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2003 "Bienvenidos a mi".
Novela. Buenos Aires, Editorial Sudamericana.

Bienvenidos a mi - Click para ampliar"Bienvenidos..." es una novela diario, un libro escrito al correr de la escritura que mira, cuenta y piensa el mundo cotidiano con arbitrariedad, humor y velocidad. Su ambiente es el de la intimidad, la del autor que conecta de manera directa e inmediata con la del lector. Se lee fácil, como se toma un vaso de agua. Hay quien entiende que esa facilidad es una objeción, para su autor es una bendición, prueba de logro y no de fracaso.

 

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Fragmento de "Bienvenidos a mi":

Jueves 22

Me gustaría ir a pedirle al tipo que está sentado en la mesa de allá que me deje levantar su notebook para ver cuánto pesa. No creo que se cope. Pesa dos mil pesos. Este cuaderno pesa dos pesos y la lapicera más, pero igual es algo accesible. ¿Se escribe mejor con una notebook que con una pluma fuente? La fuente de la escritura, esta tinta líquida que brota de la punta de metal con forma de pique, como un pene culto que su simiente de signos en geométricos renglones derramara. La notebook tiene fuente de potencia, capacidad tecnológica que suple al muscular brazo y puede tanto más que él. O puede otras cosas.

O sea que también los espermatozoides son letras, letras vivas que escriben una persona en el tiempo que pasa como pasa ese tren. Eso es de una letra de Spinetta. Pero es cierto que se pasa como pasa ese tren, porque avanzar en el tiempo es pasar las estaciones y no quedarse en ninguna, y porque hay un entusiasmo en la marcha traqueteante que genera espectación y nostalgia en el que mira desde la estación o el campo ese paso decidido del tren que avanza.

El tren es un objeto de la infancia, porque queda ligado a ese tiempo en el que tanto sorprende y tanto interesa su ser maquinaria transportante e inverosímil. Queda impregnado, en su tremenda fuerza, del sentir del chico que lo ve como un dios realizado, mucho más potente que un dios pensado. Hace falta una catedral, o al menos una capilla -una escenografía- para convencer al espíritu de la existencia de un dios. Son los muy incrédulos los que necesitan una catedral para conmoverse, y es esa conmoción la que produce la fe, la que necesita que algo sea firme para no bandearse en el vacío de la nada. Por eso los que fe no tenemos sentimos el intento de conmoción de la catedral como una experiencia de amor intenso por el mundo. De esa forma sentimos todas las cosas que los creyentes toman como manifestación de lo divino, pero lo nuestro no es la fe. Se ve además que los medievales eran como niños que armaban teatralidades. Yo jugaba en casa de José Sztrum usando los cortinados del living como un telón, y con él y sus dos hermanas hacíamos un programa de televisión, que no es lo mismo que una catedral, ya sé, pero se le conecta por la onda escenográfica.

He dado testimonio de mi problema, ya: esta prosa que supura de mí, hilando el mundo desde la línea infinita de mi lapicera. Un diario no es una novela, pero ¿qué es una novela? El que esté libre de dudas que arroje el primer capítulo. Un día no es un capítulo. Una idea no es un personaje. Pero no hay ideas sin personaje. O sin persona. ¿Toda persona puesta en texto es un personaje?

Una novela es algo que se lee fácil, que interesa, y eso necesariamente tiene personajes y trama, porque no puede el interés fijarse si no hay vida que viva en el texto. Sin personajes ni trama, ¿qué puede interesar? No nos hagamos los tan cultos como si pudiéramos prescindir de la existencia, porque no es cierto ni queda bien. Esta es una novela de ideas, una novela de días, una novela de mundo que pasa por mí y ya.

Lenin se robó uno de los mejores títulos posibles para un libro: ¿Qué hacer? Podría ser también el título de una guía de actividades para el fin de semana, pero él tenía otra cosa en mente, en esa mente guardada limpiamente por un cráneo sin pelo, porque para qué el pelo, burguesía del ser que lucirse quiere. Lo suyo era el proyecto que conmovió al mundo.

En este bar, ahora, se mezcla el ruido de un jet con la música suavizante. Música funcional, no música en sí, música vana, sino música que cumple su cometido, el de aplacar a las bestias financieras empresarias que acuden a este bar elegantón y choto. Ni música fusional, como la de las raves, que superan el artificial separarse de los seres que quieren preservarse pero al separarse mueren. También hay que prestarse un poco al desvarío natural.

