque en su abundancia es vertiginosa y tira para afuera. Debería terminar por desenredar la madeja del interior a la que no es posible abordar sino a través de una mediación. La escritura es el intermediario centrífugo.

¿Se puede hablar de interior y exterior? ¿Podemos determinar algo que sea interno y algo que sea externo en nosotros? ¿Se puede pensar así? Sirve para determinar cuál es el sentido de la escritura, que tiene el carácter de ser una circulación en el interior o desde el interior hacia el exterior. En esa quietud ensimismada en la que salen las palabras, ¿el adentro se expresa o se crea a sí mismo?

Yo lo sentía con el clima, cuando era chico. El interior es la lluvia, el gris y la tristeza, estar en la ventana, un exterior no habitable, no caminable. El interior es la casa de uno, su cuarto, su cuerpo. Los pensamientos íntimos, esos que nadie sabe porque uno no se anima a decir, lo que no se comparte. En la lluvia el interior está exteriorizado, ¿la lluvia es la escritura de la naturaleza? ¿Las gotas son letras, arrojadas como prosa desde el cielo?

El mito de hacer llover, en realidad, lo que quiere es lograr la proyección de lo interior en una forma exterior. ¿Y qué hacemos con esta certeza de que la clave de la interioridad es el dolor, la lluvia? En el interior el dolor liga con lo exterior, es la huella dejada por otro, su ausencia. El dolor es interior también porque se hereda. Imagino una unión en el dolor, ¿para su superación o como un club de socios? Si estás contento, ¿qué temer?

¿Dolor y alegría son los dos sentidos de la circulación del adentro y del afuera? El dolor va de afuera hacia adentro, interioriza, fija, retiene. La alegría va de adentro hacia fuera, manifiesta, pierde, abandona, evidencia. ¿Es la escritura entonces esencialmente una alegría del alma, un gasto del espíritu aun cuando trate una materia densa y triste, que pasa difícilmente por el tamiz de las palabras?

Es estrecha esta mirada que asocia dolor a interior y alegría a exterior. ¿Cómo se explica? Está un poco forzada, exagerada, pero es legítima y funciona, sirve como forma para ver.

 

Fragmento del ensayo "Conciencia Rockera"

Casi en su mismo punto de partida el rock nos hace elegir entre el pensamiento o la acción, entre la conciencia o la libertad. "Ah, basta de pensar" es el título de una canción de Spinetta, mientras que en otra, "Umbral", dice "estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando... " Según esta consideración todo lo bueno es espontáneo. La transformación expresiva que el rock propone parece empezar justo allí donde termina la conciencia, "esa abuela que regula al mundo". Para poder formar parte de lo natural de la vida, para poder hacer a nuestro cuerpo eco de esos flujos libres del universo hay, antes que nada, que acallar la conciencia, parar de pensar, ya no darle tantas vueltas a las cosas. Esta sensación está muy presente en el rock, pero como muchos otros de los aspectos que señalamos como rockeros, también están esparcida por todas partes. Cualquier porteño harto de su porteñez suscribiría esta crítica al pensamiento y estaría de acuerdo conque "hay que hacerse menos rollos".

Al mismo tiempo que el rock realiza esta denuncia del pensamiento, sin embargo, se entrega a él de muchas maneras distintas. Spinetta, que nos sirvió como ejemplo en el primer caso, vuelve a servirnos de ejemplo en el segundo. Nadie más pensador que él en sus reportajes, en su mirada del mundo, nadie mas entrelazador de su obra con experiencias de interpretación del mundo.

Es el rock entero el que busca también "abrirse la cabeza", que teoriza aunque llame a su teorizar delirio, que hace de su expresión musical algo totalmente trascendido por contenidos simbólicos, pensantes, que vuelve a su arte viva interpretación de la realidad. ¿Qué pasa entonces? ¿Cómo se explica esta doble vertiente que es posible verificar en todo el rock, por un lado rechazando al pensamiento y encontrando en él un límite para la experiencia de la vida y por otro acercándose a él y viviendo decididamente? ¿Es realmente el pensamiento un límite para la vida, una confusión que haríamos bien en evitar?

El punto es éste: la queja que el rock formula frente al pensamiento acusa, más que al pensamiento mismo, a un tipo de pensamiento y a una cierta situación de la conciencia. Con el límite que se le opone al pensamiento se responde a la obsesividad, a la ajenidad, y a la parálisis que supone para la experiencia un tipo de pensamiento, pero existe otro pensamiento posible, otra manera de ejercerlo, y una nueva conciencia se origina en este nuevo ejercicio. ¿Es este planteo acerca del pensamiento una muestra de la particular rebeldía del rock? ¿Qué quiere decir que el rock es rebelde?

Podríamos señalar como característica principal en la rebeldía rockera el plantearse en una forma distinta de la forma política habitual, donde la rebeldía suele encontrar su objeto expresado de manera social y distante. La del rock es una rebeldía que no quiere renunciar a su individualidad, que no se deja incluir en un conjunto que le quite este carácter particular de aventura personal y que, aún más, se rebela tanto contra el sistema como contra las maneras habituales de enfrentarse a él, a las que encuentra igualmente opresoras pese a su apariencia libertaria. Y esto modifica la rebeldía misma, que deja de ser el centro de su actitud.

En términos generales diríamos que es más la rebeldía de una aventura, por lo tanto personal y relativa, que la rebeldía de un proyecto coherente, organizado y común. Su rebeldía es en cierto modo ingenua y hippie. Se rebela desde el lugar de la individualidad y no desde el conjunto social: el rock es un movimiento que tiene como característica notable la de no constituirse jamás orgánicamente como tal y por eso no parece un movimiento.

Pero veámoslo desde otro punto de vista. Si tuviésemos que definir a la rebeldía de una manera general podríamos decir que ésta es la expresión de una fuerza disconforme que pide otro mundo. Y de esta definición básica podemos extraer las variantes, según esa fuerza haga hincapié en la disconformidad como forma pura y degenere en crítica autonomizada, o lo haga en el querer que la atraviesa, baje entonces las banderas y haga la experiencia del mundo. Tal vez en esta segunda posibilidad la rebeldía desaparezca como tal, esté disimulada en una positividad que busca su camino, pero es que ella encuentra en ese movimiento su forma más plena su realización.

Para ver esto es necesario que desarticulemos esa mirada que nos suele señalar a la rebeldía como un valor en sí misma, como si la única posición válida fuera la crítica y ésta fuera más valiosa mientras más extrema y pura lograra mostrarse. Lo interesante en la rebeldía es la aparición de una fuerza que quiere algo, pero si ese querer no supera la exaltación narcisista y autorreferente de la crítica constante, si no es capaz de volverse experiencia frente a un mundo que no es perfecto ni puede serlo, entonces deja manifestar un sentido valioso y sólo reproduce el sistema del desencanto y el escepticismo.

 

 

 
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