
En este libro se entremezclan capítulos narrativos
en los que se describen situaciones típicas de la vida secundaria
con capítulos en los que se intenta analizar y comprender lo que
sucede en los colegios, con otros capítulos en los que se presenta
una serie de propuestas concretas para que los estudiantes puedan
hacerle frente a algunos de los problemas más comunes vividos en
ese universo. Estos últimos capítulos son los que hacen del libro
un verdadero manual, y permiten a los estudiantes secundarios no
sólo sobrevivir al colegio sino también tomar iniciativas, pasar
a la acción. |
Fragmento del Capítulo Uno: Largada, de "Saquen una hoja":
1
No es fácil ir al colegio. No sólo no es fácil levantarse temprano para,
en contra de todos los deseos, salir de la cama, vestirse, agarrar las
carpetas y caminar por las calles hasta el enorme edificio. Tampoco es
fácil estar allí, prestar atención a las clases, soportar a los profesores,
concentrarse en cosas que no nos interesan. No es fácil ver todos los
días a las mismas personas, escuchar las mismas gracias de los compañeros,
prestarse a la comedia de la disciplina con los preceptores. Y es mucho
menos fácil estar estudiando sin saber muy bien para qué, ir convirtiéndose
en un adulto, en un hombre o una mujer, en un mundo en el que muchos de
los adultos tampoco parecen saber para qué están ni encuentran su lugar.
¿Hay que saber para qué se está en el mundo? ¿Se está para algo? ¿No
es mejor estar como si no se estuviera, pasar por la vida como una nube
pasa por el cielo del patio mientras dura el recreo? ¿Para qué tanto esforzarse
si al final...?
Tan insensato nos parece a veces el colegio... ¿qué pasaría si dejáramos
de ir? Estamos atrapados, no podemos vivir con él y tampoco sin él. De
no ir al colegio se nos cerrarían muchas puertas y al no tener siquiera
una mínima educación todo nos resultaría más difícil. ¿No podemos hacer
nada?
2
Este libro fue escrito por dos jóvenes que antes fueron mucho más jóvenes
y tuvieron que padecer la educación media. Este libro es varias cosas,
entre ellas un ajuste de cuentas, un pedir la palabra para decir algunas
cosas no dichas. Lástima no haber podido decirlas entonces, pero entonces
no veíamos con suficiente claridad, no sabíamos cómo hacerle frente al
colegio, estábamos sumergidos en el odio nuestro de cada día.
3
Este libro trata de dar pasos concretos para que:
La educación esté a nuestro servicio
y no más
nosotros al servicio de la educación.
¿Se puede hacer algo así? Imaginamos tu cara de incredulidad. Te parece
imposible conseguir tal cosa. Bueno, sí, es imposible que las aulas se
transformen en salas de ensayo y de grabación equipadas y el barcito en
una disco. Tampoco vas a lograr poner arcos en las puntas del patio para
organizar partidos todo el tiempo. Ni vas a conseguir que los preceptores
anden con una bandeja preguntándote qué querés tomar, o preocupándose
por ayudarte a disimular tus faltas. Mucho menos van a estar siguiéndote
sumisos, peleándose por lavarte las zapatillas. Pero da la impresión de
que si la cosa fuera así tampoco te educarías, ¿no?
"¿Y es necesario educarse? ¿Qué tengo que aprender?". El colegio debería
enseñarnos las cosas que una persona necesita aprender para vivir, proveernos
de los elementos necesarios para que la vida se nos haga más interesante
y fácil. Y no ponernos, como hacen ahora, un obstáculo inútil.
No es necesario esperar a que el presupuesto nacional de la educación
pública llegue a ser el que todos querríamos que fuese, ni es necesario
que el gobierno del país se replantee el sentido de la educación. Incluso
puede ser que nunca lo haga. Se apruebe o no se apruebe una u otra ley,
haga lo que haga el gobierno, hay otro campo de acción y es el lugar concreto
en el que estamos. Lo principal no ocurre en los ministerios sino en la
clase, en el momento en que nos sentamos a estudiar y no podemos hacerlo,
o en el momento en el que nos entendemos o no nos entendemos con los profesores.
Estamos demasiado acostumbrados a pensar en los problemas de forma general,
y así todo se vuelve imposible.
Si la educación es un problema
del GOBIERNO y del PAIS,
pareciera que
entonces sólo nos queda
esperar que alguien haga algo.
Pero si en vez de pensar en esos términos tan
GRANDILOCUENTES Y GENERALES
pensamos en
las clases a las que asistimos,
en la posibilidad de aprender algunas cosas útiles
y en nuestro colegio de todos los días,
entonces aparecen, como veremos
ALGUNAS ALTERNATIVAS
REALES E INTERESANTES.
4
El punto clave es sacarse de encima el vicio de la crítica, esa costumbre
nacional tan bien representada por el tango. Pareciera que la vida es
una mierda, que todo es al pedo y que en este país son todos unos hijos
de puta.
Lo cual es MENTIRA.
MENTIRA.
Esa actitud tan negativa no es la que ve realmente cómo son las cosas.
Esa actitud tan negativa es la que CREA y REFUERZA una realidad tan desastrosa,
sin interés y sin atractivos.
Por supuesto que hay cretinos y que hay problemas. Y muchos de ellos
graves. Pero eso sucede siempre en todo país, en toda realidad,
Y lo que hace que algo pueda cambiar no es
putear y putear
todo el día
sino
ABORDAR SITUACIONES CONCRETAS
Y TRATAR DE CAMBIARLAS.
5
Nuestras posibilidades creativas son inmensas. El colegio no las reconoce.
Tampoco las conoce. Tal vez ni siquiera las conocemos nosotros, porque
en vez de desplegarlas nos hemos contagiado el vicio adulto de la crítica,
ese vicio que parece inteligencia pero es profunda estupidez.
En cuanto sintonicemos con esas enormes posibilidades creativas, vamos
a ver mil maneras de conseguir lo que queremos.
Esa es una de las cosas buenas de ser joven, tener la posibilidad de
inventar. Porque para nosotros el mundo no está quieto y ya hecho, sino
que es un cambio constante que permite crear cosas nuevas. Todo esto va
a poder conseguirse
si dejamos de ser escépticos
y aprendemos a ser estrategas. |