
El objetivo principal de este trabajo es volvernos
estimulantes interlocutores del pensamiento de la clase,
personas capaces de generar nuevas maneras de
enseñar (y aprender) el arte de pensar. Esta enseñanza es a la vez un aprendizaje: nos lanzamos a una actividad, no podemos asegurar que sepamos hacerlo, pero también sabemos que aguardar hasta estar seguros, sería esperar un tiempo imposible y que sólo la búsqueda de métodos y formas nuevas -y una considerable cantidad de éxitos y de fracasos- puede hacer que aparezcan los resultados que deseamos. El pensamiento es, así, un aliado fundamental para la transformación educativa. |
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Fragmento de "Pensar para hacer ":
A ver cómo hacemos
Este es un trabajo que busca reinventar la manera en la que se trabaja el pensamiento en los colegios secundarios. La finalidad es lograr que las clases de filosofía y de todas las materias afines (o sea todas) resulten estimulantes experiencias de pensamiento para los alumnos que acuden a ellas, que les resulten útiles, que les hagan vivir el poder extremo que hay en el uso de las ideas. ¿Es tan importante pensar, puede tener la filosofía o el pensamiento tanta importancia en la vida de un adolescente de hoy?
Podríamos encarar el tema diciendo que enseñar a pensar es la principal tarea de toda educación. Y que el espacio de la materia filosofía es una oportunidad única, si logramos hacer de él una invitación al pensamiento. Pero para lograrlo, paradójicamente, creo que el primer paso que debemos dar es olvidarnos de la filosofía, al menos de la imagen que solemos tener de ella. La filosofía no es importante, ella es sólo un medio, lo importante es convocar a la experiencia del pensamiento, vivir y enseñar a vivir el camino de una reflexión osada, comprometida, deseosa, afirmativa, creativa, feliz.
No tengamos temor de decir que no importa la filosofía, de proponer en cambio que lo que importa –y mucho- es el pensamiento, y que el sentido de este es producir un acercamiento y una manipulación efectiva de la realidad en la que estamos inmersos. Sí, es posible aclarar que la filosofía es un tipo de pensamiento, uno especialmente poderoso, pero incluso podríamos llegar más lejos, hasta proponer que lo valioso no es siquiera ese tipo especial de pensamiento, si no la vida que se busca y afirma a través de él.
¿Cualquier pensamiento cumple con esta función? No, hay formas de pensar que traban la experiencia, que nos vuelven más débiles, más torpes. Hay maneras de pensar que expresan una incapacidad de vivir y hay otras que por el contrario son valiosos recursos para el desarrollo de experiencias vitales interesantes y ricas, tanto personales como sociales. El pensamiento de una persona deprimida describe situaciones de encierro e impotencia (y lo hace de manera de justificar el quedar apegado a esas emociones limitantes, y a las ideas que de ellas surgen), el pensamiento de una persona activa ve un mundo lleno de posibilidades e intenta avanzar teniéndolas en cuenta, aprendiendo a tratar con ellas. El pensamiento –bien plantado- es una forma de vivir en plenitud, una oportunidad para elaborar lo que una vida necesita, una capacidad para crecer y poder, un aliado de nuestra realización.
El estudiante secundario, por su edad y por el período de formación que atraviesa, puede sacar mucha ventaja del uso del pensamiento. Necesita para eso que el docente sea capaz de algo más que hacerlo estudiar la historia del pensamiento filosófico, necesita sentir que el aula es un espacio de reflexión y de experiencia vivo, real, ligado a las preocupaciones inmediatas de su vida en crecimiento.
¿Cómo se hace? Eso es lo que tenemos que inventar, generando ideas, métodos, enfoques, estrategias. El objetivo principal de este trabajo es el de lograr volvernos estimulantes interlocutores del pensamiento de la clase, personas capaces de generar nuevas maneras de enseñar (y aprender) el arte de pensar. Y es importante subrayar la doble circulación de esta enseñanza que es a la vez un aprendizaje: tenemos que lanzarnos a una actividad que no podemos asegurar que sepamos hacer bien, sabiendo que esperar hasta estar seguros sería esperar un tiempo imposible y que sólo la búsqueda de métodos y formas nuevas -y una considerable cantidad de éxitos y de fracasos- puede hacer que aparezcan los resultados que buscamos. |