Este
no es un libro sobre la existencia de dios. Hay muchos trabajos
que discuten los argumentos a favor y en contra de la religión,
a favor y en contra del ateísmo, tratando de lograr una conclusión
sobre el tema. Este libro pretende abordar los problemas que surgen
en la crianza cuando los padres son ateos (no porque surjan más
problemas que en la crianza religiosa, sino porque se trata de problemas
distintos), es decir, este trabajo tiene como presupuesto y punto
de partida la perspectiva de dos personas que no creen en dios,
o de manera aun más clara y terminante, saben que dios no
existe. O, para decirlo de otra manera, que su existencia es ideal,
es decir, que dios es una idea que tienen muchas personas pero de
ninguna manera una existencia plena, dotada de realidad y poder.
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Fragmento
de "Hijos sin dios":
PARTE UNO
UNO - Ximena
Pensar la crianza desde una perspectiva atea nos
da la posibilidad de transmitir un estilo de crianza con el que
nos sentimos muy comprometidos. ¿Somos ateos? Sí.
Nuestros hijos no están bautizados, ni circuncisos, no les
hablamos de dios. No nos apoyamos en ninguna creencia religiosa
para transmitirles el sentido de la vida. Al contrario, creemos
que la vida merece ser vivida de la mejor manera mas allá
de cualquier idea de trascendencia, que no es necesario ningún
más allá para que este más acá sea pleno
y valioso, e incluso lo contrario, que el más allá
arruina un poco al más acá imponiéndole sentidos
que no queremos ni necesitamos. En la crianza sobre todo, lo único
que trasciende es el amor que uno haya podido dar.
¿Viste que en general la palabra ateísmo
suena muy fuerte? La gente se queda un poco descolocada cuando le
contamos que la pregunta que hace de eje de este libro es: ¿cómo
criar hijos ateos? Sacando los que sin dudarlo se sienten declaradamente
ateos, a quienes les encanta la idea. Da la sensación de
que dudar de la existencia de dios, o no sentirse ligado a ninguna
religión fuera algo que no está bien. ¿Te das
cuenta hasta qué punto la sociedad está tomada por
la tradición religiosa? Incluso personas que no viven como
creyentes, al contrario, que son bien ateos en sus decisiones existenciales,
igual se ponen incómodos con el término. También
están los que para evitar el ateismo acuden a alguna explicación
espiritual o new age de lo que los liga con la trascendencia o con
los dioses, a pesar de que no se sienten religiosos.
Es como si estuviera mal hablar de ateísmo,
como si fuera mala palabra. Hasta nos recomiendan que no la usemos
en nuestro libro, que busquemos otros términos, una forma
de decir lo mismo de otra manera. Otra opción son los que
empiezan a hacer etimología de la palabra, apelan a la filosofía
del término, hacen distinciones con el agnosticismo, etc.
De repente, con muchas de estas personas, nos ponemos a conversar
del tema y estamos de acuerdo, solo que algunos nos decimos ateos
y muchos no toleran bien la palabra. La verdad es que me gustaría
que mi forma de pensar la crianza se pudiera transmitir mas allá
de si la llamamos atea o no. Nuestra visión del tema está
influida por un estilo ateo de vivir, pero también creo que
a muchos que no se dicen ateos les puede interesar y servir esta
propuesta. Nunca definí como ateo al tipo de crianza que
quiero para mis hijos, pero pensándolo me doy cuenta de que
lo es, y de que esta no es una característica menor. La propuesta
sería que hablar de crianza atea sea una excusa para pensar
y sentir una forma propia de estar con nuestros hijos, ¿te
parece que tiene sentido?
¿Por qué no disimular el ateísmo?
Porque los chicos necesitan verdades, que los padres
pongan en palabras lo que les pasa, lo que piensan, lo que sienten.
Los chicos son muy perceptivos porque están en un estado
virgen de sentidos, todavía no tienen esquemas construidos,
son como un campo vacío con el terreno más fértil
para ser sembrado, captan mucho más de lo que nos damos cuenta.
Tienen todos los sentidos abiertos, en espera de desplegarse. Una
forma de no cerrarles la posibilidad de crecer conectados con su
intuición, con sus sentimientos, con sus deseos, es hablarles
claro. Por supuesto esto será acorde a la edad de cada niño,
no son las mismas respuestas las que se le dan a un nene de 3 que
a uno de 7 años, y también dependerá de la
sutileza de los padres. Pero lo que sí se puede siempre es
hablar claro y no evadir ni las preguntas ni las cuestiones que
a primera vista puedan resultar difíciles.
Es buenísima esa anécdota del nene
que le pregunta a su mamá por dios: "¿existe,
no existe, quién es, dónde está?". La
madre le responde un poco evasivamente "no se sabe si existe
o es una ilusión"…, etc. Su hijo un día
le dice, al volver de la escuela, "sos tonta vos mami, sos
la única mamá que no sabe nada de dios, las mamás
de mis amigos todas saben".
Criar hijos ateos quiere decir enseñarles
a creer en si mismos sobre todas las cosas. Habilitarles todas las
preguntas que quieran hacerse y las que quieran hacernos. Transmitirles
la sensación de que pueden confiar en sus decisiones solo
por el hecho de ser ellos quienes las toman. Criar hijos sin apelar
a dios quiere decir enseñarles a ser dueños de sus
actos, responsables de elegir cómo vivir, protagonistas de
su destino. Es querer ayudarlos a disfrutar de esta vida que tenemos
hoy, la que conocemos, sobre la que podemos accionar.
Entiendo por criar hijos ateos hacerme cargo de mi
estilo de crianza, sostener la convicción de que criar hijos
mostrándoles un mundo lleno de posibilidades va a conformar
una sociedad mas íntegra y comprometida. Que el camino es
ir enseñándoles que el crecimiento personal depende
de uno y que sólo si nos animamos a crecer en lo personal
va a haber crecimiento social verdadero. Encuentro en la crianza
un sentido tan vital, tan jugado al presente, al detalle, a esos
pequeños momentos decisivos que vivimos todo el tiempo los
que tenemos hijos chiquitos, que no me sale pensar en dios o en
la fe como horizonte necesario para todo este fenómeno. Al
contrario.
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