Célula que no se comunica muere. Lo que parece algo así como "todo lo que está quieto se pinta y lo que se mueve se saluda", pero no es. Me lo dijo Leopoldo que se lo dijo una médica que se lo dijo un cuerpo. Algún cuerpo. O el cuerpo de un libro, o el cuerpo de un saber. Corpus dicen los estudiantus de letrus.

Pero la idea es buena, permite entender, sirve de guía: comunicarse, circular, intercambiar, derramarse, fluir, recibir, percibir, es vivir. Si no, morir. Y uno se encierra, muchas veces, por neurosis, y la neurosis tiene mucho de muerte, es una transa que hace la vida con la muerte para poder vivir. Vivir del todo no se puede, lo único que se consigue al querer hacerlo es morir del todo. O suspenderse, no vivir. Pero aceptar las muertes constantes es una puerta a las vidas posibles. Palabras que sólo deberían admitir el plural. Me voy a casa.

Ahora es de noche, el día me pasó por encima y estoy sentado en una mesita redonda, linda y chiquita y de color marrón claro, en el gigantesco Carrefour de Paseo Alcorta. Justo enfrente de mí la góndola del foil y del papel de aluminio, hermosos envases de colores. Un carrito llevado por una gorda tetona llena de culo tiene un asiento adosado, y en el asientito hay una beba rubia que me mira sin parar. Ahora la hermana mayor, otra gorda llena de piernas que le asoman bajo el jumper, le mueve las piernitas y al reírse se le ven unos dientes piantados. Pobre, es fea, aunque no parece afectada por eso. ¿Quién no va a estar afectado por ser feo? Hasta los lindos lo están, porque la fealdad es un vicio, un virus de la percepción que actúa desaprobando lo maravilloso del ser. ¿Y cuando el ser es realmente feo? Ahí falla la visión sagrada de la vida, arruga hasta el más hindú. ¿El Hindú Club es una asociación budista?

El Tarro Florine de un litro está en oferta, cuesta 3.90 No sé cuál es, porque está lleno de tarros. No sé cual es y sin embargo tal vez me hace falta y no me doy cuenta. Allá a lo lejos veo unos sacos colgando como si fueran personas suspendidas en el aire. Mi carrito me espera, paciente, con la caja de panzotis entreabierta. ¿Querrán salirse, escapar, buscarán advertirme de algo?

Y más acá, en la entrada entre dos góndolas, veo otra góndola más baja, con bols y ensaladeras blancas, amarillas, corales y verdes aguas. La verdad, son muy lindos tonos.

También veo, en la góndola de los rollos pero más allá, bolsas de compras. Qué lindos diseños tienen. Muy coloridos, unos juegos de rayas de distintos grosores llenos de encanto, traen un mundo. ¿Por qué serán tan lindas las bolsas de compras? ¿Quién será el que decide los diseños y los colores? Su influencia artística en la vida argentina es mucho más real e importante que la de los artistas plásticos. ¿Por qué los pintores se recluyen en el arte? ¿Por qué no ven el arte donde está, en vez de buscarlo lejos? Parece que para poder buscar uno tiene que sentir que las cosas están lejos, porque si están muy cerca no sabe qué hacer. Por lo mismo por lo que los escritores muchas veces rehuyen a su público, al lector. ¿Rehuyen o rehuímos? ¿No me incluyo por el pudor de decirme escritor o porque no quiero creer que también yo lo haga? Todos lo hacemos, porque ese es el punto de partida, la posición básica, desde la cual se aprende a escribir. Aprender a escribir es aprender a encontrarse con el cercano a través de un rodeo inmenso, de una difícil vuelta por el trazado y manejo de las palabras y las ideas. Este diario me lo tiene que dar, eso.

Oigo aullidos de una puerta. Es la que las chicas del bar abren y cierran al fondo de la barra. Es un fuelle que parece tanguero, tanto se lamenta de existir. Es el tango de la puerta vaivén, como el blues del sacacorcho. El lamento de los materiales que se quejan de ser. Les falta el aceite, como a las subjetividades tangueras, aceite para que la vida ande sin el esfuerzo rasposo de lo concreto. El blues también es una queja, como el tango, pero una queja más cachonda. Es la ventaja de los negros sobre los europeos resignados. Y trasplantados.

 

Viernes 23

Hoy son dos los que tienen notebooks, los dos en la misma mesa. Una es grande y la otra chiquita. Están juntas una al lado de la otra y los tipos también, sentados lado a lado y no enfrentados. Las máquinas deben ser amigas entre ellas, y se ven cuando sus dueños deciden.

El de la máquina chica es una mezcla de Harrison Ford con Steve Martin. El otro es más joven. Tienen una (dos) caras de serios que voltean. ¿Será por las máquinas?

Si me compro una temo que el peso sea una molestia excesiva. ¿Vienen con la cara esa, o es un opcional?

Qué confortable sería tener ruedas neumáticas como los autos. Las zapatillas con aire no son nada parecido. Si fuera una gaviota libre querría volar como el viento que arrastra la problemática.

Tiene que ser exceso y libertad, este diario. Después puedo limpiar la mitad, si quiero. Tiene que ser descuidado y abundante, como la vida misma.

 

Domingo 25

Ayer no pude escribir. Después de esa declaración de descuido y fluidez del otro día quedé seco, parece. Pero no. Tal vez uno de los que soy se asustó un poco, pero el otro respiro hondo y acá estamos todos.

Nada es casual, dice la señora que en la otra mesa hojea la revista Noticias. Antes le comentaba a uno de los dos hombres que están con ella, uno de los cuales debe ser el marido, que el cuerpo de Rodrigo había salido despedido quinientos metros afuera del vehículo en el momento del accidente. Falso. ¿Qué era, una bala, el tipo? ¿Tiene noción la señora de lo que son quinientos metros? ¿Alguna vez vio quinientos metros, no salió nunca a caminar? ¿Por qué siempre se dicen cosas así, sin sentido? La mente vive en un mundo de fábula, la mayor parte de nuestra mente colectiva es infantil. La madurez, la capacidad de ver y bancar la realidad es una conquista generalmente individual. Cuando sucede, rara vez, seamos realistas.

¿Qué quiero lograr con este texto? Nada. Quiero hacer un objeto de escritura. La novela esta es la aventura de lograr algo en donde la acción sea la de escribir. Quiero lograr no querer lograr nada, lo que no es fácil.

El platito tiene una servilleta con el dibujo de una diosa egipcia, la que da nombre a la confitería. El jarrito del café, ya vacío, está un poco inclinado, y frente a él, también sobre el platito, hay tres sobrecitos de edulcorante y tres de azúcar. El dibujito egipcio, en realidad no egipcio porque mira de frente con los brazos extendidos, también está en el jarrito, reducido. Dos gotas de café dejaron su huella a los costados de su cabeza. Debo haber puesto mi boca en la figura de esa diosa antigua, y recién ahora me doy cuenta, gracias a que escribo los detalles. Espero que no lo tome a mal. ¿Escribiendo los detalles de las cosas uno descubrirá siempre algo interesante, alguna de esas pistas ocultas que al revelarse iluminan lo que vivimos?

La escritura de un diario es como un filtro mágico por el que podemos hacer pasar el mundo para recuperarlo transformado, más verdadero, porque lo hemos unido con nuestra sensibilidad. ¿Y el plural? ¿Qué pasa, porque escribo en plural, me volví loco?

Hice un Flor de Loto que me va a servir como hoja de ruta para esta escritura. Un Flor de Loto es un ejercicio de creatividad que usan los japoneses y que permite explorar ordenadamente las posibilidades o variantes de algo. Es nada más que una sistematización de las conexiones pensables por uno, o por un grupo de trabajo. Su virtud es que ese mapa interno inconsciente e inexpresado se vuelca en un papel. Si uno hiciera dos o tres flores de loto por día y guardara los papeles en una carpetita, a esa carpetita le podría poner una etiqueta que dijera: Mi cerebro.

Flor de Loto no tiene nada que ver con Flor de Pelotudo, aunque sé que a muchos puede pasarles, como a mí, de sentir una inicial sospecha respecto de técnicas así. Casi podríamos instituir, como norma, que lo que despierta sospechas es porque propone una vía demasiado directa de acceso a lo que se suele querer encontrar más rebuscadamente. Si encontráramos tan rápidamente lo que estamos empeñados en conseguir tardando, ¿qué haríamos después? Habría que avanzar. Y por más que creamos que queremos hacerlo, lo cierto es que hay muchos costos que pagar para hacerlo. Mejor sentir que las técnicas de creatividad son estúpidas y que uno es más inteligente si se niega a usarlas. Lo mismo pasa con otros libros directos y claros, como La Antidieta, Tus zonas erróneas, etc. Heidegger o Virilio son más seguros, porque guitarrean hasta el infinito y podés estar seguro de que no vas a tener que vivir nada nuevo. Ahí está. Lo dije.

Cuento once servilletitas de la confitería puestas en mi mesa como parte del servicio. Un equipo de fútbol de deidades egipcias.

 

 

 
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